De la Zona Cesarini a la Zona Varini
A los 94:30 del Levante-Sevilla, en un partido de LaLiga de hace una década, los jugadores ya estarían camino del vestuario. El lunes, el partido apenas entraba en su tramo decisivo: Isaac Romero, recién salido del banquillo, puso el 2-3 en ese instante, y aún quedaba tiempo para que Ifeanyi Ndukwe firmara el 3-3 en el 99:11, cuando un partido de entonces llevaría casi seis minutos terminado. Dos goles, un vuelco y un empate en un tiempo que antes no existía. Bienvenidos a la Zona Varini.
Las cifras de Stats Perform retratan un cambio de época. En las nueve temporadas anteriores al VAR, de 2009-10 a 2017-18, LaLiga registró 28 goles a partir del minuto 94 y solo ocho a partir del 95. Tres cursos terminaron sin ninguno. Desde 2018-19, la primera temporada con VAR, son 176 y 119. En las cinco últimas temporadas completas, los goles a partir del 95 rondan la veintena por curso, una jornada sí y otra no. Antes del VAR, uno de cada 338 goles del campeonato llegaba a partir del 94′. Hoy, uno de cada 46. La Zona Cesarini, que debe su nombre al gol con el que Renato Cesarini tumbó a Hungría en 1931 con el partido agonizando, se ha quedado pequeña. El último minuto ya no es el 90. A veces ni siquiera es el 100.
El apellido equivocado
Con partidos más largos, se multiplican las opciones para que lleguen goles en los últimos minutos. Según datos de Opta, antes del VAR las segundas partes duraban de media 48 minutos y 23 segundos, poco más de tres minutos de prolongación. En 2023-24 alcanzó los 51:17, más de seis minutos de añadido. El pitido final pasó de llegar, de media, hacia el 93:23 antes del VAR a hacerlo en el 96:17 en esa temporada. El minuto 94 ha dejado de ser una frontera para convertirse en tiempo de juego corriente.
El apellido, con todo, engaña: el VAR no explica por sí solo el salto. “No ha contribuido a que se juegue más, o a que se juegue menos. Ha contribuido a que el fútbol no sea tan dinámico porque hay más interrupciones, pero nada más”, sostiene Iturralde González, exárbitro y analista arbitral de AS y la Cadena SER. Las tres primeras temporadas con VAR dejaron cifras discretas: 11, 13 y 6 goles a partir del 94. La ruptura llegó en 2021-22. De un curso a otro, la segunda parte creció un minuto y 15 segundos, de 49:14 a 50:29, la mayor subida de toda la serie, y los goles tardíos se multiplicaron por cinco: de 6 a 30. El techo llegaría en 2023-24, con 36.
El salto tuvo un contexto. En septiembre de 2021, tras siete jornadas, ya se habían decidido 13 partidos en el tiempo añadido, el triple que la temporada anterior a esas alturas, en un contexto de mayor compensación arbitral por las pérdidas de tiempo. En febrero de 2022, el Comité Técnico de Árbitros cifró en un 29% el aumento del tiempo añadido medio, de 5:53 a 7:34 por partido. En agosto, su presidente, Luis Medina Cantalejo, anunció: “Esta temporada podremos llegar hasta los 15 minutos de tiempo añadido”. “No es que haya una instrucción concreta del año 21-22, sino que todos los años, desde todos los colectivos arbitrales, lo que se quiere dar es más viveza al juego, que no esté tanto tiempo parado, que se juegue más”, matiza Iturralde.
Más reloj, no más fútbol
Que los partidos terminen más tarde no significa que se juegue más. “Esto del tiempo añadido es una de las mayores mentiras que existen. El quid de la cuestión es cuánto tiempo efectivo de juego tienes”, sostiene Iturralde. Lo ilustra con dos partidos de la última jornada que recibieron el mismo descuento, dos minutos en la primera parte y seis en la segunda: el Alavés-Atlético de Madrid tuvo 62:59 de juego efectivo y el Real Sociedad-Deportivo, 56:59.
“Para ser justos, el descuento de la Real tenía que haber sido de doce minutos”, afirma. “Un equipo ha tenido seis minutos menos para poder marcar gol”. La prolongación persigue el tiempo perdido sin alcanzarlo nunca: “Con los descuentos no recuperas el tiempo efectivo, no acabas de recuperarlo, es imposible”. La paradoja del reloj se ha estirado sin devolver todo el fútbol que se perdió por el camino, y aun así le ha bastado para cambiar partidos y disparar las pulsaciones.
El VIP de la Zona Varini
Sería un fenómeno anecdótico si estos goles fueran ornamentales, pero no lo son. De los 176, 99 cambiaron el resultado final: 49 convirtieron un empate en victoria y 50, una derrota en empate. Son 148 puntos que sus equipos no tenían cuando el cronómetro pasó la frontera del 94′. Además, 71 de esos 99 goles llegaron a partir del 95, en el territorio que antes apenas se pisaba. La Zona Varini no amplía la emoción, reparte puntos. Y lo hace sobre todo desde los banquillos: los suplentes firmaron 93 de los 176 goles.
Ningún grande lo ha explotado como el Real Madrid. En las tres últimas temporadas completas ha ganado cinco partidos con goles a partir del 94; el último lo decidió Kylian Mbappé ante el Rayo Vallecano, en el 99:34. El Barcelona también marca tarde, pero sin rédito: los cinco puntos que ha sumado en ese tramo son los mismos que ha perdido. El rey del alargue es el Villarreal, con 17 goles y 15 puntos rescatados, aunque nadie ha sido tan rentable como Osasuna: cinco goles a partir del 94, cinco victorias.
El Valencia, segundo en goles con 13, los ha usado casi siempre para sobrevivir: solo dos le dieron un triunfo. El especialista es Alexander Sorloth, máximo goleador de la Zona Varini con cinco tantos, dos de ellos en Montjuïc y con camisetas distintas, la del Villarreal y la del Atlético de Madrid. El gol más tardío de la serie lo firmó Enes Ünal, que empató para el Getafe en Cádiz en el 105:15, más de un cuarto de hora después del 90.
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Este curso, nadie habita la Zona Varini como el Sevilla, implicado en cuatro de los siete goles marcados a partir del 94′. Ganó al Rayo en el 96:13 con un tanto de Peque Fernández, el Espanyol le arrebató la victoria en el 97:10 y ante el Levante pasó de ganar a empatar en menos de cinco minutos. No es una racha aislada: desde 2018-19 ha perdido 13 puntos en ese tramo, tantos como el Celta, y solo ha sumado cuatro. Es el peor balance de LaLiga. Y el fenómeno no remite: siete goles a partir del 94′ en 78 partidos apuntan a más de 30 al final del curso si se mantiene el ritmo. Cesarini dio nombre a la angustia del último minuto. La Zona Varini le ha añadido otra peor: ya nadie sabe cuándo llega.
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