Modi intenta aplastar la rebelión de las "cucarachas" a golpe de detenciones
Los manifestantes indios se han acostumbrado a esquivar controles policiales, atravesar calles bloqueadas, buscar rutas alternativas cuando las autoridades suspenden el transporte público y sortear barricadas levantadas en los principales accesos al centro de Nueva Delhi. Algunos caminan durante kilómetros para alcanzar los puntos de concentración. Otros intentan organizarse pese a los cortes de internet móvil o viajan desde otras ciudades sabiendo que pueden ser interceptados antes de llegar a la capital.
Durante las últimas semanas, protestar contra el Gobierno de Narendra Modi se ha convertido en una carrera de obstáculos. La Policía ha detenido a miles de personas, prohibido concentraciones y desplegado cada vez más agentes para contener unas movilizaciones que han terminado convirtiéndose en uno de los mayores desafíos al primer ministro nacionalista hindú desde su llegada al poder en 2014.
El último episodio de esta batalla entre los jóvenes y las autoridades se produjo el viernes, cuando la Policía detuvo a Abhijeet Dipke, fundador del autodenominado Partido Popular de las Cucarachas (CJP), un movimiento que comenzó como una sátira en internet y ha terminado sacudiendo la política india. Dipke había convocado a sus seguidores en Connaught Place, el concurrido corazón comercial de Nueva Delhi, con una petición aparentemente sencilla: salir a la calle ondeando la bandera nacional.
Las autoridades respondieron con un amplio despliegue policial, el cierre del parque donde debía celebrarse la manifestación y una orden para que el dirigente juvenil cancelara la convocatoria. Dipke se negó. Los agentes lo detuvieron antes de que pudiera encabezar la protesta. En las imágenes de su arresto aparece sosteniendo una bandera tricolor mientras pregunta: "No he infringido ninguna ley... ¿Cómo pueden detenerme?". También fue arrestada Neha Bora, una de las dirigentes estudiantiles más visibles de las movilizaciones, aunque posteriormente quedó en libertad.
Ni siquiera la ausencia de sus líderes consiguió vaciar las calles. Miles de manifestantes se congregaron, levantaron banderas y corearon consignas contra el Gobierno y la Comisión Electoral. La protesta se reprodujo, aunque con menor intensidad, en otras grandes ciudades como Bombay.
"Solo estamos aquí para ondear pacíficamente la bandera india y nos tratan como si fuéramos criminales, no ciudadanos que ejercen sus derechos democráticos", denunciaba Sanna, una manifestante de 23 años, en declaraciones recogidas por la agencia AFP. "No importa lo que haga la Policía, deteniéndonos o golpeándonos brutalmente, no dejaremos de protestar".
La chispa que alimenta la indignación es una polémica revisión del censo electoral que ha eliminado más de 130 millones de nombres de las listas de votantes, una cifra superior a toda la población de Japón. La Comisión Electoral sostiene que se trata de una operación administrativa para depurar registros de fallecidos, personas que han cambiado de residencia e inscripciones fraudulentas.
La oposición acusa al organismo de favorecer al gobernante Bharatiya Janata Party (BJP), la formación de Modi, excluyendo de manera desproporcionada a musulmanes, minorías religiosas y comunidades pobres tradicionalmente alejadas del nacionalismo hindú. El Gobierno rechaza cualquier manipulación electoral.
El conflicto ha terminado desbordando las instituciones. La oposición ha acudido al Tribunal Supremo para exigir una auditoría independiente y la suspensión de las eliminaciones del censo. Pero el pulso político también se libra en las calles, donde cada vez más jóvenes indios expresan un malestar que va mucho más allá de las urnas. Las protestas han conectado las denuncias sobre la erosión democrática con frustraciones acumuladas por el desempleo juvenil, la desigualdad y la falta de oportunidades en una de las economías que más rápido crecen del mundo.
La Policía india detiene a otro manifestante durante las últimas protestas.EFE
En el centro de esta rebelión aparecen las "cucarachas". El movimiento nació en mayo como una provocación satírica en las redes sociales, pero rápidamente se convirtió en un inesperado canal de movilización de la generación Z. Sus integrantes adoptaron el nombre de un insecto despreciado como símbolo de resistencia: una criatura capaz de sobrevivir a casi cualquier adversidad. Ahora han encontrado en el conflicto electoral una causa capaz de unir a estudiantes, activistas y partidos opositores.
La detención de Dipke llegó después de que otros dos dirigentes de las "cucarachas", Saurav Das y Ashutosh Ranka, fueran enviados a prisión preventiva durante cinco días por intentar manifestarse en Jantar Mantar, un emblemático espacio de protesta situado cerca del Parlamento. La Policía acababa de retirarlo de la lista de lugares autorizados para concentraciones. El cambio convirtió una actividad habitual durante décadas en motivo de intervención policial.
"Si ondear la bandera nacional india nos lleva a la cárcel, estamos preparados", había advertido Dipke pocas horas antes de ser detenido. El activista acusó al BJP de hipocresía: recordó que muchos de sus actuales dirigentes construyeron sus carreras organizando protestas cuando estaban en la oposición. Según su argumento, difícilmente habrían alcanzado el poder si los anteriores gobiernos les hubieran impuesto restricciones semejantes.
La creciente dureza policial ha provocado las críticas de Amnistía Internacional, que exige la liberación de los activistas encarcelados y denuncia el progresivo cierre de los espacios para la disidencia. La organización documentó miles de detenciones durante el fin de semana del 10 y 11 de octubre, restricciones al transporte y a internet, manifestantes arrestados antes de abandonar sus domicilios y viajeros interceptados cuando intentaban llegar a Delhi desde otros estados. También recogió denuncias de periodistas por agresiones, confiscación de equipos e incluso acoso sexual a reporteras.
"Las autoridades no pueden utilizar el sistema de justicia penal para castigar a las personas por ejercer su derecho a la reunión pacífica", sostuvo Aakar Patel, presidente de la junta directiva de Amnistía Internacional India. El responsable de la organización advirtió de que estas restricciones muestran "fuertes tendencias autoritarias" y amenazan con convertir los espacios públicos en lugares donde la disidencia deja de ser bienvenida.
El BJP interpreta las movilizaciones de manera muy distinta. Sus portavoces acusan a la oposición de instrumentalizar a los estudiantes para desestabilizar el país. "Su única intención es dar un golpe de Estado", llegó a afirmar Sambit Patra, portavoz nacional del partido gobernante. El Ejecutivo insiste en que la revisión electoral pretende garantizar la limpieza de los comicios y presenta las protestas como una campaña política para desacreditar las instituciones.
