PSG-Barça: de irreconciliables a compatibles
La relación entre PSG y Barça, protagonistas este martes de un escaparate increíble de fútbol en el Parque de los Príncipes, vive días de vino y rosas. Los dos se han convertido en socios inseparables en la European Football Clubs (EFC), la antigua ECA, a la que el club azulgrana ha vuelto abrazarse. Y Laporta y Al Khelaïfi, que habían estado años tirándose los platos a la cabeza, se reparten abrazos al punto de que, después del regreso del Barça a la órbita UEFA, se especula con la posibilidad de que Laporta alcance la vicepresidencia de la EFC con motivo de la Asamblea de la próxima temporada.
La relación entre Barça y PSG se terminó de dinamitar en la temporada 2016-17. Hasta entonces, se limitaba a que ambos clubes intentasen embaucar a algún jugador. Por ejemplo, el brasileño Marquinhos. En noviembre de 2016, sin embargo, el Barça anunció que acababa su relación con Qatar Airways como principal patrocinador y se abrazaba a Rakuten gracias a la amistad entre Gerard Piqué e Hiroshi Mikitani. Pese a que el presidente, Josep Maria Bartomeu, era heredero de Sandro Rosell, el artífice de la firma con el emirato, era consciente de que el socio azulgrana no estaba cómodo con la alianza y la rompió. A Qatar y, por extensión, al PSG, el fin de aquella relación no les sentó nada bien.
Casualidades de la vida, aquella temporada ambos clubes se enfrentaron en octavos de final. El PSG barrió al Barça en el Parque de los Príncipes (4-0), pero los azulgrana voltearon la eliminatoria en el Camp Nou, con el histórico 6-1. Al Khelaïfi acabó indignado con sus jugadores, pero también con el arbitraje de Aytekin: “El resultado debería haber sido distinto…”. Ya en verano, Mundo Deportivo salió con una portada (“La hora de Verratti”) pactada con el centrocampista italiano en Formentera, donde también veraneaba Bartomeu… Al Khelaïfi montó en cólera. Relacionó la portada con un movimiento del máximo dirigente azulgrana y no sólo no dejó salir al jugador. Le renovó y le exigió que despidiese a su representante, Donato di Campli, que para forzar su salida había declarado: “Verratti es un prisionero del emir”.
En silencio, el PSG preparaba una venganza dolorosísima. Poco después, y después de reuniones secretas en Sao Paulo y Mallorca con el padre de Neymar, pagó los 222 millones de la cláusula de rescisión de Ney. En ese momento, uno de los mejores jugadores del mundo sin discusión y, claramente, el sucesor de Messi en la institución azulgrana. Su marcha dejó devastado al Barcelona y anticipó la caída de un imperio en años posteriores.
La guerra fría continuó durante años, con episodios ‘menores’, como la marcha de Xavi Simmons, una de las grandes perlas de La Masia, al PSG. Era 2019. El conflicto se recrudeció en 2021. En plena campaña electoral del Barça, y cuando apenas era candidato, aunque favorito, a Laporta le llegó el runrún de que el PSG estaba moviéndose para fichar a Messi. Aprovechó para contraponer modelos (“nosotros somos de los socios y ellos son un club estado”) y se jactó de que Al Khelaïfi no podría fichar al argentino (“no sé si podrán hacer frente a eso porque me han dicho que generan muchas pérdidas”). Al Khelaïfi, mientras, contestó que el jugador terminaba su contrato en junio y que era libre de hablar con quien quisiera… Por los motivos que fueran, la cosa acabó con Messi en París.
Antes, Laporta y Al Khelaïfi se vieron en persona en el Parque de los Príncipes. Fue el primer viaje de Laporta en su segunda etapa como presidente del Barça. La tensión se podía masticar. En el ring de ese combate PSG-Barça estuvo hasta Lamine. En 2024, los parisinos amagaron con una oferta de 200 millones de euros. Nunca se supo si llegó de manera oficial al despacho de Laporta, pero el mismo presidente admitió que el interés le había llegado. Lógicamente, a través del súper agente de Lamine, Jorge Mendes.
Todo cambió hace poco más de un año. Joan Laporta se fue bajando, poco a poco, del tren de la Superliga. Y el 8 de octubre de 2025, se abrazó a Nasser Al Khelaïfi en la terraza del hotel Cavalieri de Roma. El presidente del Barça acudió como invitado a la cena gala de la EFC. Y allí se quedó. El apretón de manos fue definitivo y, desde entonces, los clubes se han esforzado por cultivar una buena relación. Incluso aunque haya habido jugadores de por medio.
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En enero de 2026, y en uno de los movimientos que más ha molestado a Hansi Flick desde que llegó al Barça, Dro Fernández, uno de sus ojitos derechos, llegó a un acuerdo para volar a París. En lugar de enfrentarse, Laporta y Al Khelaïfi pactaron que los parisinos pagarían una cantidad algo más alta por el traspaso (ocho millones en lugar de seis, que era la cláusula) para no escenificar ningún conflicto. En verano, sucedió algo parecido con Ferran Torres. Luis Enrique llamó al jugador, le trasladó su interés y el PSG pidió permiso al Barça para iniciar una negociación que se cerró en una cantidad cercana a los 50 millones de euros. Este martes, y como en Roma hace un año, Al Khelaïfi y Laporta se abrazarán en el palco del Parque de los Príncipes. PSG y Barça son grandes amigos.
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