Talmud, rezos y urnas: la ciudad israelí donde se vota en función de lo que dicen los grandes rabinos
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En la emblemática Yeshivá Slabodka, los estudiantes están mucho más interesados en el Talmud de Babilonia que en los sondeos sobre las inminentes elecciones parlamentarias de Israel. Lejos del fervor político ante el 27-0, los jóvenes-solteros de entre 17 y 23 años- leen, reflexionan y dialogan sobre los textos sagrados en la sala de estudio de esta institución religiosa de referencia en Bnei Brak. Una ciudad situada muy cerca de Tel Aviv, aunque sólo a nivel geográfico.
"Mi función es que estos estudiantes se conviertan en mejores personas. Alguien que estudia la Torá es más espiritual. Y si es espiritual y es mejor persona se puede acercar más a Dios", afirma a EL MUNDO el rabino Yehuda Shatz en el prestigioso centro talmúdico perteneciente a la corriente lituana en la ortodoxia judía. Como Mashgiaj (supervisor espiritual), se refiere a los estudiantes como si fueran sus propios 14 hijos. "Una persona con cualidades morales no se preocupa solo del 'yo', de ser el centro de todo y de ganar dinero. Si uno se ocupa de sí mismo, suele ser en detrimento de otro", añade.
Le acompañamos a una de las sinagogas repartidas en las callejuelas de Bnei Brak para el rezo de la tarde (Minjá). Al finalizar, alguien se le acerca para una consulta sobre lo que dice la Ley Judía (Halajá) en un asunto cotidiano.
Fundada en 1924, Bnei Brak es la ciudad con mayor densidad demográfica del país: alrededor de 230.000 habitantes (en su inmensa mayoría jaredíes) en apenas 7,3 kilómetros cuadrados. En contraste con su crecimiento que caracteriza al sector ultraortodoxo (6,5 hijos por familia), sus opciones en las urnas se mantienen casi inamovibles. Judaísmo de la Torá, el bloque jaredí asquenazí que aúna diversas corrientes, suele ser la lista más votada en Bnei Barak. El movimiento sefardí Shas, el otro partido jaredí en el Parlamento, también atrae, aunque cada vez menos, a tradicionalistas en la periferia. Como alternativa a los dos partidos del establishment, ha surgido Público Jaredí. La formación, con dos mujeres en la lista y una posición más integradora, promete "trabajar para que cada jaredí pueda integrarse en el mundo laboral sin renunciar a los principios de su vida y las causas fundamentales del judaísmo jaredí". El primer ministro, Benjamin Netanyahu, presiona a su líder, Moti Leitner, para que abandone la carrera al temer que no alcance el umbral necesario lo que haría perder votos en su bloque.
"Hay un chiste que dice que 'antes de las elecciones, las paredes hablan solas con muchos anuncios; pero cuando acaban, puedes hablar tú a las paredes, que no te harán caso", bromea el rabino Shlomo Katzin. Con un español resultado de su adolescencia en Panamá, adonde fue enviado su padre como rabino, confirma el criterio de voto: "Aquí no se vota por economía, medio ambiente o seguridad. Votamos lo que los grandes rabinos nos digan".
"Hay un precepto en la Torá que dice 'Y actuarás conforme a todo lo que te indiquen'. Si tu líder espiritual, que es sabio y tiene mucha experiencia, te dice una cosa, tú como jaredí no puedes hacer otra cosa. Los grandes rabinos tienen la última palabra", explica.
"Los partidos jaredíes llegan a las elecciones muy decepcionados. Hace cuatro años veían que se había formado el Gobierno de sus sueños y ahora consideran que ha sido la peor época para ellos. El enfado contra los jaredíes por el asunto del reclutamiento se multiplicó durante la guerra tras el ataque del 7 de octubre del 2023", admite Ishai Cohen, el principal comentarista del medio Kikar Shabat (Plaza de Shabat).
Malestar por el servicio militar
El malestar en la calle jaredí también se dirige hacia sus representantes por no haber logrado legislar la exención militar de sus jóvenes tras ser anulada por el Tribunal Supremo en 2024. Más allá de alegar que el estudio de la Torá es el milenario escudo que protege al pueblo judío, temen que el joven empiece el servicio militar obligatorio como jaredí y salga sin serlo.
Durante la campaña electoral, Netanyahu intenta distanciarse de sus dos socios ultraortodoxos en el Gobierno al ser consciente de que es una alianza impopular. La asignatura pendiente desde el permiso dado por David Ben Gurión a 400 estudiantes de Torá en 1948 se ha transformado en necesidad al ser hoy decenas de miles (no todos dedicados a las Sagradas Escrituras) y cuando el ejército avisa que en enero le faltarán 17.000 soldados a raíz de la guerra. Muchos, incluyendo conservadores religiosos, critican lo que llaman "insolidaridad" en el sector que constituye el 14% de la población.
"La comunidad jaredí ama al ejército y en Bnei Brak recordamos la ayuda de soldados aquí repartiendo comida en la época del coronavirus. Hemos pasado el 7-O, donde por ejemplo yo, como voluntario paramédico, rescaté heridos con la ambulancia bajo fuego, la guerra, muchos muertos y el luto", recuerda Katzin. Nacido en Jerusalén hace 30 años, vive en Bnei Brak desde hace una década. Se casó a través de un shiduj (pacto de las dos familias). Tras cuatro encuentros en la cafetería de un hotel de Tel Aviv dialogando especialmente sobre el futuro, le pidió la mano. Tienen cuatro hijos. Ella es trabajadora social y él ejerce de rabino de la organización Olami para estudiantes hispanoparlantes en la Universidad Reichman de Herzliya y es voluntario paramédico en Ichud Hatzalah.
En Bnei Brak, predomina el hebreo, pero no falta el yiddish -lengua germánica occidental hablada históricamente por los judíos asquenazíes de Europa Central y Oriental-. Como tampoco los móviles Casher (aptos, según la ley judía) que solo permiten llamadas y sin aplicaciones ni red en la que caer. "Estar en casa sin smarphone y televisión es lo más agradable que puede pasar a tu familia. Hablas con tus hijos sin necesidad de ver el último estado en las redes. Esta desconexión de los jaredíes se debe sobre todo a no acceder a cosas prohibidas de acuerdo a la ley judía. Se trata de un asunto religioso, social y familiar".
La desconexión es particularmente llamativa en un país en el que uno prepara las maletas para viajar pero en lugar de ir al aeropuerto debe correr al refugio al estallar una nueva guerra con Irán. "Si hay un ataque, las sirenas se activan en toda la ciudad", nos comenta en la calle Rabbi Akiva, la principal arteria de Bnei Brak, donde abundan tiendas de trajes y de productos relacionados con bebés.
"Seguramente los jaredíes son las personas más felices en Israel aunque afrontan muchos problemas. No están todo el tiempo corriendo en busca de este mundo. Quien busca ser espiritual no solo se ocupa de si mismo sino que busca tener un hogar feliz", asegura el Rabino Shatz, quien prefiere hablar sobre la búsqueda de la "plenitud del carácter" de sus estudiantes que de las promesas de los políticos.