Midterms en EEUU: la batalla por el Congreso que marcará el rumbo de Donald Trump hasta 2028

Midterms en EEUU: la batalla por el Congreso que marcará el rumbo de Donald Trump hasta 2028

Las elecciones legislativas de mitad de mandato del próximo 3 de noviembre son decisivas. No es una afirmación original, pero tampoco falsa. Las midterms, en el argot estadounidense, son importantísimas siempre porque son parte esencial del proceso de checks & balances, de pesos y contrapesos, del sistema político estadounidense desde hace más de dos siglos.

A cada ciclo electoral presidencial le sigue un bofetón importante al presidente dos años después. Da igual si la economía va bien, mal o regular. Si ha habido guerras o crisis. El Ejecutivo, que teóricamente no se juega nada directamente, es castigado como parte de un proceso histórico de rendición de cuentas y equilibrios. Solo en tres midterms desde 1906 el partido del presidente ha ganado escaños. Los ciudadanos votan a gobernadores, congresistas, senadores, pero lo hacen con un ojo siempre puesto en la Casa Blanca. Ahora bien, dicho eso, estas elecciones son especialmente decisivas, y la razón, obviamente, es Donald Trump.

A estas alturas es indiscutible que Trump es uno de los presidentes que más huella va a dejar en la historia del país. Una figura de enorme trascendencia, que marca una época, una era. A él le gustaría formar parte del panteón, junto a Washington, Lincoln, Roosevelt quizás. Ser inmortalizado en el Monte Rushmore. Pero más allá de su ego, la destrucción de las instituciones, el descrédito del cargo en sus seis años en el poder, sería absurdo negar la huella que ya ha dejado. Ha creado un estilo propio de hacer política que se ha expandido por todo el planeta. Un lenguaje, unos gestos, memes incluso. Su transformación está en marcha y pase lo que pase, los efectos de sus acciones y reacciones marcarán las próximas décadas. Y por eso, el resultado de las legislativas es aún más crítico.

435 escaños de la Cámara de Representantes y 35 del Senado

En estos comicios están en juego los 435 escaños de la Cámara de Representantes y 35 del Senado, algo más de un tercio porque habrá elecciones especiales para cubrir fallecimientos. También se eligen gobernadores y legislaturas estatales por todo el país. Pero, sobre todo, lo que está en juego es el control del Congreso y de los tiempos. Ver si los republicanos pierden la mayoría que tienen en ambas cámaras, o si los demócratas consiguen un sorpasso que hace poco parecía imposible. "Son las elecciones de mitad de mandato más trascendentales de la historia política estadounidense. La D mayúscula de Trump no es por Donald, sino por Drama", apunta la analista política Myra Adams, veterana de campañas republicanas.

Los dos primeros años de mandato han mostrado una apisonadora. Con las dos cámaras en manos republicanas, el Ejecutivo ha legislado, nombrado y presionado sin apenas fricción. Los jueces, los reguladores y los altos cargos han pasado por el Senado como un trámite casi automático, y el legislativo ha funcionado más como un sello que como un contrapeso. La oposición, por llamarla de alguna forma, fue inexistente en los primeros 12 meses y sólo empezó a lograr pequeñas victorias, en el caso Epstein o sobre Irán, a partir de entonces. En general, muchas declaraciones y entrevistas, dos manifestaciones grandes, indignación en redes y poco más, porque quien no controla ninguna palanca no puede convertir su discurso en hechos. En política lo que desgasta no es el poder, sino no tenerlo.

"En los 18 meses transcurridos desde el día de la investidura, el presidente Trump y su Administración han usurpado un poder ejecutivo sin precedentes para implementar políticas extremistas e impopulares. Ahora, para consolidar ese poder y eludir la rendición de cuentas, la Administración está llevando a cabo un esfuerzo inconstitucional para subvertir la voluntad de los votantes en las elecciones de mitad de mandato de noviembre de 2026. Durante décadas, los politólogos que estudian las democracias en declive en todo el mundo han identificado una táctica crucial utilizada por los aspirantes a autócratas: una vez que han desmantelado los controles y equilibrios tradicionales y han instrumentalizado al Gobierno contra sus supuestos enemigos políticos, proceden a perturbar y controlar las elecciones para asegurar que ellos y sus aliados permanezcan en el poder", avisa Michael Sozan, del Center for American Progress.

Los demócratas hicieron una apuesta muy arriesgada, forzados por un sistema político y de partidos que nada tiene que ver con el europeo. No hay un líder de la oposición ni nada que se le parezca, y por ese diseño es imposible que lo haya, al menos hasta las midterms. Si alguien osara lanzarse demasiado pronto sería arrollado, porque la cantidad de dinero necesaria para intentar rivalizar con el presidente es inasumible, inimaginable. Y porque nadie puede estar expuesto durante tanto tiempo. Así que el partido optó por la paciencia, esperar a que Trump se fuera quemando él sólo. Pensaban que sería la economía, los aranceles, su cruzada interior. Pero al final la guerra de Irán, el coste de gasolina y diésel, la inflación en general se han sumado a los infinitos escándalos diarios.

Por qué importa la mayoría del Congreso

Por eso importa tanto la mayoría en el Congreso ahora. Quien preside los comités decide qué se investiga, a quién se cita y qué llega al pleno. Y con eso, quizás el ciclo informativo y el debate en las tertulias. Quien controla la Cámara decide los presupuestos y puede paralizar lo que no le gusta. Y quien controla el Senado tiene en su mano la agenda del día en Washington. Ganar una sola cámara sería un freno real sobre el papel, pero ganar las dos permitiría a los demócratas poner el reloj a cero, forzar negociaciones, exponer la soledad de la Casa Blanca. O más bien, su debilidad, la del llamado pato cojo, un presidente saliente y que en muchos estados está haciendo mucho daño a las aspiraciones de los suyos por su afán de protagonismo.

La cuestión no es únicamente si los demócratas logran convertirse en un contrapeso institucional, sino si son capaces de reconstruirse como una verdadera oposición política. Una que dispute el relato, que plantee alternativas reconocibles y que obligue al Gobierno a estar a la defensiva, a salir de su zona de confort. Una oposición que no se limite a reaccionar ante cada nueva decisión de la Casa Blanca, sino que vuelva a tener la iniciativa, voz y capacidad de movilización.

Los republicanos tenían al empezar esta legislatura 220 de 435 escaños, así que perder solo tres bastaría para que los demócratas llegaran a 218. La media de las encuestas dice que deberían ganar bastantes más, pero quizás no al nivel que hubiera sido esperable con los bajísimos índices de popularidad del presidente. El número de contiendas realmente competitivas en la Cámara de Representantes se ha reducido en las últimas tres décadas, en parte por la brutal polarización, pero sobre todo por los avances en la ingeniería para la redistribución de los distritos o gerrymandering, que han convertido muchos escaños en bastiones demócratas o republicanos. Como resultado, los analistas parecen prever que solo entre 40 y 50 de los 435 escaños de la Cámara están realmente en el aire este año.

Hay consenso en que los demócratas recuperarían la Cámara Baja, pero quizás con una mayoría de entre 5 y 20 escaños, no con 41 escaños como a mitad del primer mandato de Trump. "Habrá una mayoría funcional, pero no una mayoría aplastante", asume en entrevistas y comentarios Bill Galston, ex asesor de Bill Clinton.

El Senado, difícil de mover

Pero el Senado es más difícil de mover. Los republicanos tienen una ventaja de 53 a 47 (aunque en realidad, uno de los independientes que se alinea con los demócratas es cuestionable), por lo que los progresistas necesitan una ganancia neta de al menos cuatro escaños. De los 35 escaños de la Cámara Alta que están en juego, 22 son republicanos y 13 demócratas. Así que son necesarias victorias en feudos complicados, algunos que no han escogido a un izquierdista desde 1932, con Franklin D. Roosevelt, o que Trump ganó en 2024 por más de 10 o 15 puntos.

La oposición sabe lo que está en juego, pero el Gobierno aún más. Trump dijo el pasado lunes, en un mitin, que probablemente él sería el último presidente republicano si sus rivales logran recuperar el Congreso. Aseguró que si lo hacen "añadirán unos 12 votos electorales más", "añadirán cuatro senadores más. Añadirán unos 10 congresistas más". "Van a manipular la Corte Suprema con la ayuda de muchísima gente", dijo afirmando que los demócratas quieren aumentar el número total de magistrados de la Corte Suprema desde los nueve actuales a 23. Son unas legislativas, pero el país sabe que esto va de poder. De los tres poderes.