Ejecución en la pantalla y en vivo

Ejecución en la pantalla y en vivo

En la película Starship Troopers (conocida como Invasión en México) de 1997, un gobierno global de la Tierra que encarna los imaginarios de una sociedad fascista entra en guerra con una raza alienígena de insectos. Al principio podrá parecer un típico filme que combina acción y ciencia ficción porque en buena medida lo es.

Sin embargo, para construir aquel mundo, basado libremente en el libro del mismo nombre (1959), el director Paul Verhoeven recurrió a una estética reminiscente del fascismo. Así lo señalaría en el 2016 durante una presentación de la película en la Film Society of Lincoln Center:

“Queríamos contar esta historia de aventuras tan maravillosa sobre estos niños y niñas que luchan contra los bichos, pero también queríamos mostrar que estas personas, en el fondo —ya sea en su corazón o sin darse cuenta—, van encaminadas hacia el fascismo”.

Dentro de la película se intercala una maquinaria de propaganda a manera de comerciales que abordan diferentes temas, pero cuyo hilo conductor es el patriotismo, el servicio militar y el esfuerzo bélico. A uno de estos segmentos lo inaugura un rótulo que dice “crimen y castigo” y da paso a un juzgado en donde se acaba de sentenciar a un asesino a la pena de muerte. Solo hay dos voces: la del juez, que únicamente dice “culpable”, y la del narrador, quien relata los hechos.

Después en escena aparece una habitación gris con diversos instrumentos en los costados y una silla en el centro en la que, se infiere, se aplicará la sentencia. El narrador anuncia que la ejecución será a las seis de la tarde, transmitida en todos los canales. En conjunto, todo esto dura alrededor de 12 segundos.

En ese corto tiempo Verhoeven señala en su universo fascista un hecho algo desconocido, más acorde a la ciencia ficción (me refiero a los límites de las realidades imaginadas), esto es, que la pena de muerte sea anunciada y transmitida en vivo. El único otro caso similar que se me ocurre es la transmisión del fusilamiento de Roberto Girón y Pedro Castillo, en Guatemala, en 1996.

Las ejecuciones públicas no son cosa nueva, pero el transmitirlas en los medios de comunicación trae nuevas connotaciones sobre Estados Unidos y el poder del Estado. Digo esto porque en estos días el Pentágono anunció que la ejecución de Nidal Malik Hasan, programada para el 3 de diciembre de 2026, será transmitida en vivo. En el 2009, Hasan, entonces mayor y médico del ejército estadounidense, llevó a cabo un tiroteo masivo en Fort Hood, en el que asesinó a 13 personas. En el 2013 la corte marcial lo condenó a muerte, pero lo que siguió fue un largo proceso hasta que se confirmara la sentencia.

El gobierno considera a Hasan un traidor y un terrorista, pero no se satisface con su eliminación. Que sea transmitida invita a la población a mirarla, un ejercicio, tal vez desesperado, de inculcar una serie de preceptos de una nación que se presiente débil en su interior. Peor aún, los verdugos necesitan que esa violencia circule en dispositivos.

Esto habla de una relación peligrosa que desde Estados Unidos se está creando entre el Estado, su población, el derecho de quitar la vida y, ahora, su facultad para hacer de tal acto un medio de consumo. Así como en Starship Troopers, la transmisión busca fomentar un sentido de identidad mediante la violencia.

POR IGNACIO ANAYA

COLABORADOR

@IGNACIOMINJ

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