En la 'zona cero' de Marsella: "Los comerciantes pagamos pena doble"

En la 'zona cero' de Marsella: "Los comerciantes pagamos pena doble"

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«Make French Revolution Great Again». La reivindicación, que pide ensalzar de nuevo la Revolución Francesa al estilo MAGA (Make America Great Again), recorrió ayer las calles de Marsella, donde se congregaron 17.000 personas. Sus ciudadanos estaban visiblemente irritados: por el encarecimiento de la vida, la degradación de los servicios públicos, la reforma del sistema educativo y la gestión de Emmanuel Macron. Durante la segunda jornada de protestas, abundaron entre los manifestantes las llamadas a la "rebelión" y a "entregarse al caos". Pero en la ciudad foceana, hay una brecha entre quienes alientan la insurrección y quienes, aún compartiendo el malestar, rechazan sus métodos. El movimiento se comprende mejor sondeándola.

MIRA Y DORY, ESTUDIANTES

"Yo encuentro normal que la gente rompa en cólera y rompa cosas, que robe. Lo hacen porque están hartos de protestar y que nadie nos escuche". El hastío que describió ayer Dory, estudiante universitaria y trabajadora en prácticas en una escuela, es la clave que explica los albores de un nuevo intento de revolución francesa. Se sentó junto a su amiga Mira, madre de un bebé de ocho meses, con carteles que cargan contra el presidente y contra la Policía. "No íbamos a venir porque nos daba miedo y es precisamente por eso que estamos aquí", contó la segunda en la antesala de una jornada de protestas que se saldó con fuertes cargas policiales.

Antes de que nada ocurra, claman contra la Policía porque "no tiene límites". «Bajo el argumento de la violencia del fin de semana pasado, no van a permitirnos elevar nuestra voz frente a las cosas que no van bien en Francia: cada vez hay más gente sin hogar, la educación pública abandonada, los salarios estancados y la inflación cada vez es mayor", se expresa Mira. A su juicio, con el refuerzo policial de la ciudad, Macron ha instaurado "la política del miedo para evitar que le molestemos".

Dory y Mira dos jóvenes que acuden a las protestas contra el Gobierno francés

Dory y Mira dos jóvenes que acuden a las protestas contra el Gobierno francésElena Iribas

CORENTINE, POLICÍA

Desde la primera línea de las cargas, todo se vive distinto. Así lo contó Corentine, Policía Nacional de 28 años que dijo sentirse reconfortado sabiéndose respaldado con más efectivos. "Todo refuerzo policial en Marsella es bienvenido. La semana pasada fue un asalto: nos lanzaban adoquines o piedras con rabia. Tenía 20 hombres a cargo y mientras intentábamos retirarnos, me dieron en la espinilla y estuvo un rato doliéndome. Todo estaba fuera de control", recordaba. Ayer, sin embargo, fue distinto. Si bien los manifestantes atacaron de nuevo a las fuerzas del orden con barras de metal, adoquines y botellas, éstas pudieron responder con pelotas de goma, gases lacrimógenos y cargas que hicieron de los enfrentamientos una batalla campal igualada entre las dos partes.

Xavier y Corentin, dos policías nacionales que están de servicio durante los disturbios

Xavier y Corentin, dos policías nacionales que están de servicio durante los disturbiosElena Iribas

STEVEN, RESTAURADOR

Con 19 años, fundó el restaurante Spok: sirve bocadillos, hamburguesas y platos tradicionales franceses. El viernes, su experiencia como emprendedor lo llevó a cerrarlo un fin de semana entero debido a las protestas, a pesar de las pérdidas que suponga para su negocio. "Los comerciantes nos hemos blindado, pero nos sentimos desamparados: no es normal que se dirija la violencia contra los negocios", lamentó. La semana pasada más de 500 establecimientos en Marsella sufrieron la ola de violencia y sus propietarios han aprendido la lección de cara a este fin de semana. "Los comerciantes también sufrimos las cosas por las que ellos protestan y encima nos destrozan el negocio por el que tanto trabajamos. Nosotros pagamos una pena doble y no es justo".

Steven protege su local en el centro de Marsella frente a los disturbios

Steven protege su local en el centro de Marsella frente a los disturbiosElena Iribas

CARINE Y JEAN PAUL, TURISTAS

Llegaron a Marsella ayer desde Bérgamo (Italia), donde evitaron "a toda costa" las manifestaciones que también recorren el país vecino. Este matrimonio no contaba con encontrarse una manifestación de gran magnitud en la ciudad costera. "Yo estoy bastante consternada. No tenemos poco por lo que manifestarnos, pero cuando la violencia se suma a protestas legítimas, se pierde el sentido de todo", opinó Carine. "Pasaremos la tarde tranquilamente, alejados de las protestas para evitar peligro", añadió.

La pareja de turistas posa mientras come en una terraza cerca de la manifestación

La pareja de turistas posa mientras come en una terraza cerca de la manifestaciónElena Iribas

MATHIS Y THOMAS, ACTIVISTAS

El miedo a la represión de la Policía se extendía, incluso, entre los manifestantes más "disgustados" con los saqueos que vivió la ciudad. Mathis y Thomas enfilaron sus proclamas contra el Elíseo, desde donde "tratan a los franceses como idiotas". Por eso, aunque no comparten la ola de violencia, comprenden de dónde nace: "Se han usado todas las vías democráticas para protestar y aún así no hacen caso. La violencia es normal porque ¿cómo nos escucharán si no?".

Mathis y Thomas dos jóvenes que participan en las manifestaciones de Marsella

Mathis y Thomas dos jóvenes que participan en las manifestaciones de MarsellaElena Iribas