El voto latino, entre el desencanto con Trump y la desconexión demócrata: "No se puede deportar a inocentes y trabajadores"

El voto latino, entre el desencanto con Trump y la desconexión demócrata: "No se puede deportar a inocentes y trabajadores"

En 2024 las encuestas vaticinaron un interesante cambio de paradigma. El voto latino, que durante décadas estuvo asociado al Partido Demócrata como el verano al gazpacho andaluz, parecía comprarle el discurso de campaña a Donald Trump. Los sondeos acertaron en la dirección pero fallaron por mucho en la magnitud. La mayoría situaba a Trump en la franja alta de los 30 puntos entre latinos y acabó apoderándose de cerca del 48%, un vuelco tan notorio como inesperado. Hoy se da por hecho que la impopularidad del Gobierno de Trump será un factor determinante en las elecciones de medio mandato con un voto de castigo de esos hispanos que le apoyaron, aunque las encuestas y el sentir en la calle pintan un panorama más complejo: un cóctel inédito entre el descontento y el vacío por la falta de una opción política real que los represente.

Gilberto Alfaro Pérez, de 51 años, votó por Trump en 2024 pero no piensa volver a hacerlo el 3 de noviembre. "No solamente son asuntos como la inmigración o la economía lo que me molestan de este gobierno, que es de lo que todo el mundo habla, pero ¿qué pasa con los papeles de Epstein?, ¿por qué no los han liberado?", se pregunta este músico residente en Boyle Heights, un barrio de mayoría hispana al este de Los Ángeles. "Es evidente que hay una mancuerna entre ambos partidos porque este escándalo afecta a gente a ambos lados del espectro, empezando por miembros del Gobierno de Trump, gente muy poderosa".

Alfaro no está "de acuerdo con que deporten a gente inocente y trabajadora que paga impuestos y está tratando de hacer las cosas bien. A esa gente hay que darle inmunidad", dice a EL MUNDO. Y ratifica que, como casi cualquier estadounidense, está sintiendo la presión por los precios de la gasolina a raíz de la guerra con Irán. "La situación es difícil". Aún así, no va a votar por nadie. "No puedo darle mi voto a los republicanos y menos a los demócratas, que son socialistas radicales que siempre vienen con el mismo cuento: quitarle dinero a los ricos para dárselos a los pobres, que suena muy bien, pero que siempre hacen lo mismo, malgastando como niños pequeños y jugando con el dinero de los demás".

Protestas a favor de los inmigrantes y en contra del ICE en Nueva York.

Protestas a favor de los inmigrantes y en contra del ICE en Nueva York.Andres KudackiAP

Su postura encaja con el 38% de hispanos que aún se encuentra entre los "indecisos" de cara al 3 de noviembre, según una reciente encuesta de UnidosUS, la mayor organización de derechos civiles latina del país. Janet Murguía, presidenta y directora ejecutiva de la institución, los describe como "escépticos" pero no "indiferentes". "A estos votantes les preocupa profundamente su estabilidad económica. Esto representa una oportunidad para quien tome en serio sus preocupaciones, y un riesgo real para quien no lo haga".

El estado de la economía será el factor decisivo y ahí los republicanos tienen complicado obtener un resultado favorable. Los números cantan. El 40% de los hispanos asegura que sus finanzas han empeorado con respecto a hace un año, de acuerdo a un sondeo de la misma organización que entrevistó a 2.700 latinos de Arizona, California, Florida y Texas, y sólo el 12% dice vivir con holgura. Un 61% apenas llega a fin de mes o no llega, con la sensación de que el sueño americano ha dejado de existir o sencillamente les ha dado la espalda. Sus estrategias de supervivencia son elocuentes: el 43% ha comprado menos comida o se ha pasado a productos más baratos, el 38% ha tirado de ahorros y casi uno de cada cinco ha buscado otro empleo o más horas. Más de la mitad (53%) ha renunciado a algún tipo de atención médica por su costo.

Después está la inmigración, uno de los capítulos más espinosos del segundo mandato de Trump. El 60% de los pequeños empresarios latinos asegura que la aplicación de las nuevas políticas de inmigración de Trump ha perjudicado su negocio, sobre todo por la menor afluencia de clientes, las ausencias de empleados o la dificultad para contratar. El temor es palpable en las calles, incluso un año después.

Remi Martínez, un conductor de camiones de Kansas, relataba a The New York Times que Trump "se ha llevado a gente que trabajaba duro y que llevaba aquí años". Tanta gente ha logrado deportar que dice que se siente como una ciudad fantasma, cerrada. "Iban detrás de cualquiera, deteniendo a cualquiera", explicaba.

El 44% de los hogares hispanos en Estados Unidos dice haber sufrido un golpe económico en el último año por el aumento desmedido de las redadas. Murguía habla de familias obligadas a decisiones "inadmisibles" para mantenerse a flote. Lo peor, refleja el estudio, es la inoperancia de los dos principales partidos para conectar con votantes que pueden resultar vitales a la hora de decidir quién controla la Cámara de Representantes y el Senado.

El 55% dice que ningún partido, campaña u organización le ha pedido que se registre o vote, una proporción que se mantiene incluso en estados en disputa: del 57% en Florida al 60% en Texas. Solo el 23% ha sido contactado por los demócratas y el 15% por los republicanos. De ahí el desencanto: el 41% cree que ningún partido defiende los intereses de los trabajadores. Es un electorado con una parte importante aún por ganar, y casi nadie está intentando conquistarlo.

Votantes y candidatos

No son solo los votantes, sino los candidatos hispanos los que pueden resultar decisivos en estos comicios y su conexión con ese electorado indeciso. Para empezar porque la Cámara de Representantes se jugará, en buena medida, en la frontera, donde los hispanos representan casi el 80% de la población. Con una mayoría republicana mínima, tres distritos de mayoría hispana del sur de Texas figuran entre las carreras más reñidas del país y podrían decidir quién controla el Congreso. En el distrito 28, el demócrata Henry Cuellar se mide con Tano Tijerina. En el 34, Vicente González defiende un escaño que los republicanos redibujaron para hacerlo más favorable a su candidato, Eric Flores. En el 15, Monica de la Cruz se enfrenta a Bobby Pulido, músico tejano y ganador de dos Latin Grammy. Las encuestas señalan un empate en estas dos últimas contiendas y ven difícil que Tijerina se imponga en su distrito.

La paradoja es que el mapa texano controlado por los republicanos se dibujó sobre esa misma apuesta. El rediseño creó, por ejemplo, el nuevo distrito 35, al este de San Antonio, con un 57% de población hispana y donde Trump habría ganado por diez puntos. Pero la caída de la aprobación de Trump entre los latinos de Texas ha dado a los demócratas más opciones de las previstas para neutralizar el rediseño. Si el giro de 2024 se revierte, el mapa puede volverse contra quien lo trazó.

Simpatizantes del candidato al Senado Abdul El-Sayed en Rochester, Michigan.

Simpatizantes del candidato al Senado Abdul El-Sayed en Rochester, Michigan.Michael M. SantiagoAfp

Texas también elige senador. Las encuestas muestran un empate técnico entre James Talarico y Ken Paxton, pero entre los votantes latinos el demócrata aventaja al republicano por 54 a 41.

En California, la Proposición 50 también cambió el tablero de juego. El nuevo mapa, trazado por la legislatura demócrata, está diseñado para arrebatar hasta cinco escaños republicanos. La pieza más disputada está en el Valle Central: el distrito 22, donde el republicano David Valadao se enfrenta al demócrata Randy Villegas en una carrera que los analistas consideran empatada o con ligera ventaja republicana. Es un distrito agrícola y mayoritariamente latino, donde Valadao lleva años sacando más votos que su propio partido.

En Arizona se elige gobernador. La demócrata Katie Hobbs aventaja a Andy Biggs por 48 a 35 entre los votantes probables. Entre los latinos, una encuesta de UnidosUS de junio la situaba muy por delante, 52% frente a 21%, y el 19% de los latinos de Arizona que votaron por Trump dicen que no lo volverían a hacer.

En Nevada, donde los latinos son en torno al 30% del electorado, el gobernador republicano Joe Lombardo está empatado con el fiscal general Aaron Ford. Lombardo no necesita ganar el voto latino, le basta con perderlo por menos margen: en 2022, según las encuestas a pie de urna, se llevó alrededor de un tercio.

Es tan solo una muestra del poder del voto hispano que ni las redadas ni el miedo infundido a la población parecen haber mermado. Son y seguirán siendo un factor determinante en Estados Unidos.