Trump quiere hacer dinero con Rusia, pero el negocio de Putin es la guerra
Nadie en Ucrania cree a estas alturas en las palabras de Vladimir Putin, pero tampoco en las de Donald Trump. Que ambos vuelvan a pronunciar la palabra "paz" no significa que estemos más cerca de ella. El ejemplo lo tenemos en la noche del miércoles al jueves. Como es habitual en el protocolo putinista, esa misma tarde se reunió con el genuflexo enviado de EEUU, Steve Witkoff, que incluso calificó al autócrata ruso, en busca y captura por el Tribunal Penal Internacional por crímenes de guerra, como un líder "humanitario". Horas después, su ejército lanzó un ataque sobre la capital ucraniana con una veintena de misiles balísticos. El humanitarismo llegó con estrépito y metralla.
¿Qué ha cambiado ahora para volver a confiar en que la paz es posible con el Kremlin? En realidad, nada. Las posiciones de Rusia siguen siendo tan maximalistas y tan inasumibles para Ucrania y Europa como la última vez que hubo reuniones hace meses. Moscú quiere la entrega de todo el Donbás para cantar victoria (aunque sea pírrica), la neutralidad de Ucrania, un nuevo gobierno que reemplace al de Zelenski y un futuro en el que Kiev permanezca bajo control de Moscú. Es decir, desea imponer una capitulación.
Para conseguirlo, Putin tiene en Trump a su mejor aliado. El rubio presidente de Estados Unidos, que ya desde la primera legislatura mostró su clara preferencia por el viejo agente del KGB frente a sus aliados, no ha dejado de salir en ayuda de su "amigo" cada vez que Ucrania tomaba la iniciativa. Ahora, ya totalmente alineado con los intereses de Moscú, la semana pasada protagonizó un momento histórico: cuando los ejércitos de EEUU y Rusia combinaron sus esfuerzos para presionar a un tercero. Uno de ellos, cortando la información de inteligencia a su antiguo aliado, y el otro, bombardeando con toda su furia a un país que ya no tiene interceptores y cuyas compras a Washington tampoco se aprueban.
Tras estos ataques, Donald Trump ha llegado a decir que Putin "tampoco ha hecho nada malo" en Ucrania, una guerra que quizá ya haya superado el millón de muertos en ambos bandos y que dejará para la historia crímenes infames y perfectamente documentados como los de Bucha, Izium, el teatro de Mariupol o ahora la hambruna inducida en la sitiada Oleshki.
Trump prometió, como uno de sus principales objetivos anunciados en su campaña electoral, "acabar con la guerra de Ucrania en un día". La realidad es que vamos para dos años en los que ha propuesto, impuesto y casi inventado treguas de todo tipo, con el acuerdo de Kiev, pero que Moscú violaba a las pocas horas sin atender a las consecuencias, porque, en realidad, la consecuencia siempre ha sido cargar contra Zelenski, al que Trump ha llegado a llamar "dictador sin elecciones" cuando tiene a Vladimir Putin sentado en el Kremlin desde hace 27 años con la oposición en el exilio, en la cárcel o en el cementerio.
¿Por qué ha tomado Trump esa posición, cuando puede incluso perjudicarle electoralmente? El 70% de los estadounidenses son proucranianos, según las últimas encuestas de YouGov, por lo que el Congreso que salga de las inminentes elecciones de medio mandato puede ser aún más favorable a Kiev y a Zelenski que el actual.
Varios ex miembros de la Casa Blanca aseguran que sólo se trata de negocios lucrativos entre los propios negociadores, incluyendo al empresario inmobiliario Witkoff y a Jared Kushner, yerno de Trump. Hui Chen, ex asesora de ética del Departamento de Justicia, asegura que "existe un conjunto de entrelazamientos alarmante y muy preocupante entre los negociadores de EEUU y Rusia. ¿Van los intereses personales implicados a influir indebidamente en el resultado?". Si ese es el objetivo, hacer dinero, tampoco está funcionando.
¿Por qué hasta ahora el modelo de conseguir la paz para hacer dinero de Trump no ha convencido a Putin? Básicamente, ambos hablan idiomas diferentes: uno es un hombre de negocios sin ideología que todo lo supedita a acumular capital. El otro ha emprendido una guerra que, en su lógica moldeada durante la Guerra Fría, tiene mucho de cruzada imperial en la que desea acabar con el Estado soberano de Ucrania al precio que sea, aunque la economía rusa pueda arruinarse o mueran un millón de hombres rusos. Para Trump, las conversaciones son un fin: ganar dinero. Para Putin, son un medio:mantener a Trump en el juego mientras la maquinaria bélica sigue destruyendo vidas.
El nivel de penetración de la propaganda rusa en esta Administración de Estados Unidos se estudiará en las universidades. Historias creadas por la llamada Operación Doppelgänger de los laboratorios de fake news en Moscú o San Petersburgo son después repetidas por Trump o JD Vance sin que la CIA, la mayor oficina de Inteligencia del mundo, sea capaz de ponerles filtro. Y esa es una gran baza para Putin, porque consigue trasladar su idea de la guerra al corazón de la Casa Blanca.
El Instituto de Estudio de la Guerra (ISW, por sus siglas en inglés) asegura que "el Kremlin está intentando negociar bajo la falsa suposición de que Rusia tiene la iniciativa estratégica en el campo de batalla en Ucrania, a pesar de las abundantes pruebas en contrario".
La realidad es que Rusia y Ucrania están alejados en los temas clave: Kiev estaría de acuerdo con congelar la guerra en el punto actual del frente, pero no quiere ceder el Donbás aún controlado por sus tropas bajo ningún concepto. La razón es política, pero también militar. Se trata de cuatro o cinco ciudades conocidas como el "cinturón de fortalezas", una zona fortificada que Rusia no ha podido conquistar desde 2014. Si cambiara de manos, dejaría a Ucrania casi indefensa ante una tercera hipotética invasión en el camino hacia Kiev.
El segundo gran escollo son las garantías de seguridad, algo esencial para Ucrania, que necesita la presencia de sus aliados como disuasión ante la agresividad rusa. Moscú se niega a aceptarlo. Y aún no han hablado de la arquitectura de seguridad europea ni de las elecciones en Ucrania: cualquiera de los rivales que tendría Zelenski (Zaluzhny, Klitschko o Fedorov), sería aún más radical que él en su lucha contra el Kremlin.