El fútbol antes de Monchi: de los telegramas, al big data

El fútbol antes de Monchi: de los telegramas, al big data

Los métodos para fichar futbolistas han evolucionado enormemente con el paso de los años. Del boca a boca, los intermediarios y el “ordeno y mando” de los presidentes, se ha pasado a los ojeadores especializados, los informes de scouting, el análisis de datos y la inteligencia artificial. Del gerente fichador o secretario técnico se ha evolucionado hacia la figura del director deportivo, al frente de departamentos cada vez más amplios y especializados. Sin embargo, algunas de las historias más curiosas del mercado de fichajes se remontan a épocas muy distintas. Una de ellas tuvo lugar en 1946. Santiago Bernabéu, presidente del Real Madrid entre 1943 y 1978, viajaba en tren de Valencia a Barcelona cuando compró un ejemplar de La Vanguardia durante una parada. En sus páginas leyó que el Barcelona había enviado a Ricardo Cabot para cerrar el fichaje de Luis Molowny. Bernabéu telefoneó a su secretario técnico, Jacinto Quincoces, y le ordenó que cogiera 100.000 pesetas (601 euros de hoy), tomara un avión hasta Las Palmas para ficharle. Así lo hizo. Cabot llegó tres dias más tarde porque viajó en barco.

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Di Stéfano, Luis Regueiro y Molowny.Diario AS Participación

Aunque los presidentes nunca dejaron de tener una influencia decisiva en las incorporaciones, la gestión de los fichajes fue pasando progresivamente a manos de especialistas. El Sevilla fue uno de los clubes pioneros en la profesionalización de esta parcela. Entre 1987 y 1998, la dirección de Rosendo Cabezas como mánager general coincidió con la llegada de futbolistas de primer nivel como Davor Suker, Iván Zamorano, Rinat Dassaev, Diego Pablo Simeone, Tony Polster o Diego Maradona. Cabezas tejió una sólida red de contactos con dirigentes de clubes, intermediarios y ojeadores de distintos países. Su trabajo se apoyó también en agentes de gran reputación, entre ellos Paco Sánchez Sabater, cuya mediación resultó fundamental para la llegada de Carlos Bilardo al banquillo sevillista. La presencia del técnico argentino acabaría siendo determinante para concretar el fichaje de Maradona, una operación que desató una enorme expectación en toda España y convirtió Sevilla en el epicentro del fútbol nacional.

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Bilardo y Maradona con el Sevilla. Les trajo Rosendo Cabezas.

Aquel modelo sirvió de referencia para Ramón Rodríguez Verdejo, Monchi, que lo adaptó a los nuevos tiempos y contribuyó a consolidar la figura moderna del director deportivo. Bajo su gestión, el Sevilla hizo suyo el lema de José María del Nido Benavente, ‘vender para crecer’, convirtiendo las plusvalías en una herramienta estratégica para reforzar la plantilla. La venta de Sergio Ramos al Real Madrid por 27 millones de euros permitió incorporar a futbolistas como Ivica Dragutinovic por apenas tres. Del mismo modo, el traspaso de Julio Baptista por 24 millones facilitó la llegada de Frédéric Kanouté por seis, una de las operaciones más exitosas de la historia reciente de la entidad.

Monchi también amplió el radio de acción del club y exploró mercados que entonces recibían menos atención, como los de Francia y Portugal. Además, acudía cada año a los principales torneos sudamericanos de categorías inferiores acompañado por un reducido grupo de colaboradores, entre ellos Antonio Fernández y Alberto Benito. De aquellas expediciones surgieron algunos de los grandes aciertos de la política de captación sevillista, entre ellos el descubrimiento de un joven Dani Alves, llamado a marcar una época en el club y en el fútbol mundial.

Su modelo no fue personalista. En la secretaría técnica tenía a Antonio Fernández, que fue el mentor de Baptista y casi trae a Van Persie. También llegó Víctor Orta, quien instaló parabólicas en su despacho paras seguir el fútbol internacional. Ramón Vázquez también formaba parte en esta estructura de éxito y con Pablo Blanco dio un giro al trabajo de cantera.

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Dani Alves, acierto de Monchi.CRISTINA QUICLER

La televisión, clave

Uno de los nombres más influyentes de la dirección deportiva en el fútbol español fue Santiago Llorente. Participó en destacados proyectos en el Oviedo y el Valladolid y vivió desde dentro la etapa más brillante del Tenerife durante la década de los 90. Llorente sitúa un punto de inflexión en la evolución de la figura del director deportivo. “Lo de Monchi tiene una enorme importancia por todo lo que hizo en el Sevilla. Allí contó además con José María del Nido, que para mí fue el mejor presidente de Primera División antes de los problemas judiciales que tuvo. Cuando el Barcelona fichó a Ramón Martínez procedente del Valladolid empezó a valorarse realmente esta figura. Hasta entonces, el secretario técnico era, sobre todo, una persona de confianza del presidente con amplios conocimientos del mercado. También tenían mucha influencia intermediarios como Luis Guijarro, Fernando Torcal o Alberto Toldrá. A partir de la llegada de Ramón Martínez al Barcelona, los directores deportivos comenzaron a asumir la dirección y coordinación de toda la actividad futbolística del club, siempre con el respaldo de los presidentes”.

Antes era muy difícil seguir a los jugadores de Sudamérica. Tenías que desplazarte a los Campeonatos Sudamericanos sub-17, sub-20 o sub-23 porque los partidos no se televisaban como ahora" Santiago Llorente

Llorente también recuerda uno de los fichajes más significativos de su trayectoria: el de Fernando Redondo. “Lo incorporamos sin pagar traspaso a Argentinos Juniors. En Argentina existía entonces el derecho de retención, por el que a los futbolistas que terminaban contrato se les prorrogaba automáticamente el vínculo con una mejora salarial del 15%. Sin embargo, cometieron un error administrativo y varios jugadores quedaron libres. Los clubes argentinos acordaron no aprovechar esa situación, pero Redondo entendió que aquel pacto no afectaba a los equipos europeos”. El centrocampista terminaría convirtiéndose en una de las grandes figuras del Tenerife y más tarde del Real Madrid.

La televisión ha cambiado todo

La globalización de las retransmisiones y el desarrollo de las nuevas tecnologías transformaron por completo los métodos de trabajo de las direcciones deportivas. “Antes era muy difícil seguir a los jugadores de Sudamérica. Tenías que desplazarte a los Campeonatos Sudamericanos sub-17, sub-20 o sub-23 porque los partidos no se televisaban como ahora. La televisión cambió por completo la dinámica de trabajo y la forma de captar futbolistas”, recuerda Llorente.

Aquellos viajes permitían descubrir de primera mano a algunas de las mayores promesas del fútbol mundial. “Ronaldo era el mejor jugador del Sudamericano sub-17. También le vi jugar en el Maracaná con el Cruzeiro frente al Vasco da Gama. Pero, sobre todo, el futbolista que quise fichar y no pude fue Rivaldo”, rememora. Pese a ello, el Tenerife logró cerrar algunas incorporaciones de enorme impacto. «Hicimos muy buenas contrataciones. Trajimos a Pizzi por un millón y medio de dólares. Fue una época muy bonita», explica Llorente. Aquella política de captación permitió al conjunto tinerfeño competir al más alto nivel durante una de las etapas más brillantes de su historia, apoyado en una dirección deportiva capaz de detectar talento antes de que alcanzara la élite del fútbol mundial.

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Santiago Llorente

El pionero

Ramón Martínez marcó una época en la gestión deportiva del fútbol español. Tras desempeñar responsabilidades en la planificación de plantillas en el Valladolid, el Barcelona y el Real Madrid, fue uno de los pioneros en la consolidación de la figura del director deportivo como eje de la estructura futbolística de los clubes. En declaraciones para As, Martínez explica la transformación que ha experimentado el puesto durante las últimas décadas. “La figura del director deportivo ha vivido una evolución muy importante desde que comencé a trabajar en este ámbito, cuando el cargo se conocía como secretario técnico, hasta la actualidad. Cuando inicié mi trayectoria profesional, en la mayoría de los clubes las decisiones deportivas recaían en el presidente, la junta directiva y el entrenador. Nosotros defendíamos que el éxito o el fracaso de una temporada dependía, en gran medida, del trabajo de observación y planificación realizado durante el año anterior”.

Martínez recuerda que las herramientas de análisis eran entonces mucho más limitadas que las actuales. “En aquella época ni siquiera existía el vídeo como herramienta de seguimiento de jugadores, por lo que nuestro trabajo se apoyaba fundamentalmente en tres pilares. El primero era la red de contactos que íbamos construyendo, sin remuneración alguna, formada por amigos, conocidos y exfutbolistas que nos facilitaban información sobre jugadores. El segundo eran las publicaciones especializadas. Estábamos suscritos a revistas deportivas nacionales y extranjeras que nos permitían ampliar el conocimiento sobre futbolistas y mercados que resultaban inaccesibles por otros medios. Y el tercero era la observación directa. Teníamos que desplazarnos para evaluar personalmente a los jugadores y, en la mayoría de los casos, verles varias veces antes de tomar una decisión. Era una labor que ocupaba buena parte de nuestra jornada diaria. Los domingos, cuando coincidían los horarios de los partidos, muchas veces priorizábamos el seguimiento de un futbolista de otro equipo antes que acudir a ver jugar al nuestro”.

La figura del director deportivo ha vivido una evolución muy importante desde que comencé a trabajar en este ámbito, cuando el cargo se conocía como secretario técnico" Ramón Martínez

Aquella forma de trabajar sentó las bases de una profesión que con el paso de los años se ha sofisticado hasta incorporar departamentos de análisis, scouting internacional, gestión de datos e Inteligencia Artificial. Sin embargo, Martínez mantiene intacta una convicción que resume décadas de experiencia en los despachos: “Siempre tuvimos claro que la captación de jugadores era fundamental para la salud deportiva y económica del club. No hay nada como fichar y vender bien”.

Y aquí, la evolución. Para Ramón Martínez, la profesionalización de los departamentos deportivos ha transformado profundamente la estructura de los clubes. “Actualmente, las entidades cuentan con equipos cada vez más numerosos y especializados. Además del director deportivo, existen responsables de captación y scouting, analistas de datos y vídeo, especialistas en planificación de plantilla, responsables de fútbol base y desarrollo de jugadores, expertos en negociación contractual y profesionales dedicados al rendimiento y la salud de los futbolistas. Todo ello en permanente coordinación con el entrenador y su cuerpo técnico, una relación imprescindible para armonizar las necesidades del equipo con la planificación global del club”.

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Ramón MartínezMiguel Ángel Santos

Sin embargo, Martínez considera que la tecnología sigue siendo una herramienta al servicio de la observación y no un sustituto de ella. “Bienvenidos sean los avances tecnológicos, que contribuyen enormemente a mejorar nuestro trabajo. Pero el proceso de captación debe culminar siempre con el seguimiento del jugador sobre el terreno de juego. Hoy los clubes disponen de más recursos económicos y mejores medios para desplazarse y observar directamente a los futbolistas antes de tomar una decisión. La tecnología facilita el trabajo, pero no sustituye la observación directa, que sigue siendo fundamental”. Una convicción que resume con una frase que atraviesa generaciones de secretarios técnicos y directores deportivos: “La esencia de la dirección deportiva no ha cambiado: sigue residiendo en captar, fichar y vender bien”.

Cuando el Pato disputó el Mundial de 1982 ya había jugado una veintena de partidos con la selección absoluta de Chile. Sin embargo, en España apenas disponíamos de imágenes suyas" Ramón Martínez

Martínez recuerda hasta qué punto era complejo seguir a determinados futbolistas antes de la irrupción del vídeo y de internet. Uno de los ejemplos fue el de Patricio Yáñez, uno de los jugadores más destacados del fútbol chileno de principios de los años ochenta. “Cuando el Pato disputó el Mundial de 1982 ya había jugado una veintena de partidos con la selección absoluta de Chile. Sin embargo, en España apenas disponíamos de imágenes suyas, más allá de un amistoso que la selección española disputó en Santiago en 1981. Ya nos habían hablado de él, pero todavía no habíamos tenido la oportunidad de verle jugar. Un año después de aquel encuentro, coincidiendo con el Mundial de España 1982, pudimos finalmente culminar la operación”. La anécdota ilustra una época en la que los informes, los contactos personales y los viajes eran las principales herramientas para detectar talento, muy lejos del escenario actual, dominado por las plataformas de análisis, las bases de datos y el seguimiento digital de futbolistas de cualquier rincón del mundo.

El caso Ufarte

Retrocedemos hasta 1964. José Armando Ufarte, nacido en Pontevedra, emigró con su familia a Brasil y destacó en clubes de la dimensión de Corinthians y Flamengo. Su rendimiento fue tan llamativo que terminó entrando en el radar de los grandes clubes españoles. Según relata Sarmiento Birba en su Enciclopedia del Fútbol, el Real Madrid estuvo cerca de incorporar al futbolista, pero una información errónea frustró la operación. Andrés Ramírez, entonces secretario general de la Federación Española, transmitió que Ufarte poseía nacionalidad brasileña. Ante esa circunstancia, Antonio Calderón, gerente del club blanco, descartó el fichaje.

Sin embargo, Víctor Martínez, secretario técnico del Atlético de Madrid, conoció la verdadera situación. Ufarte mantenía la nacionalidad española y el club rojiblanco se adelantó para cerrar su incorporación. La apuesta resultó un éxito. El atacante acabaría formando parte de una de las etapas más destacadas de la entidad bajo la presidencia de Vicente Calderón, conquistando tres títulos de Liga y dos Copas. La historia refleja también las dificultades que entrañaba fichar futbolistas en una época en la que las comunicaciones estaban muy lejos de la inmediatez actual. En los años sesenta, una llamada telefónica internacional requería la intervención de una operadora y podía demorarse durante horas. Los telegramas, el télex y una buena red de contactos eran herramientas tan valiosas como el propio criterio futbolístico. Muchas operaciones dependían más de la información que circulaba entre personas de confianza que de los medios tecnológicos de los que disponen hoy los clubes.

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José Armando Ufarte

Revalorizar jugadores

Juan Carlos Cordero ha desempeñado la dirección deportiva en clubes como el Ciudad de Murcia, Granada, Cádiz, Tenerife y Zaragoza. Su modelo de gestión siempre estuvo orientado a la detección y revalorización del talento joven. “Mi manera de trabajar siempre fue apostar por futbolistas con capacidad de crecimiento, generar plusvalías y crear activos para los clubes”, explica. Entre las operaciones que mejor reflejan esa filosofía figuran las de Goitom, Brahimi o Jeison Murillo.

Cordero sitúa a Monchi como una de las grandes referencias de la profesión. “Creo que es un espejo en el que muchos nos hemos mirado por su forma de trabajar. Pertenece a una generación similar a la mía y representa una manera de entender la dirección deportiva que ha marcado una época. Hoy resulta clave combinar la información que proporcionan los datos y las nuevas tecnologías con aspectos como la observación, la gestión del futbolista, la situación de cada club o el perfil que demanda cada entrenador. Todo depende también de los objetivos de la entidad. La tecnología ha llegado para mejorar el fútbol, pero debe complementar el trabajo de scouting, el seguimiento de jugadores y el conocimiento diario de la realidad de cada club”.

Monchi es un espejo en el que muchos nos hemos mirado por su forma de trabajar. Pertenece a una generación similar a la mía y representa una manera de entender la dirección deportiva que ha marcado una época" Juan Carlos Cordero

La irrupción de la Inteligencia Artificial y el big data ha ampliado la capacidad de los clubes para detectar talento en cualquier rincón del mundo. Sin embargo, los datos por sí solos no garantizan el éxito. Un algoritmo puede señalar a una futura estrella en una competición remota y ahorrar horas de seguimiento, pero la validación definitiva continúa dependiendo del análisis humano y de la información obtenida sobre el terreno.

Un ejemplo de ello lo tenemos en Alberto Benito. En 2006, siendo secretario técnico del Cádiz, acudió al Campeonato Sudamericano Sub-20 para seguir jóvenes promesas. Allí quedó impresionado por un atacante argentino que sobresalía por encima del resto: el Kun Agüero. Benito recomendó su incorporación de manera inmediata y el club gaditano llegó a ofrecer tres millones de euros por su fichaje. Sin embargo, Independiente rechazó la propuesta. Poco después, el Atlético de Madrid cerraría su contratación por 24 millones de euros, apenas dos días antes de que el futbolista cumpliera los 18 años. La historia tiene incluso un epílogo curioso. Una década después, el Cádiz logró incorporar a un miembro de aquella familia futbolística: Gastón del Castillo, hermano del Kun Agüero. Aunque la comparación era inevitable, la trayectoria de ambos terminó siguiendo caminos muy diferentes.

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Juan Carlos Cordero en su etapa con el Zaragoza.CIERZO VISUAL

20 años son un mundo

Víctor Orta, actual director deportivo del Real Valladolid, fue uno de los primeros ejecutivos del fútbol español en incorporar de forma sistemática las nuevas tecnologías a los procesos de captación y análisis de jugadores. Resume para As la transformación experimentada por la profesión: “El desafío de antes era intentar llegar el primero a la información. Buscábamos partidos que no veía nadie a través de parabólicas o viajábamos para presenciar encuentros que ni siquiera se televisaban. Ese era el gran reto de una dirección deportiva hace veinte años. Hoy, con todos los partidos disponibles, bases de datos cada vez más completas y herramientas de inteligencia artificial, el desafío es diferente. Ese tsunami de información hay que transformarlo en conocimiento útil para el club. Ahí está la clave. Su reflexión ilustra hasta qué punto ha cambiado el trabajo de los responsables de la planificación deportiva. Sin embargo, durante décadas los fichajes dependieron en gran medida de la intuición, los contactos y la capacidad de observación de unos pocos dirigentes.

El desafío de antes era intentar llegar el primero a la información. Buscábamos partidos que no veía nadie a través de parabólicas o viajábamos para presenciar encuentros que ni siquiera se televisaban" Víctor Orta

Una de las historias más representativas la protagonizó Santiago Bernabéu. El presidente del Real Madrid viajó a Alemania acompañado por Agustín Domínguez, entonces secretario técnico del club, para seguir a Hans-Jürgen Wimmer, centrocampista del Borussia Mönchengladbach. Sin embargo, durante el encuentro otro futbolista captó toda su atención: Uli Stielike. Bernabéu quedó tan impresionado por su rendimiento que ordenó centrar los esfuerzos en su incorporación. La decisión resultó un acierto. Stielike acabaría convirtiéndose en una de las grandes figuras del Real Madrid de los años setenta y ochenta.

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Víctor Orta.PHOTOGENIC PRG

Presidentes fichadores

En las últimas tres décadas, los presidentes han pasado de liderar personalmente muchas operaciones de mercado a ejercer la supervisión final de las propuestas planteadas por las direcciones deportivas. Los años noventa dejaron algunas de las historias más pintorescas del fútbol español. Ahí quedan los viajes de Augusto César Lendoiro a Brasil para convencer a Bebeto de que fichara por el Deportivo o la irrupción de Manuel Ruiz de Lopera en Ámsterdam para cerrar la contratación de Finidi George por 1.175 millones de pesetas, unos 7,5 millones de euros, cuando el futbolista estaba cerca de comprometerse con el Real Madrid. Aquella década ofrece material suficiente para escribir un libro. Con el paso del tiempo, el peso de la planificación deportiva fue desplazándose hacia estructuras más profesionalizadas. Hoy, el director deportivo suele asumir el liderazgo de los fichajes, mientras que los secretarios técnicos y departamentos de captación desempeñan funciones cada vez más especializadas en el análisis, el seguimiento de jugadores y la recopilación de información.

Uno de los modelos más singulares del fútbol actual es el impulsado por Bob Voulgaris en el Castellón. Su proyecto sitúa el análisis de datos en el centro de la toma de decisiones deportivas. Los fichajes se apoyan en métricas avanzadas y modelos estadísticos capaces de detectar futbolistas infravalorados en distintos mercados antes de que entren en el radar de otros clubes. El propio Voulgaris ha definido al Castellón como un “club de datos”, una filosofía que persigue reducir la incertidumbre en la captación de jugadores mediante criterios objetivos. Sin embargo, incluso en los modelos más avanzados, los números no eliminan por completo el factor humano. Los algoritmos pueden señalar oportunidades en cualquier rincón del mundo, pero la interpretación de la información y la toma de decisiones continúan dependiendo de las personas.

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Voulgaris, presidente del Castellón-Andreu Esteban

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De las noticias encontradas en un periódico, los telegramas y los viajes improvisados a los informes automatizados, la inteligencia artificial y el big data. La forma de fichar ha cambiado radicalmente. El objetivo, sin embargo, sigue siendo exactamente el mismo: encontrar antes que nadie al futbolista adecuado.

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