Científicos hallan una correlación inquietante en 1.600 casos de supuesta reencarnación
Puede que la reencarnación tenga poco lugar en la ciencia actual, que todavía no ha encontrado pruebas sólidas de que realmente exista. Y, sin embargo, la idea de volver a nacer está lejos de ser ajena a otras formas de entender el mundo. Para ciertas tradiciones del hinduismo y el budismo, aunque conciben ese proceso de manera distinta, el ciclo de muertes y renacimientos no es una simple curiosidad sobre lo que ocurre después de morir, sino una pieza central de su manera de concebir la existencia.
El archivo de Virginia sobre reencarnación
Aun así, ese vacío de pruebas no ha impedido que algunos investigadores se adentren en un terreno poco habitual para la ciencia. Entre ellos estuvo el psiquiatra Ian Stevenson, que en los años sesenta ya viajaba por distintos países para investigar testimonios de supuestas vidas pasadas. Su trabajo quedó ligado a la Universidad de Virginia, donde desde hace más de seis décadas se recopilan relatos tan insólitos como controvertidos: niños pequeños que, según los testimonios recopilados, cuentan espontáneamente detalles que parecen corresponder a la vida de personas ya fallecidas.
La División de Estudios Perceptivos, que recopila estos relatos desde la década de 1960, ha formado así el mayor archivo del mundo de los llamados "casos de tipo reencarnación”. Y un nuevo análisis, publicado en la revista Psychology of Consciousness: Theory, Research, and Practice, ha encontrado en él un patrón que los factores culturales y psicológicos examinados no han logrado explicar por completo.
Para hacerse una idea del tipo de testimonios que recoge este archivo, basta con conocer dos casos descritos por Popular Mechanics.
James, un niño de Luisiana, sufría pesadillas con un avión en llamas. A los tres años aseguró haber sido piloto durante la Segunda Guerra Mundial y mencionó un portaaviones llamado Natoma Bay, además de un compañero llamado Jack Larsen. Los investigadores relacionaron sus declaraciones con la biografía de James Huston Jr., un piloto cuyo avión fue derribado sobre el Pacífico en 1945.
Otro de los casos es el de Ryan, un niño de cuatro años de Oklahoma. Al ver una fotografía del Hollywood de los años treinta, aseguró reconocerse en una de las personas, que ni siquiera aparecía en los créditos. El relato acabó relacionándose con Marty Martyn, un agente de Hollywood ya fallecido. De los detalles que el niño proporcionó sobre su supuesta vida anterior, los investigadores pudieron contrastar 55 con la biografía del fallecido agente.
Qué busca el nuevo estudio
No obstante, el nuevo estudio no se centró en determinar si estos relatos son auténticos recuerdos de otras vidas. Su objetivo fue indagar regularidades entre los testimonios. Para ello, un equipo de la Universidad de Virginia, dirigido por la investigadora en neurociencia cognitiva Saeedeh Sadeghi, examinó 1.678 casos que tenían algo en común: en todos ellos, los investigadores habían identificado posibles correspondencias entre lo contado por un niño y la biografía de una persona ya fallecida.
Una de las preguntas que se plantearon fue cuánto tiempo separaba ambos acontecimientos: el fallecimiento de la persona identificada y el nacimiento del niño. Es lo que en este campo se conoce como "tiempo de intermisión”. Según Popular Mechanics, había información suficiente para calcularlo en 1.319 casos. La mediana fue de 16 meses, aunque el intervalo más largo registrado alcanzó los 150 años.
Muertes inesperadas e intervalos más cortos
Pero lo verdaderamente llamativo apareció al comparar las circunstancias de las muertes. Cuanto más inesperado había sido el fallecimiento, menor tendía a ser ese intervalo. En los casos de muertes completamente imprevistas, la mediana era de 12 meses. En cambio, cuando las muertes habían sido más previsibles, ascendía a 21 meses. Es decir, el intervalo entre la muerte y el supuesto renacimiento era aproximadamente un 43 % más corto cuando el fallecimiento había sido inesperado, según los datos recogidos por Science Alert.
El archivo presentaba además otra particularidad. Entre los casos analizados, el 57 % de las muertes se clasificó como no natural y el 68 % como completamente inesperada. La edad media de las personas fallecidas era de apenas 30 años, cifras que dibujan un perfil poco habitual. Según Popular Mechanics, la proporción de muertes no naturales e inesperadas superaba ampliamente la registrada en las estadísticas generales de mortalidad.
Un precedente de hace casi cuatro décadas
En realidad, la posible relación entre una muerte violenta y un supuesto renacimiento más rápido ya se había planteado décadas atrás. En 1988, el psicólogo N. K. Chadha y el psiquiatra Ian Stevenson analizaron 326 casos y observaron una tendencia similar. Sin embargo, como recuerda IFL Science, la asociación solo alcanzó significación estadística en la India y en el conjunto de los casos estudiados.
Precisamente por esas limitaciones, el nuevo equipo quiso comprobar si el patrón persistía en una muestra mucho mayor y, sobre todo, si podía explicarse por factores culturales o psicológicos.
Una de las objeciones más evidentes es que las familias que creen en la reencarnación podrían favorecer este tipo de relatos. Para ver si este podía ser el caso, el equipo examinó posibles fuentes de sesgo, como el contacto entre familias, la fiabilidad de los datos contrastados, las creencias religiosas y si los niños habían podido conocer previamente la información que contaban.
Aun después de considerar esos factores, la asociación se mantenía. "Para nuestra sorpresa, la relación seguía existiendo cuando la analizamos en un número mucho mayor de casos, y los factores sociales y psicológicos que examinamos no lograban explicarla”, señaló Sadeghi, según un comunicado de la Universidad de Virginia (UVA Health).
De hecho, el efecto era más marcado entre familias cuyas religiones no aceptaban la reencarnación. "Estos resultados no respaldan la idea de que las creencias sociales estén determinando este patrón”, afirmó el psicólogo social de la UVA Philip Cozzolino.
Los límites del hallazgo
A pesar de lo observado en el estudio, estos resultados están lejos de demostrar la reencarnación. La relación encontrada es débil: saber si una muerte fue inesperada apenas permite explicar estadísticamente entre el 2 % y el 3 % de las diferencias en la duración de los intervalos entre unos casos y otros. Además, al basarse en datos observacionales, el estudio no permite establecer una relación de causa y efecto ni concluir que la conciencia sobreviva a la muerte.
Tampoco pueden descartarse por completo otras explicaciones. Como señala IFL Science, la información puede circular entre familias y comunidades sin que los investigadores logren reconstruir cómo llegó hasta el niño. A ello se suma la posibilidad de identificar retrospectivamente a una persona fallecida cuyos datos encajen con parte del relato. Incluso la mayor repercusión de las muertes violentas podría influir en los testimonios recogidos.
La capacidad de este factor para predecir los intervalos es muy limitada. Aun así, a los investigadores les llama la atención que exista una asociación estadística entre las circunstancias de una muerte y el nacimiento de un niño que supuestamente recuerda esa vida. Según los investigadores, no se ha establecido ningún mecanismo convencional que vincule directamente ambos acontecimientos.
La idea encuentra un curioso paralelismo con algunas creencias religiosas. Los investigadores señalan que, en ciertas tradiciones hindúes, budistas e indígenas de Norteamérica, una muerte repentina puede asociarse con deseos, vínculos u obligaciones que quedan sin resolver. Según su interpretación, estos asuntos pendientes podrían favorecer un renacimiento más rápido. Sin embargo, no se trata de una creencia compartida por todas esas tradiciones ni de una explicación científica del fenómeno.
Una cuestión que sigue abierta
Por ahora, el misterio permanece abierto. Los resultados no demuestran que exista la reencarnación, algo que la propia Sadeghi se encarga de subrayar. "¿Es esto una prueba de algo metafísico? Los datos son observacionales y nos cuidamos mucho de mantener una postura agnóstica respecto al mecanismo”, afirma la investigadora.
Sin embargo, considera que el hallazgo merece atención. "Lo que sí puedo decir es que el patrón es real en los datos”, señala, y eso constituye una razón "para seguir investigando, no para mirar hacia otro lado”.
Una postura que comparte la investigadora Marieta Pehlivanova, quien, según recoge UVA Health, considera que la falta de una explicación clara ofrece nuevos motivos para continuar estudiando estos patrones.
Al final, el trabajo plantea más preguntas de las que responde. La correlación aparece en los datos analizados, pero todavía no está claro qué factores la explican. Y mientras no se encuentre una explicación convincente, la reencarnación seguirá despertando fascinación y curiosidad, aunque su existencia continúe sin contar con pruebas científicas sólidas. Hasta ahora.
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