Un pastor metodista para obrar el milagro demócrata en Kansas: "Jesús dice que hay que salir de la barca"
"Estaba embarazada de ocho meses y me arrestaron porque no pude hacer un pago de 50 dólares a Roger Marshall. El sistema sanitario está roto, pero no para él". Lo primero que suena al encender la radio del coche cada mañana en el condado de Johnson es la voz de Meischa, una de las 700 pacientes a las que el entonces médico, y hoy senador republicano por Kansas, denunció para poder cobrar sus tarifas atrasadas. Más de 80 fueron detenidas, algunas acabaron en prisión y un buen número vio cómo les embargaban los salarios y las cuentas bancarias, tras ser incapaces de hacer frente al interés del 18% que la clínica cobraba por pagos fraccionados, incluso si lo adeudado eran apenas 100 dólares. Marshall, un veterano ginecólogo, era a menudo la única opción para las mujeres en una zona rural del Estado en la que los seguros médicos no son lo más frecuente. Gracias a su labor, acumuló un patrimonio de casi 10 millones de dólares antes de dedicarse a la política.
Lo primero que ve también un visitante al salir de Kansas City, o en las afueras de Topeka, son las enormes vallas publicitarias de su rival, Adam Hamilton, candidato demócrata y pastor principal de una congregación fundada en 1990 y que ahora tiene cerca de 25.000 fieles. Alguien que nunca había pensado en dedicarse a la política, que dice que no quiere pasar la mitad de su tiempo en Washington, pero que a principios de año, descorazonado por el trumpismo y su fiel peón en el medio oeste, decidió dar el salto. Sus carteles amarillos están a ambos lados de las carreteras, centrados invariablemente en la Sanidad, en cómo "395.000 paisanos de Kansas no tienen acceso a Medicare" y en cómo los votos de su rival en el Congreso han encarecido los seguros y complicado el acceso a programas de ayuda sociales.
El senador republicano Roger Marshall, a la derecha, y el candidato demócrata al Senado, Adam Hamilton, participan en un debate televisivo el pasado miércoles.Ap
Martha, una de las voluntarias que ha organizado un townhall, uno de esos eventos de preguntas sin filtro del público que tanto gustan en EEUU (salvo al doctor Marshall, que lleva 600 días sin hacer uno después de que en el último saliera escaldado) en la Shawnee Mission Unitarian Universalist Church de la localidad de Lanexa, explica que el 90% de los indecisos y votantes no registrados que acuden a los actos de Boots on the Ground, una asociación nacida después de las elecciones de 2024 para reforzar la sociedad civil, lo hacen para preguntar por cuestiones sanitarias. O para contar sus casos. "Como puede ver, la gran mayoría tiene ya cierta edad", añade mientras la sala principal de la iglesia se llena poco a poco de jubilados entusiastas.
El protagonista este lunes por la tarde es Michael, un hombre mayor que ha conducido más de 250 kilómetros desde Wichita Está decepcionado porque el pastor Hamilton no ha podido asistir, pero aun así se explaya, al borde del llanto, contando los últimos meses, muy precarios, de su padre, un veterano de la Segunda Guerra Mundial. Busca consuelo pero sobre todo busca que alguien le diga que el sistema puede cambiar.
Interesante laboratorio político
Kansas se ha convertido inesperadamente en uno de los laboratorios más interesantes de la política estadounidense. Donald Trump ganó en 2024 por 16 puntos de ventaja sobre Kamala Harris. El estado no ha escogido un senador demócrata desde 1932 y parecía que iba a ser un paseo. Y, sin embargo, en pocos meses, el pastor Adam Hamilton le ha dado la vuelta a la historia, y a las encuestas, y está empatado técnicamente con el favorito de Trump. "Diría que estamos viviendo un milagro, pero con este candidato no parece apropiado", dice sonriendo Martha.
Hamilton, un hombre tranquilo, moderado, centrista, ha optado por una campaña centrada en valores y muy local. No le gusta ir al choque, no es agresivo. Ni habla demasiado de su partido, y cuando lo hace es para recalcar que ser demócrata en Kansas tiene poco que ver con serlo en Nueva York o Los Ángeles. "No soy alguien que favorezca al Partido Socialista. Soy alguien que se sitúa en el medio", replico el miércoles por la noche en un interesante cara a cara, centrado mucho más en sustancia que en ataques personales, aunque los hubiera.
"Si hay una palabra que a Adam Hamilton le gusta esa es sin duda alegría", explica una portavoz de su Iglesia, contando cómo al pastor le costó dar el salto y cómo lo hizo apoyándose en las escrituras. "En Mateo 14:22-23, Jesús dice que hay que salir de la barca y eso es lo que Adam y su esposa sintieron que tenían que hacer, salir de la barca para ayudar de otras formas", añade su empleada.
La mención a la alegría es tan importante en la cosmovisión de la congregación, que a menudo los servicios religiosos de su Iglesia, la congregación metodista más grande de EEUU, arrancan precisamente con una versión modernizada del Himno a la alegría, con la letra de Henry Van Dyke, con una orquesta completa y un coro de 100 personas. En el párking de Lanexa, miles de coches se apiñan el fin de semana a primera hora y un enjambre de familias, vestidas de domingo, entonan himnos para los más de 10.000 asistentes, en persona o por internet.
La iglesia, fundada por Hamilton en 1990 en la capilla de una funeraria, tiene nueve sedes y cuenta con alrededor de 25.000 miembros. Su presupuesto anual supera los 35 millones de dólares y tiene activos por valor de 180 millones, incluyendo la nueva y flamante capilla, que inauguró a finales de agosto haciendo una parada en la campaña. En los pasillos, carteles de talleres, seminarios de lectura de la Biblia, excursiones y actividades de Halloween. Los metodistas sólo van una vez a la semana a misa, pero participan en las actividades constantemente, formando una comunidad unida. Para algunos, en plena ola conservadora, demasiado liberal, por lo que han perdido miembros.
"Adam ha formado una congregación donde la gente se sienta junta, hombro con hombro, sin importar si son republicanos, demócratas o independientes. Les unen los valores, una visión de comunidad, el deseo de ayudar y el compromiso con un código moral. Adam ha dedicado mucho tiempo a acompañar a la gente en sus momentos más difíciles, ya sea oficiando funerales, apoyando a padres que han perdido un hijo o asistiendo a parejas en proceso de divorcio; situaciones emocionales muy duras. Por lo tanto, no solo comprende por lo que atraviesa la gente, sino que posee una empatía increíble. Y no puedo imaginar un mejor momento en este país para contar con alguien que tiene un código moral, empatía, inteligencia y visión estratégica", explica a EL MUNDO, Kathleen Sebelius, ex gobernadora del Estado y ex ministra con la Administración Obama.
La idea que guió el proyecto en sus inicios, explican un día entre semana por la tarde, con las instalaciones vacías, era distinta de la de una parroquia que espera simplemente que la gente acuda por tradición. Hamilton quería llegar a quienes quizá se consideraban espirituales, albergaban dudas teológicas y éticas o simplemente habían dejado de asistir a la iglesia. Para ello puso una estrategia explícita de márketing y de acercamiento a los no practicantes, con llamadas telefónicas y envíos de correos masivos para dar a conocer la nueva congregación en toda la zona. Métodos que ha replicado en su campaña para el Senado. En cada intervención dice que su objetivo es tender puentes, hacer comunidad y llegar a todos, sobre todo a los progresistas descreídos, a los republicanos decepcionados y a los independientes (hasta un tercio del total en el Estado) y los indecisos.
Un líder que sabe escuchar
Hamilton no es una superestrella, pero tiene 35 años de experiencia hablando en público, convenciendo a la gente, y sabe identificar rápido cuándo algo funciona y cuándo no. "Su mejor virtud es que escucha, sabe escuchar. Para ser pastor en Kansas tienes que escuchar, tener empatía, y eso te da habilidades que todo político debería tener", apunta Robert, uno de los voluntarios de Lanexa. Además, Kansas es grande, pero uno de cada cuatro registrados para votar lo está en el condado de Johnson.
"Cerebro, corazón, coraje. Cerebro, corazón, coraje. Cerebro, corazón, coraje". Aunque no es el lema oficial de su campaña, el público sale de los mítines de Adam Hamilton repitiendo las tres palabras como un mantra. La idea surgió casi por casualidad, explican en el equipo del aspirante a senador, pero funciona, funciona muy bien.
La última vez que Kansas eligió a un senador demócrata, Herbert Hoover era presidente, una casa costaba menos de 3.000 dólares y el galón de gasolina, 18 centavos. Casi un siglo después, con el combustible en máximos, creciente preocupación por la Sanidad y la Educación y una enorme crisis de valores, el Estado que vio nacer a Bob Dole y en el que creció Dwight Eisenhower, el Estado que apoyó abrumadoramente a Donald Trump en 2024, se pregunta si es hora de un cambio profundo. Lo hace, eso sí, a su manera. Apostando por un religioso poco sospechoso de izquierdista a pesar de las críticas de la Casa Blanca. Lo hacen apelando constantemente la "decencia" y buscando referentes.
En su primer debate cara a cara para estas elecciones, el candidato demócrata se volvió viral usando una poderosa referencia, muy poderosa en esta tierra: El mago de Oz. La obra de L. Frank Baum, publicada en 1900, tiene un museo dedicado en el pueblo de Liberal y el aspirante encontró la metáfora que buscaba tras una visita. "¿Recuerdan al Espantapájaros, al Hombre de Hojalata y el León Cobarde? Necesitaban un cerebro, un corazón y coraje. Y te tienes que reír porque eso es exactamente lo que está mal en Washington. Hemos mandado a mucha gente que ha ido y perdido la cabeza. Ya no usan el pensamiento crítico para resolver problemas. No piensan por sí mismos. Hacen lo que les dice su presidente o su partido. Eso no es bueno para Kansas. (...) Tienen que tener cerebro y escuchar a su gente. Y cuando lo hagan, necesitarán corazón, porque la gente está sufriendo. Los políticos no pueden seguir votando por cosas que quitan el seguro médico por ejemplo a 51.000 personas en el estado de Kansas o que dejan a 18.000 niños sin ayudas del programa de alimentos. Finalmente, tienen que tener coraje para enfrentarse al presidente y a su partido, incluso les va a intimidar, a molestar, a desafiar en unas primarias. Porque tienen que decir: 'Esto no está bien'".
Adam Hamilton, hace unos años, pronunciando un sermón en la Wesley Covenant Chapel de la Iglesia de la Resurrección, en Leawood, Kansas.Getty
Esa idea reaparece cada día en las intervenciones de Hamilton, como aparecía antes en sus sermones. Hace 60 años, Henry Littlefield, un profesor de instituto, se volvió célebre al sostener que El mago de Oz era en realidad no sólo un relato sobre crisis, pobreza y esperanzas, sino una parábola sobre el populismo y una alegoría de la política estadounidense de finales del siglo XIX. El camino de baldosas amarillas hacía referencia al patrón oro. Los zapatos (en el libro son de plata, no rubíes como en la película de 1939) representarían la propuesta populista de acuñar más metales además de oro. Dorothy era el símbolo del ciudadano de a pie; el Espantapájaros, de los granjeros; el Hombre de Hojalata, los obreros industriales. Y el León Cobarde, el alter ego de William Jennings Bryan, el candidato populista y demócrata que fue derrotado en sus aspiraciones presidenciales en 1896. El Mago, en esa lectura, era el poder político que oculta su debilidad, y la Ciudad Esmeralda, claro, Washington.
Impopularidad de Trump
Hoy, los mismos símbolos se repiten. Hay cobardes y valientes, granjeros y obreros, hay gente corriente con problemas claros: salarios, vivienda, sanidad. Y líderes populistas centrados en sus obsesiones personales y acumular riqueza. El lunes, mientras Hamilton cuidaba su voz para un nuevo debate, su rival, el senador Roger Marshall daba la bienvenida a Donald Trump, la primera visita de un presidente en el cargo en 20 años, lo que muestra la preocupación por las encuestas y el brutal cambio en poco tiempo. En 2024, los Republicanos se impusieron por 16 puntos y ahora están empatados. El índice de aprobación de Trump está en apenas el 37%. Y el de desaprobación, en un brutal 60%.
El presidente y Marshall participaron en un mitin en el que se habló poco o nada de Kansas, de los problemas de los vecinos, y mucho de los demócratas, de Michigan, de las fronteras, de transgéneros, del islam y del yihadismo, con dosis de antisemitismo también. El senador insistió en que esa es ahora mismo la peor amenaza para el país y para sus vecinos. Lo que probablemente explica por qué las encuestas parecen colocar a su rival como favorito. "Roger debería dejar de dedicarse a ser portavoz del presidente", repite cada día el pastor.
Los sondeos reflejan la impopularidad que ha alcanzado la agenda del segundo mandato de Trump entre los votantes, especialmente en los estados tradicionalmente republicanos del Medio Oeste, que se han visto desproporcionadamente afectados por el aumento de los precios del combustible y los aranceles. El pasado lunes, Trump anunció allí un programa de "alivio del combustible de cosecha", prometiendo compensar a los agricultores por los precios del diésel y la gasolina, que en las últimas semanas han superado los seis dólares por galón en Kansas.
Pero es palpable que los ciudadanos están decepcionados y tristes y furiosos y muchos no entienden que el senador dedique más esfuerzos a defender el presidente que a su estado. Hasta cinco asistentes fueron expulsados del mitin por protestas. Seis de los ocho ex gobernadores de Kansas, incluyendo a dos Republicanos, apoyan al pastor en estas elecciones. Y los otros dos conservadores, no han respaldado a su colega. "Sí, el precio de la gasolina es alto, pero hay cosas más importantes que el dinero en Kansas", dijo Marshall ayer mismo. "Al igual que con mi esposa, puedo estar en desacuerdo con ella. Claro que mi esposa siempre tiene razón, y el presidente Trump no siempre", bromeó. "Pero creo que es genial tener una relación en la que puedo llamarlo por teléfono y hablar con él sobre las ventajas y desventajas de lo que está considerando", concluyó tras defender todas sus políticas, desde los aranceles a la guerra de Irán, salvo las redadas del ICE. Al menos las que han aterrorizado al sur de Kansas.

