'Drones pirata': así bloquea Putin aguas del mar Negro fuera de su control

'Drones pirata': así bloquea Putin aguas del mar Negro fuera de su control

En el quinto año de la invasión a gran escala de Ucrania, Rusia ha perdido capacidad para dominar el mar Negro. Sin embargo, como en tiempos de los piratas, está mostrando su capacidad para hacerlo inseguro para todos.

La Corona inglesa, especialmente bajo Isabel I, en el siglo XVI, utilizó a corsarios como Francis Drake para atacar los barcos y las posesiones españolas. Así movilizaba barcos, tripulaciones y capitales privados para debilitar el comercio rival sin asumir todo el coste de las operaciones. Ahora los sucesores rusos de los piratas son alados y mecánicos, pero profesan el mismo credo: emboscar mercantes y asfixiar el comercio del enemigo.

La lista de víctimas de drones se ha disparado este mes en el mar Negro. El carguero Khoryv, con bandera de Comoras, se incendió y se hundió el viernes a 24 kilómetros del puerto rumano de Constanza, fuera de las aguas territoriales del país. Uno de sus tripulantes murió. El barco, que había partido de Turquía rumbo al puerto rumano de Sulina, llevaba a 10 ucranianos y tres azerbaiyanos. El presidente rumano, Nicusor Dan, afirmó que fue alcanzado por un dron y atribuyó el ataque a Rusia. El episodio se suma a una sucesión de ataques contra la navegación comercial frente a Rumanía y Bulgaria, dos países de la UE y de la OTAN.

Antes del hundimiento del Khoryv, ya se habían contabilizado al menos siete mercantes alcanzados y unos 30 marineros muertos o desaparecidos en las dos semanas anteriores. Los ataques afectan a cargueros y buques cisterna que recorren las rutas entre los puertos ucranianos, el Danubio y el Mediterráneo. La amenaza ha llegado también a aguas territoriales rumanas, donde fue atacado el petrolero químico Yara J, cerca del canal de Sulina. Una fuente militar de la OTAN atribuyó a drones rusos los ataques contra ese barco y el Wine Trader.

Acción contra un dron que sobrevuela el mar Negro, cerca de Sulina (Romanía).

Acción contra un dron que sobrevuela el mar Negro, cerca de Sulina (Romanía).AFP

Se trata de una nueva campaña de Moscú para asfixiar a Ucrania interrumpiendo su comercio marítimo: ya intentó quitarle el acceso al mar al inicio de la invasión y después condicionar sus exportaciones. La pugna por el mar Negro tiene un precedente en la expansión de la zarina Catalina la Grande.

La nostalgia del Kremlin por la era Brézhnev

Jean-Sylvestre Mongrenier, director de investigación del Institut Thomas More, cree que las referencias del líder ruso son más recientes. "Las fuentes de inspiración de Vladimir Putin, nostálgico de la era Brézhnev, son ante todo soviéticas: pretende volver a colocar a Ucrania, así como a la mayor parte de las antiguas repúblicas soviéticas, bajo la férula de Moscú. En definitiva, reconstruir el perímetro territorial de la URSS", explica a este periódico el autor del Dictionnaire géopolitique du monde occidental.

Para Dimitar Bechev, investigador de Carnegie Europe, que ha abordado esta campaña en un análisis publicado el 20 de octubre, Moscú lleva a cabo una doble escalada: horizontal, porque los ataques rusos se están extendiendo a las jurisdicciones rumana y búlgara; y vertical, porque hay una "intensificación de las operaciones híbridas, como los actos de sabotaje" o los ataques encubiertos que "elevan la tensión en tierra".

"Al no poder dominar el mar Negro, Rusia trata de recuperar el control del mar por la vía de impedir su utilización, atacando las rutas de navegación internacionales de su parte occidental: entre Odesa, los puertos fluviales del Danubio y Constanza, por un lado; y Estambul y la zona de los estrechos Bósforo y Dardanelos por otro", añade Mongrenier. Esta campaña contra la navegación comercial tiene como objetivo asfixiar la economía ucraniana y, por tanto, su desempeño en la guerra.

Lentamente, la respuesta aliada empieza a concretarse. El 20 de octubre, la OTAN anunció que sus miembros enviarían más aviones de patrulla marítima, radares y drones, además de personal de Inteligencia y equipos para analizar los explosivos empleados. El objetivo inmediato es mejorar la detección y el conocimiento de las amenazas. Rumanía ha pasado también a la interceptación directa. El 17 de octubre, dos F-16 derribaron dos drones que habían penetrado en su espacio aéreo sobre las aguas territoriales del país. Bulgaria, por su parte, convocó a la embajadora rusa y ha solicitado formalmente a la OTAN aviones de combate, sistemas antidrones y fuerzas adicionales en su territorio. El Parlamento Europeo ha pedido desplegar una operación naval de la UE en el mar Negro.

Entre las posibilidades discutidas figura organizar convoyes de mercantes con escolta militar. Una fuente del sector de la defensa de Rumanía dijo a Associated Press que Turquía quería reunir a los países ribereños para preparar una misión de ese tipo, pero todavía no existe un sistema general de escoltas aprobado. Turquía propone una tregua parcial que proteja la navegación civil.

Aunque Rumanía señala a Rusia, la identificación de los aparatos y de sus puntos de lanzamiento sigue planteando dificultades. Una fuente próxima al Ministerio de Defensa de Lituania ya informó en septiembre a EL MUNDO de que Moscú preparaba ataques, incluso en el Mediterráneo, con drones aéreos lanzados desde barcos. "Los estrategas ya lo han detectado en el Báltico, el mar del Norte y el canal de la Mancha", confirma Mongrenier. Acercar los aparatos por mar ampliaría las direcciones de aproximación y dificultaría identificar su procedencia.

Como advierte Mongrenier, "no existe una fórmula infalible que permita proteger la navegación comercial sin asumir el riesgo de una confrontación", pero mientras tanto "nuestros reparos y nuestras tácticas dilatorias aumentan el desprecio de los rusos hacia nosotros y los animan a seguir adelante".

El contraste con el Báltico

En el mar Báltico, la pertenencia de todos los Estados ribereños, salvo Rusia, a la UE y a la OTAN hace que la región esté mejor estructurada para afrontar la agresividad rusa. Polonia, los países bálticos y los nórdicos están particularmente decididos y su postura estratégica es sólida. "Rusia cuestiona ese dominio: mediante patrullas aéreas, incursiones marítimas y terrestres, acciones mediáticas y otras presiones, perturba la aparente tranquilidad de este lago de la OTAN", dice Cyrille Bret, experto del Institut Montaigne y profesor de Ciencias Políticas. El cambio respecto a 1989 es patente: la URSS y sus aliados del Pacto de Varsovia controlaban amplias costas orientales y meridionales, mientras Suecia y Finlandia permanecían neutrales, explica Bret, coautor del libro Chief Geopolitical Officer: Actúa como un emprendedor, piensa como un geopolítico.

Sin embargo, en el mar Negro, "el equilibrismo de Turquía, las vacilaciones de Bulgaria (donde existe un partido rusófilo) y la inestabilidad política de Rumanía son menos propicios para construir una relación de fuerzas mucho más desfavorable para Rusia", completa Mongrenier.

Por eso Ucrania sigue soportando la mayor parte del esfuerzo militar contra Rusia en estas aguas, mientras Turquía conserva un papel decisivo sobre su acceso. La Convención de Montreux limita el tonelaje y la permanencia de las fuerzas navales de países no ribereños: sus buques de guerra no pueden permanecer más de 21 días. Ankara aplica además, desde 2022, las disposiciones que restringen el tránsito de buques de guerra de los países beligerantes, con excepciones como el regreso a sus bases. Por eso la OTAN no puede trasladar sin más al mar Negro el modelo de presencia naval del Báltico.

Los investigadores Daria Isachenko y Göran Swistek explican en un estudio de la SWP publicado en junio de 2023 que el marco de Montreux constituye un instrumento de poder turco: Ankara pertenece a la Alianza y al mismo tiempo defiende una concepción regional del equilibrio que preserva su capacidad de negociar con Moscú.

Las exportaciones, amenazadas

Por pura superstición, los griegos llamaban al mar Negro de forma irónica Pontos Euxinos que significa Mar Hospitalario. Debido a sus violentas tormentas, sus aguas oscuras y las tribus hostiles que habitaban sus costas, lo habían bautizado originalmente como Pontos Axeinos, que significa Mar Inhóspito. Pero para los antiguos griegos las palabras tenían poder y un nombre tan negativo se consideraba un mal augurio.

Llamar "hospitalario" a un mar que consideraban peligroso y traicionero era su forma de atraer la buena suerte mediante el lenguaje. Hoy para los ucranianos, señalar el peligro a la vista de todos es el único asidero en la tormenta. La presión llega cuando Ucrania vuelve a depender intensamente de las alternativas europeas. Según los datos correspondientes a septiembre de 2026, publicados por la Comisión Europea el 19 de octubre, alrededor del 90% de sus exportaciones de cereal, oleaginosas y derivados salió durante ese mes por los corredores de solidaridad -ferrocarril, carretera y vías navegables- y aproximadamente un 10% por los puertos ucranianos del mar Negro.

Un documento del Consejo de la UE de septiembre advertía de que los ataques rusos contra los puertos habían provocado una paralización casi completa del tráfico marítimo. El Danubio, el canal de Sulina y las conexiones con los puertos rumanos adquieren así una importancia adicional: sostienen parte de la salida comercial que sustituye a los puertos amenazados.

Atacar los barcos que utilizan estas aguas puede reducir las divisas de Kiev, aumentar los costes de transporte y trasladar el riesgo a empresas y territorios comunitarios. El cereal ucraniano abastece mercados europeos, africanos y de Oriente Próximo. Por eso incluso fuera de Europa muchos están mirando al mar Negro, que vuelve a ser el mar peligroso.