La izquierda moderada francesa lucha por salir de la irrelevancia
Actualizado
La izquierda moderada francesa lucha por salir de su creciente irrelevancia, con el telón de fondo de las revueltas estudiantiles. Cinco aspirantes se diputan este fin de semana el título del candidato progresista (pero no radical) en las primarias socialdemócratas a las elecciones presidenciales del 2027, con la veterana Ségolène Royal y el neófito Raphaël Glucksmann como favoritos.
La plataforma digital de votación sufrió un ciberataque a las pocas horas, lo que motivó la intervención de la Agencia Nacional de Seguridad de los Sistemas Informáticos (ANSSI) y reactivó la sospecha de injerencias extranjeras en la política francesa. El voto estuvo temporalmente interrumpido por un aluvión de conexiones simultáneas mediante bots. Los organizadores recalcaron que los votos registrados no se habían visto "comprometidos" y anunciaron la extensión de la votación hasta el domingo por la tarde, cuando se sabrán los resultados.
Más de 140.000 votantes tenían previsto participar en las dos rondas (este fin de semana y el próximo), un número inusualmente alto que ha alimentado las expectativas de un cambio de dinámica en la campaña presidencial. Hasta la fecha, los candidatos moderados han quedado relegados a segundo o tercer plano frente al pulso de la extrema derecha de Marine Le Pen con la extrema izquierda de Jean-Luc Mélenchon.
Mélenchon ha sido precisamente el elefante en la habitación en los debates televisivos de los cinco candidatos, divididos ante la tesitura de sellar una alianza con La Francia Insumisa como la efectuada en las elecciones legislativas del 2024. El Partido Socialista (PS) concurrió entonces de en las listas de la coalición Nuevo Frente Popular, que fue al final la más votada con el 27,9%, lo que le permitió tener 64 diputados en la Asamblea Nacional.
Sobre el Partido Socialista, en tiempos la fuerza hegemónica de la izquierda, pesa también el recuerdo de gran fiasco electoral de las presidenciales del 2022, cuando la ex alcaldesa de París Anne Hidalgo logró tan solo el 1,75% del voto y marcó el inicio de un declive cada vez más patente ante la polarización del electorado francés.
El más reacio a un nuevo acercamiento a Mélenchon es precisamente el eurodiputado de centro-izquierda Raphaël Glucksmann, de 46 años, fundador del partido Plaza Pública, que ha decidido codearse en casa ajena con los socialistas. Emmanuel Maurel, fundador de Izquierda Republicana y Socialista, ha querido concurrir también como 'outsider'.
El secretario general del PS Olivier Faure, partidario del nuevo acercamiento a Mélenchon, aspira también a la designación como candidato oficial, al igual que Jérôme Guedj, representante del ala izquierda del partido. Entre unos y otros se ha abierto paso la única mujer en liza, Ségolène Royal, en su inesperada vuelta al primer plano político a sus 73 años (coincidiendo casi con la nueva cabalgada por libre de su ex marido y ex presidente François Hollande).
Ségolène Royal hizo historia al convertirse en la primera mujer en llegar a la segunda ronda de las presidenciales en Francia (perdió por siete punto frentes a Sarakozy en el 2007). La posibilidad de que Marine Le Pen sea la primera presidenta le ha servido de particularísimo estímulo para volver a lanzarse a la carrera y "poner límite al racismo, al sexismo y al antisemitismo" en la política francesa.
"Las revueltas sociales tienen sus motivos pero salen muy caras", ha llegado a decir en plena campaña, a la luz de los violentos enfrentamientos de los estudiantes con la policía. "Si algún día llego a ser presidenta a la República, no habrá revueltas sociales, porque yo resuelvo los problemas antes... Llevamos diez años gobernados por el miedo".
Raphael Glucksmann, en un acto público en Nancy.AFP
Polémica
Su máximo rival, Raphaël Glucksmann, creó entre tanto una notable polémica al acusar a Royal de "haberle bailado la danza del vientre a Macron" durante la última década. Glucksmann se vio obligado a pedir perdón por sus ataques sexistas, y recibió un certero aguijón por parte de Royal, alegando su falta de experiencia: "Ponerle al frente del país sería como poner a un becario al frente de una empresa".
"Tiene razón al señalar que no he estado durante 45 años en la política", contraatacó el ex periodista y ex documentalista Glucksmann. "Si me he involucrado en la política ha sido precisamente para acabar con los métodos del billar a 12 bandas, en un país que se enfrenta a múltiples crisis y donde la extrema derecha está a las puertas del poder".
El forcejeo dialéctico entre la política consumada y el novato presidencial puso la pimienta en un debate hasta entonces centrado en el coste de la vida, el precio de los carburantes, el problema de la vivienda y la "paz social".
El actual líder socialista Olvier Faure arrimó ocasionalmente el ascua a Royal y reiteró su llamamiento a "la reunión de las fuerzas de izquierda" frente al "monopolio de la alternativa por la extrema derecha". Faure arremetió contra Glucksmann (el único aspirante de la izquierda moderada que llega al 10% en algunas encuestas) recordando su pasado "liberal" y advirtiendo que la suya "es una opción en el fondo centrista".

