Quique, el hombre que lo cambió todo

Antes que el Cholo, estuvo Quique. Simeone cuando llegó podía construir en un equipo que ya sabía que podía volver a ganar. Eso ya no era algo del siglo pasado, con el doblete de la 1995-96 como última vez en Neptuno. Quique Sánchez Flores (Madrid, 1965) lo había cambiado con su llegada el 23 de octubre de 2009, tras la destitución de Abel Resino, quien había comenzado la temporada superando al Panathinaikos en la previa de Champions pero encadenó once partidos con una sola victoria (ante el Zaragoza en Liga). “Cuando Quique llegó la verdad es que el equipo estaba en horas bajas”, reconoce Antonio López, capitán rojiblanco entonces. También recuerda perfectamente qué fue lo que éste tocó para que todo cambiara: “Lo que hizo fue ponerle mucho orden al equipo”.
Aquel era el Atlético que fichaba a Asenjo para la portería y ascendía a De Gea de la cantera. Un Atleti aún con Pablo y Perea atrás, Maxi Rodríguez y Simao en las bandas y Kun Agüero y Forlán arriba. Un Atleti en el que la grada llegó a pitar a Raúl García y en el que Koke hacía un mes que había debutado. También el Atleti al que llegó Tiago y regresó Reyes. “Mucho orden defensivo, mucho orden táctico”, enumera Antonio. “La primera semana recuerdo que fue todo orden defensivo. De cómo teníamos que jugar, cómo teníamos que posicionarnos y, luego, la siguiente, segunda y tercera semana, ya empezó con los centrocampistas y los delanteros”, detalla. En el primer partido de Quique, la ida de los dieciseisavos de la Copa ante el Marbella, el 27 de octubre de 2009, el Atleti regresó a la victoria (0-2). Después, comenzó a sujetar la sangría de los goles en contra. “Comenzamos a recibir pocos goles. Estábamos muy bien plantados en el campo y eso que hizo que poco a poco el vestuario se fuera creyendo que podía ganar partidos”, continúa. Primero orden y, después, confianza. Para volver a desembocar en Neptuno.

Eliminado de la Champions tras una fase de grupos sin una victoria, el Atleti lo haría con un resquicio para seguir en Europa, clasificado tercero, derecho a continuar vivo en la Europa League. Una competición en la que el equipo comenzaría con Quique de cero, aunque ese cero fuera desde dieciseisavos. Cuando lo había hecho en la Champions el Atleti ya tenía dos cornadas mortales (el 2-0 del Oporto en Do Dragao y el 4-0 del Chelsea en Stamford Bridge). En la Europa League solo perdería un partido, la vuelta de las semifinales ante el Liverpool, que en realidad fue como una victoria: el valor que entonces tenían en las eliminatorias los goles fuera devolvían al equipo a una final, la de Hamburgo. 14 años después del doblete y cuando se cumplían 48 del único título europeo rojiblanco (la Recopa de 1962) hasta el momento. El Atleti la ganó, 2-1 al Fulham.
“No fue casualidad”
“No fue casualidad lo que pasó. De verdad que lo pienso y siempre lo digo. Que lo que Quique consiguió no fue fruto del azar. Había un trabajo detrás y un compromiso de los jugadores. Había también un buen equipo, un buen vestuario y todo junto hizo que pusiéramos al Atleti donde se merecía”, redondea Antonio López. Una semana después de aquella, el Atleti volvería a jugar otra final, esta de la Copa del Rey, que perdería ante el Sevilla (0-2 en el Camp Nou), y nada más comenzarse la temporada siguiente, a Neptuno, tras ganarle 2-0 al Inter en la Supercopa de Europa.
“Yo nunca lo diré”, decía Quique esta misma semana a AS durante una entrevista. Que el ciclo ganador que después Simeone ha consolidado puede decirse que empezó con él. “Si alguien lo dice, pues sonreiré y le diré que gracias, pero yo nunca lo diré. Hice mi trabajo. Estuve dos años, conseguimos tres finales, dos títulos, fuimos felices, cambiamos la sonrisa, buscamos la felicidad...”, añadía un Quique que sigue buscando lo mismo. Pero ahora en Vitoria, con el Alavés, el rival del Atlético esta tarde (16:15 horas) en el regreso de la Liga tras el Superparón. Un partido en Mendizorroza que también será un reencuentro.

Quince veces se ha enfrentado Quique al Atleti, siete antes de 2009 (con el Getafe y el Valencia, sin derrota: dos empates con el primero y otros dos con el segundo más dos victorias). Nueve, después, cuando Simeone ya había llegado al banquillo rojiblanco (2011) para que creciera lo que Quique había germinado (Flores, flores, son muchas flores, flores... que cantaría su prima Rosario). Nueve veces lo tuvo enfrente con tres equipos distintos (Espanyol, Getafe y Sevilla) para dos victorias. Una con el Sevilla 1-0 en el Pizjuán, cuando se encontraron por última vez (febrero de 2024). Esta tarde será la primera con el Alavés, un equipo al llegó en febrero para salvarlo y que comenzó esta Liga con el mejor arranque de su historia (tres victorias, con dos goleadas, y un empate en cuatro partidos). Un equipo, con 11 puntos en la 8ª jornada, en la que aplicó su receta: orden y confianza. “Volver a Neptuno fue mágico”, finaliza Antonio López. La plaza llena, la afición, el Atleti de vuelta, de la mano de Quique. Que él no lo dirá pero fue: porque con Quique empezó todo.
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