El ‘KO’ anímico de las lesiones: “La incertidumbre me iba consumiendo”
Las lesiones de larga duración son el mayor miedo al que se enfrentan cada día los futbolistas. Unas dolencias que cortan por completo el momento de los profesionales, que les impiden hacer lo que más les gusta y que, en algunos casos, pueden acabar suponiendo una retirada temprana. En los últimos meses en LaLiga han caído en el dique seco Uche, Casadó y Mendy, entre otros y esta semana sin ir más lejos fue Kvaratskhelia, del PSG, el que tuvo que abandonar el campo en Champions, con ayuda de los médicos, por el dichoso ligamento cruzado anterior, que va a dejar al georgiano fuera de los campos del fútbol durante toda la temporada. La recuperación de estas lesiones va más allá de lo muscular. El estado de ánimo repercute de lleno en los futbolistas y aquí es donde entra el papel de la psicología deportiva.
“Las lesiones se tratan de diferente manera si son de larga o corta duración. Hay lesiones que se producen, primero no me operan, luego me acaban operando… ese punto de incertidumbre a nivel emocional va a hacer que el impacto emocional sea más complejo y mucho mayor. Una vez que eres consciente de que tienes una lesión, aquí entran muchas cosas. Al jugador le afecta emocionalmente, porque deja de hacer la actividad que les gusta hacer”, comenta para el Diario AS, María Blanco, psicóloga deportiva y CEO y cofundadora de Train Your Mind.
Uno de los problemas a los que se enfrentan los jugadores y que los psicólogos deportivos tienen que trabajar desde el inicio de la dolencia es a la posible pérdida de su identidad, como comenta María Blanco: “No es dejar de hacer a lo que me dedico, como cualquier trabajador, sino lo que más me gusta. Y pierdo cierto punto de identidad, sobre todo los jugadores que tienen muy arraigada la identidad al ‘yo futbolista’, sin tener tanto en cuenta o trabajado el ‘yo persona’. Llega un momento en el que el impacto de alejarme de esa actividad en la que ‘solo soy esto’ va a tener mayor problema, que el jugador que ha trabajado las dos identidades”.
César Jiménez (Ávila, 1977) es un exfutbolista del Zaragoza, al que una grave lesión le obligó a retirarse del fútbol. El 16 de enero de 2005, una dura entrada de Luis Figo en un Real Madrid-Zaragoza, le obligó a pasar por el quirófano. “Viendo las imágenes es cuando me acuerdo. Cuando estoy en la banda tras la lesión intento ponerme de pie y no mantengo el equilibrio, ahí me doy cuenta de que tengo algo grave. Veo las imágenes retorciéndome de dolor y eso no lo recuerdo. Esto desde el primer día”, narra el propio César, para el Diario AS.
César terminó rompiéndose el ligamento cruzado anterior y el menisco. “Durante la lesión no te dicen que no vas a volver. Durante la recuperación con el que más tiempo pasé fue con el fisio. Lo más importante para la rodilla es la estabilidad. Al lesionarme de una patada yo tenía juego. En mi caso la rodilla no me iba a dejar de dar problemas por la estabilidad. Yo volvía, jugaba algún partido, entrenaba una semana, otra tenía que parar y ese fue el motivo de la retirada. Yo me volví a romper otra vez el cruzado y estuve otros seis-ocho meses de baja. En el último año se me inflamaba”. César acabó retirándose con 30 años.
Raquel Peña Rodríguez (Las Palmas, 1988), más conocida como Pisco, es futbolista en activo del Tenerife Femenino. En su caso, una lesión en la rodilla derecha la tuvo alejada de los terrenos de juego durante más de un año, hasta su reaparición, en agosto de 2026. Una de las lesiones musculares de mayor duración en la Liga F. “Tuve primero una lesión de cartílago y quizá por no parar o no tener la información adecuada, porque no tiene cura, arrastré un poco la rodilla derecha y fue la que me lesioné y me hizo pasar por quirófano. Intenté volver con el equipo, tras la lesión de la rodilla izquierda, no me funcionó. Tuve infiltraciones para ver si podía arrancar y cuando veía que sí, me lesioné de la derecha. Intenté el mismo proceso de infiltraciones y cuando vi que no tenía el mismo fruto, tuve que decidir pasar por quirófano e intentar sobre todo mejorar mi salud. Apenas podía pasear, bajar o subir escaleras. Pasé por cirugía por salud y después por intentar alargar un poco más mi carrera. Mi intención era retirarme, pero quería hacerlo jugando”.
El peor veredicto para un futbolista tras una lesión es el de no saber cuándo volverá o si lo hará en plenas condiciones. Pisco consiguió regresar, pero las dudas siempre estuvieron ahí. “Mi mayor problema fue el vivir con la incertidumbre. Sabía de los dolores y ser capaz de soportarlo en la rodilla izquierda, pero desconocía como iba a quedar la rodilla derecha después de la cirugía. Quizá el día a día, la incertidumbre de saber si podía volver a jugar o no, me iba consumiendo un poco”.
Las lesiones cierran caminos, pero abren otros nuevos. La psicóloga María Blanco trabaja con los jugadores y jugadoras en este lapso de tiempo y les da un punto de vista diferente para encaminar el proceso de recuperación: “He trabajado con jugadores en los que la lesión la hemos enfocado en una oportunidad para desarrollar mucho más otras identidades. Hay algunos a los que les puede costar más eso porque nunca han tenido esa experiencia. Ese impacto emocional puede llevar a la tristeza, frustración… una mezcla de emociones que hay que vivir y que son parte del duelo que hay que afrontar al inicio. Cada jugador es un mundo y va a tener una historia de aprendizaje diferente. Es importante individualizar y evaluar el proceso de cada uno”.
Los casos de César y Pisco son diferentes. Mientras al primero, su lesión le llegó en un momento en el que la psicología deportiva no era emergente, la segunda sí pudo hacer buen uso de ella para poder salir adelante. “Cuando me lesioné empezaban los psicólogos deportivos, no era como ahora que todos los clubes los tienen. Todo ha cambiado mucho. En mi caso, me encantaba jugar, disfrutaba el día a día y lo pasé mal. No tiré de profesionales porque no lo necesité, pero estuve mal. A mí me encantaba ir a entrenar, el vestuario… De repente dejas de hacer eso, se corta de raíz. Lo voy asumiendo poco a poco y voy a la ciudad deportiva, aunque no a entrenar. Cuando llega ese día de ‘se acabó’, lo paso mal. Esos meses antes de terminar la temporada me los tomé de reflexión. Era consciente de ello y lo asumía. Son épocas, es la vida y se trata de asumirlo”, comenta César al respecto, mientras que Pisco añade: “Tengo una psicóloga externa y para mí ha sido una herramienta fundamental. Me habría sido mucho más difícil salir de la lesión como he salido. He tenido el apoyo de mis amigas, mi pareja y mi familia. En conjunto han hecho posible mantener la cabeza estable y bien para poder afrontar la lesión”.
Las lesiones de cruzado, aunque son fuertes y de larga duración, son más fáciles de trabajar para los psicólogos deportivos porque, en general, tienen plazos más delimitados. “La primera fase está centrada en identificación y aceptación de emociones. Estoy triste, tengo que estarlo, es natural estarlo y tengo que utilizar esto a mi favor. Después entraríamos en una fase de poner todo lo que tengo en volver lo mejor posible y ahí es donde aparecen emociones de miedo, duda… de cómo voy a afrontar esto. En este sentido es trabajar el foco en objetivos de tarea que dependan de mí al 100% y me acerquen mucho más al objetivo de recuperación y vuelta a la competición, en la situación en la que estaba. Acaba esa fase que te limita a nivel físico. Se empieza a trabajar el miedo o las dudas que puedan surgir y aquí, una variable muy importante va a ser gestionar el estrés, que va a partir tanto de la incertidumbre que pueda sentir en la recuperación de la lesión o lo que esté pasando en mi vida en ese momento, si acabo contrato, un Mundial de por medio…”, explica María.
La psicóloga deportiva saca a la palestra un tema importante: el estrés. El profesional debe tratar de mitigarlo con trabajo, porque es una de las mayores causas de recaídas en las lesiones de larga duración. “El problema del estrés alto es que es la variable psicológica que más incidencia ha demostrado en la aparición de lesiones y en la recaída. Es muy importante controlar ese estrés. Por un lado, que lo evaluemos en qué punto está y por otro que aprendamos estrategias de relajación de gestión del contexto, de enfoque de los objetivos para que no sean una fuente de presión… Todas las fuentes de estrés que tenga el jugador vamos a tener que manejarlas en esa fase. Después de esta fase, tenemos la vuelta a la competición donde además de trabajar el estrés, trabajamos la confianza (Cómo quiero estar) y entender los pasos que me van a adaptar al contexto y cómo recupero mi confianza para volver a ser el futbolista igual o mejor que era antes”.
Para Pisco, la fase de recuperación de su lesión no fue un camino de rosas. Los dolores, las dudas, las inseguridades se hicieron patentes y llegó a pensar en la retirada. “Cuando me rompo el cartílago de la rodilla derecha pienso que quizá el fútbol ya no está hecho para mí, para seguir aguantando las lesiones y dolores. La información que tenía era tener una cirugía para retirarme y esa frase me tocó un poco, quise buscar segundas opiniones y hablé con otros expertos que me dieron la confianza y la seguridad de que volvería a jugar. Entonces opté por la cirugía y poco a poco fui dando con profesionales que creían en el proceso, en su trabajo y en mí. Fuimos trabajando de la mano hasta que se dio lo positivo de que volvería a jugar”.
Por su parte, César siguió unido al fútbol tras la retirada: “Me quedé entrenando en la Fundación, a alevines, infantiles, al filial de segundo entrenador… unos años más hasta que volví a Ávila de donde soy. Te adaptas, la familia, otras cosas y seguimos. Soy director de un centro de enseñanza deportiva de entrenadores de fútbol y sigo viendo partidos. Continúo vinculado de esa manera”.
Las lesiones de ligamento cruzado, como hemos hablado anteriormente, dentro de la gravedad por los largos procesos de recuperación, lo ‘bueno’ que tienen es que los plazos son controlados. Desde la psicología deportiva se trabaja de manera diferente con las lesiones en los que la vuelta a los terrenos de juego son una incógnita, como fue el caso del exjugador del Villarreal Bruno Soriano, que estuvo 1.128 días de baja tras complicaciones en su operación, que derivaron en un Sudeck. “Todas las lesiones que tengan ese punto de incertidumbre. Desde roturas musculares, cuando el jugador no sabe la gravedad del asunto o las que se van complicando, tienen un impacto emocional que no es controlable. Son lesiones de aceptar la situación, adaptar expectativas, de manejar impactos emocionales y duelos continuos… es un desgaste emocional que ninguna persona estamos preparados para llevarlo y por muy preparado que esté el jugador o por muchos años que lleve trabajando el aspecto mental, va a seguir teniendo ese impacto. Es un periodo de mucho trabajo, de semanalmente aceptar, cambiar objetivos, expectativas…”.
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La suerte para Pisco es que volvió a realizar lo que más le gusta, tras más de un año parada por la lesión. Unos momentos que recuerda con gran emoción. “Cuando volví con el equipo, no sé si era por la ilusión que tenía de ver a mis compañeras, de volver a disfrutar de la pelota… eso me hizo disfrutar el día a día. En los primeros minutos se me cayeron las lágrimas de impotencia de todo lo que había vivido, de lo que pasé. Al final el trabajo durante tanto tiempo tuvo su recompensa y se vio reflejado en esas lágrimas finales”.
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