Ricardo Baquerizo: “Ecuador es un país de oportunidades, un país en el que hay que creer”
Ricardo Baquerizo Amador, presidente ejecutivo y fundador de Expoplaza, es uno de los empresarios que han acompañado durante más de tres décadas la evolución de la industria de ferias, congresos y eventos en Ecuador. Desde la creación de la empresa en 1992, ha visto cambiar la manera de hacer negocios, el comportamiento del consumidor y las herramientas con las que las empresas se conectan con sus clientes. Bajo su liderazgo, Expoplaza se ha convertido en un punto de encuentro para sectores como construcción, vivienda, automotor, gastronomía y cultura y en un espacio que también permite tomar el pulso de distintas actividades económicas.
En esta conversación con REFERENTES, segmento de EL UNIVERSO, Baquerizo habla sobre inversión, innovación, el potencial de Guayaquil, las oportunidades de Ecuador y la importancia de la confianza y la información para tomar decisiones.
Después de 34 años al frente de Expoplaza, ¿cómo ha cambiado la forma de hacer negocios y qué ha permanecido?
Cambió todo, pero lo más profundo es la forma de hacer negocios. Cuando empezamos en 1992, no había internet y los teléfonos celulares eran muy escasos. Desde entonces vivimos el nacimiento del internet comercial, el comercio electrónico, las redes sociales, la economía digital y los teléfonos inteligentes. Hoy la automatización, la inteligencia artificial y el manejo de datos permiten decidir con una rapidez que antes no existía. La empresa cambió con eso y los eventos también. Pero hay algo que, lejos de cambiar, se volvió más importante: la necesidad de encontrarse. Después de la pandemia, el turismo de convenciones creció de manera exponencial. Mientras más digital se vuelve el mundo, más valor tiene encontrarse, coincidir, poder tocar, oler, degustar y preguntarle algo a alguien mirándolo a la cara.
¿Cuáles han sido las claves para que Expoplaza se mantenga vigente?
Tres cosas: la primera son las alianzas. Nunca entramos solos a un sector. Trabajamos con cámaras de la producción, asociaciones, universidades, centros de investigación y gremios internacionales. Todos tienen un conocimiento profundo de sus sectores y nos dan la pauta para definir nuestras ferias y congresos.
La segunda es la gente. El mayor patrimonio de una empresa es su equipo. En Expoplaza tenemos claro que los cargos son solo títulos: acá todos hacemos de todo cuando se trata de servir al cliente. El ambiente de trabajo es esencial; aquí nos sentimos en familia.
Y la tercera es algo curioso: cuando revisamos los años en que Expoplaza dio saltos importantes, coinciden con los momentos más adversos. La dificultad nos obligó a tomar decisiones que en la comodidad no habríamos tomado. Gracias a Dios, la mayoría de ellas resultaron correctas.
¿Cómo identifican los sectores que tienen potencial para convertirse en una feria?
Todo sector necesita su espacio para generar nuevas oportunidades de negocios y compartir información relevante. Buscamos un sector productivo organizado que no tenga una vitrina propia. Y no lo decidimos en una oficina: nos sentamos con el gremio. Si la cámara o la asociación no cree en el proyecto, la feria no existe.
Así nació Expoplaza. Cuando se reabrieron las importaciones de vehículos en 1992, organizamos el primer Autoshow. Fue tal la acogida que luego arrancamos con ferias de construcción, vivienda, gastronomía, agricultura, deporte, mueble y libro.
¿Qué están viendo hoy las ferias sobre la economía ecuatoriana?
Una feria es un indicador adelantado. El empresario reserva su estand entre seis meses y un año antes del evento. Cuando un sector duda, nosotros lo vemos mucho antes de que aparezca en las cifras oficiales.
Miramos la velocidad con la que se venden los estands, cuántos expositores renuevan, si amplían o reducen tamaños y si aparecen marcas nuevas. Este año el sector automotor creció por encima del 40 % y la construcción superó el 20 %. Eso se reflejó en las ferias con crecimientos similares en estands y con un impacto aún mayor en el cierre de negocios.
¿Cómo ha cambiado el consumidor ecuatoriano?
Llega informado. Investiga antes de venir, compara precios, pregunta por el origen del producto y por el impacto de lo que compra. Es más exigente y eso nos obliga a todos a ser mejores. Pero viene porque quiere ver, tocar y preguntar. La feria ya no es solo exhibición: es una experiencia, con contenido y actividades. El visitante quiere vivir algo, no solamente mirar.
¿Qué aprendizaje dejó la pandemia?
Durante los dos primeros meses, el Centro de Convenciones no fue un centro de convenciones. El Municipio instaló ahí infraestructura para que los enfermos de COVID recibieran oxígeno. Fue un hospital. Como empresa, estuvimos impedidos de trabajar los primeros meses y después cerca de un año y medio con restricciones. Para una industria que vive de reunir gente, eso es lo más parecido a que le apaguen a uno el interruptor. Si algo quedó, es que nuestro negocio nunca fue el salón. Era la necesidad de la gente de encontrarse. El día que se pudo volver, volvieron todos.
¿Qué tan importante ha sido seguir invirtiendo en momentos de incertidumbre?
Ha sido determinante. Estuvimos diez años en la Francisco de Orellana y el lugar nos quedó corto. Entonces la ciudad nos invitó a convertir el antiguo terminal aéreo en un centro de convenciones. Estamos ahí desde 2007.
Hoy pasan más de 300 eventos al año y superamos los 300.000 visitantes por año. Nuestros saltos siempre se dieron así en los momentos adversos. La comodidad no obliga a decidir nada.
¿Qué necesita una empresa ecuatoriana para mantenerse competitiva cuando el entorno cambia tan rápido?
Tres cosas: capacidad de adaptación, alianzas y gente comprometida. Adaptación no como discurso, sino como práctica: estar dispuesto a cambiar algo que funcionaba. Solo no se llega. Se puede comprar tecnología y copiar un formato, pero un equipo que se pone la camiseta no se consigue así de fácil.
¿Qué potencial tiene Guayaquil para convertirse en un destino de ferias y congresos internacionales?
Guayaquil tiene mucho potencial. Presidí Afida, la Asociación Internacional de Ferias de América, entre 2015 y 2019, lo que me permitió conocer recintos y mercados de más de 18 países. Tenemos infraestructura, conectividad aérea, clima, gastronomía, atractivos turísticos, la cercanía a Galápagos y un huso horario cómodo para el continente. Necesitamos trabajar de la mano los sectores público y privado con mayor constancia y compromiso.
¿Cuánto aporta esta industria a la economía?
Mucho más de lo que se percibe. Una feria grande llena hoteles y restaurantes, mueve taxis, contrata montaje, imprenta, seguridad, medios de comunicación, catering y personal eventual. Crea turismo pre- y posferia y un impacto que puede durar mucho más. Una muestra es Raíces. El concurso de las huecas hizo que mucha gente armara recorridos para visitarlas durante todo el año. Raíces no termina cuando se cierran sus puertas: sigue llevando clientes a negocios pequeños los doce meses. Ese es el aporte real, no el fin de semana del evento, sino lo que queda después.
¿Qué les hace falta a Guayaquil y al Ecuador para aprovechar ese potencial?
Más conectividad aérea directa. Un buró de convenciones con presupuesto sostenido en el tiempo, no según el Gobierno de turno. Y promoción internacional coordinada. También previsibilidad. Un congreso internacional se define con tres o cuatro años de anticipación y quien decide necesita saber que las reglas serán las mismas cuando llegue la fecha. Y la seguridad es una preocupación legítima de cualquiera que nos visita.
¿Cómo se percibe Ecuador desde fuera?
Cuando tenemos estos eventos, salen comentarios muy positivos de la ciudad y del país. Nos repiten continuamente lo bien atendidos y recibidos que se sienten. El que el país sea dolarizado también los ayuda: da tranquilidad a quien organiza con presupuesto en dólares. El país pequeño también es una ventaja. La ubicación, la biodiversidad, la gastronomía y la calidad del anfitrión ecuatoriano son fortalezas. Hay muchas ventajas que le vemos al Ecuador y que debemos ser mejores vendedores.
¿Qué condiciones necesita Ecuador para atraer inversión?
Estabilidad. Entender que las reglas son claras en el tiempo, tener cercanía con quienes toman las decisiones y poder resolver en el corto plazo inversiones que se puedan visualizar a largo plazo. Aquí toma mucho tiempo, muchos trámites, tomar decisiones y eso aleja la inversión. Pero, sobre todo, las reglas claras.
¿Qué debe aportar hoy el sector privado?
Hay que ser más que empresas, más negocios que impacten a nivel social y que sean sostenibles. Ser emprendimientos sociales con gran impacto, pero, sobre todo, sostenibles, que puedan perdurar en el tiempo. Por ejemplo, la Feria del Libro genera un impacto de negocios, pero también incentiva la lectura. Y Raíces tiene un impacto social porque fortalece negocios familiares y tradiciones. Son historias que cambian familias, cambian comunidades y recuperan el orgullo de las tradiciones.
¿Qué busca en la información para tomar decisiones?
Una información que tenga sustento, que sea creíble, que sea verificada. Hoy tenemos tanta información que ya no sabemos qué es falso, qué es real. El tener medios verificados con personas con nombres detrás que hagan el seguimiento y respalden la noticia es fundamental. También que logren dividir lo que es la noticia de su opinión y que esté claramente definida, que las noticias no sean un flash de dos minutos y que las profundicen. Porque los empresarios necesitamos profundizar en las noticias para luego tomar decisiones en el tiempo.
¿Qué medios tradicionales considera referentes para informarse en Ecuador?
EL UNIVERSO y lo digo con sinceridad. Primero fue con el que nosotros iniciamos nuestras ferias. Recuerdo todavía que eran fotos en blanco y negro y que había que llevarlas para las impresiones al diario. Y sé que a nivel personal valoro que haya un medio que pueda decir que pueda jactarse, que tiene más de 100 años y que ha permanecido, que ha sido constante. Y personalmente valoro mucho que todos los días me llegue un diario a mi casa.
¿Hay alguna cobertura de EL UNIVERSO que recuerde especialmente?
Hay muchas. Quizás una que impresionó al mundo y cambió para siempre las restricciones en la movilidad, impactando al turismo y a las convenciones, fue el ataque a las Torres Gemelas en septiembre de 2001.
Esa noticia estaba en vivo en televisión, pero las fotos y el impacto, siempre, siempre, el diario profundiza la noticia y hace que al día siguiente se pueda analizar con mayor objetividad y tranquilidad qué es lo que ha pasado.
Después de más de tres décadas construyendo la empresa y viendo cambiar Guayaquil y Ecuador, ¿qué le hace seguir apostando por este país?
Resolví hace mucho que este es el país donde quiero vivir y donde quiero que mi familia se desarrolle junto a mí. Desde ahí uno siempre encuentra las formas de comprobar que Ecuador es un lugar de oportunidades. Es cierto que nos obliga a estar siempre alertas y desarrollando capacidad de adaptación. Quizás eso lo vuelve aún más divertido. Acá no hay cómo aburrirse.

