Roma da la solución
A veces hay males que vienen bien, que pueden hacerlo. Noches que dejan tantas preguntas en el arranque como respuestas a la conclusión. Como la del Madrid en Roma. Un partido en el Olímpico que mostró mil caras y una verdad: nadie es tan inmortal en Champions. Pero también un banco de soluciones y certezas que hicieron que la remontada en siete minutos de locura (del 3-1 en el 83′ al 3-4 en el 90′) no fuera casualidad, sino una rebeldía con causa. Decisiones para deshacer lo hecho que permiten a Mourinho salir de la que fue su casa con pleno en Champions (seis puntos). El peor Madrid como enseñanza para encontrar la mejor versión. En ocasiones los problemas iluminan caminos que la comodidad oculta.
El equipo madrileño volvió a dejar claro que siempre lucha hasta el final.

Y el arranque en Roma fue de lo más incómodo. Lo reconoció Mourinho, que se encontró un rival que le sorprendió (“hicieron cosas que no habían hecho hasta ahora”). Ante el que no tuvo respuesta en el primer tiempo con ese dibujo demasiado nuclear. Al que le faltaron directores en una orquesta con más solistas que chicos para el coro. El sacrificio de Güler (en el banquillo) se demostró un lujo inasumible a estas alturas, como lo es tener a dos armas como Espí y Endrick para servicios mínimos. El sostén de todo fue, una vez más, ese Valverde-Tchouameni que, al menos de momento, no sostiene. Y que, como ante el Villarreal, encontró la fuerza en su separación. Un puñado de cambios que lo cambiaron todo. Que impulsaron una remontada imposible... y puede que algo más.
Güler...
El principal cambio fue el de Arda. Por su ausencia, primero; por la importancia de su ingreso, después. Sin él faltó un lanzador para los amantes del galope, también para el balón parado. Pero en cuanto apareció, con 3-1 en el marcador, fue la cerilla, junto a Endrick, de la reacción. De su zurda brotó fútbol, eso que había estado escondido hasta entonces. Con poco más de media hora (entró en el 59′) fue el jugador con más ocasiones creadas (tres) y el que más centros intentó (ocho). Puso en la cabeza de Endrick el balón que Gollini despejó y Espí remachó, asistió de nuevo para el brasileño empatase e hizo lo propio con Rüdiger. Puso patas arriba Roma y se cargó de razones, una vez más (lleva un gol y cinco asistencias en 457 minutos), para dejar de ser el eslabón débil de la cadena.
... y Bernardo
Y de paso dejó claro que su coexistencia con Bernardo es posible. Que el Madrid suena mejor con futbolistas con pie. Para Mou, su compatriota es habitante de ese doble pivote que hasta ahora parece inamovible, pero cuando ha aparecido últimamente, a pesar de hacerlo con contador de gotas, ha mostrado estar para más. De haber sido titular en tres de los seis primeros partidos había pasado a jugar ocho minutos en los tres últimos. Curiosamente fueron en el derbi, cuya aparición fue un soplo que insufló algo de esperanza cuando casi toda estaba perdida (asistió a Rüdiger en el 2-1 final). En el Olímpico apenas erró un pase (12/13), se movió con soltura en el caos y aportó dinamismo a ese arreón final. Junto a Güler, dio sentido al Madrid.
Valverde y la eterna disyuntiva
En la víspera, Mourinho defendió que lo de Villarreal fue algo coyuntural. Un contexto particular donde le necesitó en banda. Un contexto que en Roma... se repitió. Y el Halcón pasó de un primer tiempo de puntillas a un segundo tramo más vocal. Más libertad, de nuevo, en el carril del dos. De no encontrarse cómodo en la sala de máquinas junto a Tchouameni, a volar. Como un lateral con presencia perenne en campo contrario. “Yo feliz de tener minutos, sea donde sea. Hoy disfruté mucho corriendo en banda”, sonrió tras la remontada. Nada del “no nací para jugar ahí” del pasado. No había salido del doble pivote y en dos noches consecutivas, cuando tintineaba la alarma, lo ha hecho. Porque funcionar, funciona.
Diomande ya está aquí
Como empieza a hacerlo Diomande. Ante el Villarreal abrió la lata del Madrid y la suya propia con el Madrid. Un peso menos encima para un futbolista que empieza a despegar. En el descanso, Mou le mandó a la izquierda para proteger a Vini y le alabó: “Wesley se acabó con Diomande”. Sus cuatro recuperaciones, cuatro interceptaciones y 12 duelos ganados (de 15) dibujan su compromiso. Pero sus seis regates completados (de siete), más que el resto del equipo junto (cinco), y cuatro faltas provocadas muestran que va a más. Que está saliendo del cascarón. Fue el más clarividente arriba y, como guinda, se apuntó, con su pase a Mbappé en el empate, su primera asistencia en Champions. Diomande ya está aquí... justo cuando Vinicius se va (cuatro partidos de sanción en Liga). Mal asunto para el brasileño.
Héroes en la recámara
Y si alguien está para más son Endrick y Espí. Apenas cuatro minutos había disputado el brasileño, contra el Elche. Mourinho le había pedido que se quedase, porque sería importante. Cuando llegó la oportunidad, lo fue. Entró en el 59′, para jugar en banda derecha. Y desde allí fue un huracán (dos regates, tres recuperaciones y una voluntad por desbordar incesante). Pero más aún cuando se acercó a zona de remate. Sus 174 centímetros no le impidieron elevarse sobre el resto para hacer el 3-3 de cabeza. Ni para sacar otro testarazo que cazaría para convertir en el 3-2 Carlos Espí. Cómo no.
Un día más en la oficina para el Tanque de Tavernes. Que convierte en gol casi todo lo que toca. Atento al rechace, mandó a la red su tercer tanto con el Madrid... ¡en 38 minutos! Y añadan cinco con la Sub-21. “Yo sólo trato de aprovechar cada oportunidad”, dice. Vaya si lo hace. En sus primeros 13 minutos en Champions tocó 10 balones y marcó un gol. Uno decisivo, como siempre, porque todas sus apariciones son en contextos límite (tanto de la victoria ante Espanyol y Elche sobre la bocina). Los está exprimiendo al máximo. “No es fácil rotar con un jugador como Mbappé, pero cuando ha tenido una oportunidad la ha aprovechado”, le concedió Mou, que agradeció, de paso, su fichaje: “Cuando se fue Gonzalo me pusieron tres nombres encima de la mesa. Uno era el de Espí y en el Madrid hicieron su trabajo muy bien”.
En la corrección hay virtud
Por último, Mourinho. Planteó muchos encuentros en la previa, pero ninguno fue el que terminó siendo. “Nos pasaron por encima en el primer tiempo”, “nos sorprendieron”, reconoció. Buscó ese vértigo arriba con Mbappé, Vinicius, Diomande y Bellingham juntos, con el inglés siendo más centrocampista de lo habitual y sin un lanzador. No funcionó y tras el descanso movió el árbol táctico. Añadió varitas al centro del campo y sacó de la ecuación a un Vini desacertado. La lectura inicial no fue acertada, la planteada en el tramo final sí. Corregir también es acertar y lo hizo a tiempo. Si Roma planteó varios problemas, de Roma salió con varias soluciones.
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