PISA: medir no es educar
PISA no puede convertirse en el nuevo garrote con el que la derecha pretenda golpear a la educación pública y a la Nueva Escuela Mexicana. México mantiene rezagos, sobre todo en matemáticas y comprensión lectora. Negarlo sería irresponsable. Pero usar una prueba estandarizada como sentencia definitiva sobre todo un sistema educativo también lo es.
La presidenta Claudia Sheinbaum ha colocado el debate en su justa dimensión. La educación no puede evaluarse como si niñas y niños vivieran en condiciones idénticas, como si pobreza, marginación, violencia y desigualdad no afectaran el aprendizaje.
Durante años, el viejo modelo tecnocrático quiso hacernos creer que bastaba medir, clasificar y comparar. Educar es mucho más que llenar exámenes.
La Nueva Escuela Mexicana parte de otra concepción: el alumno está en el centro del proceso educativo. Busca formar personas autónomas, críticas, participativas y vinculadas con su comunidad. La educación debe ser integral, humanista, pluricultural y equitativa. No se trata sólo de memorizar, sino de comprender, argumentar, resolver problemas y transformar el entorno.
Muchos jóvenes abandonan la escuela por razones económicas, familiares, sociales o de violencia, pero también porque durante décadas la escuela dejó de representar una expectativa real de futuro. Frente a eso, algunos responden pidiendo más exámenes y menos contexto.
Es la misma visión que convirtió la educación en una competencia de cifras y olvidó que detrás de cada promedio hay una persona.
La educación sigue siendo el mecanismo de ascenso social más democrático de México. Por eso debemos transformarla, no abandonarla. Garantizar ese derecho exige cerrar las brechas que condenaron a comunidades indígenas, rurales y marginadas.
La Nueva Escuela Mexicana no está reñida con la excelencia. Quiere que todos aprendan más y tengan condiciones para hacerlo. Matemáticas, lectura y ciencia deben fortalecerse sin renunciar al pensamiento crítico, la identidad, la comunidad y el humanismo.
Quienes hoy utilizan PISA para anunciar el fracaso de la transformación educativa omiten algo elemental: un niño con alimentación, libros, conectividad y estabilidad familiar no parte del mismo lugar que quien trabaja, vive violencia o recorre grandes distancias para llegar a su escuela.
El reto no es escoger entre calidad e inclusión. México necesita ambas. Hay que mejorar aprendizajes, fortalecer a los docentes, invertir en infraestructura y corregir lo necesario. Pero no regresar a un modelo que medía a todos con la misma vara mientras aceptaba que miles quedaran fuera.
La educación pública debe formar ciudadanos libres, críticos y capaces de transformar su realidad. Ésa es la apuesta de la Nueva Escuela Mexicana y ésa es la batalla que vale la pena dar.
Aquí el golpe político está más concentrado en la contraposición entre la visión tecnocrática de la evaluación y una educación entendida como derecho, movilidad social y política de igualdad.
POR JOSÉ NARRO CÉSPEDES
COLABORADOR
@NARROJOSE
MAAZ