México quiere avanzar… pero ya no confía ciegamente
México no ha perdido la fe en el futuro. Lo que ha perdido es la disposición a aceptar promesas sin hacer preguntas. Y este cambio de paradigma es mi conclusión al leer la más reciente edición de Ipsos Global Trends 2026: los mexicanos siguen creyendo en el progreso, pero cada vez son más exigentes respecto a quién lo impulsa, quién se beneficia de él y qué papel juegan las personas en esa transformación.
Para comprender como hemos llegado a esa conclusión es importante revisar algunos temas que sustentan tan audaz afirmación. Somos más globales, pero también más locales México sigue viendo ventajas en la globalización. El 64% considera que beneficia al país.
Sin embargo, el 76% prefiere comprar productos nacionales antes que extranjeros. No es una contradicción. Es una declaración de identidad.
Los consumidores no quieren cerrarse al mundo; quieren que lo local siga teniendo relevancia dentro de él. En un contexto de incertidumbre económica y social, lo cercano genera confianza. Lo nacional se convierte en un símbolo de certidumbre, pertenencia y conexión.
Para las marcas, la lección es clara: la innovación importa, pero la cercanía importa más. Las empresas que logren combinar capacidades globales con relevancia local tendrán una ventaja competitiva difícil de replicar.
El problema de la tecnología no es técnico. Es humano.
Pocas cifras son tan reveladoras como las relacionadas con la inteligencia artificial. Mientras globalmente la mayoría ve con optimismo su impacto, en México sólo el 36% considera que la IA tiene un efecto positivo en nuestras vidas y el 58% cree que los avances tecnológicos están destruyendo nuestras vidas.
Detrás de esta percepción hay una realidad incómoda: las personas no cuestionan únicamente la tecnología, cuestionan a quienes la controlan.
Durante años la innovación fue sinónimo de progreso. Hoy ya no es suficiente presentar algo como nuevo para que sea aceptado. Las personas quieren entender para quién funciona, quién gana y cómo impactará realmente su calidad de vida.
La tecnología enfrenta un desafío de confianza, no de capacidad.
La gran tendencia: recuperar el control
Hay una palabra que conecta gran parte de los hallazgos del estudio: control. Control sobre la salud, sobre las decisiones de consumo, sobre la tecnología y sobre el futuro. El 86% de los mexicanos quiere tener más control sobre las decisiones relacionadas con su salud y nueve de cada diez afirman estar haciendo más para cuidar tanto su salud física como mental.
La gente ya no quiere ser un espectador pasivo. Quiere participar activamente en las decisiones que afectan su bienestar. En el fondo, esto refleja una necesidad más amplia: recuperar capacidad de decisión frente a sistemas que se perciben cada vez más grandes, complejos y distantes.
Confiamos en el esfuerzo, no necesariamente en el sistema
México mantiene una profunda creencia en la movilidad social. El 60% sigue pensando que una persona puede salir adelante si trabaja duro. Sin embargo, el 86% está preocupado por el apoyo que recibirá del gobierno y los servicios públicos en los próximos años.
La combinación es poderosa: confianza en uno mismo, dudas sobre las instituciones. Los mexicanos siguen creyendo en el valor del esfuerzo individual, pero cada vez menos en la capacidad de las estructuras públicas para acompañarlos. Cuando eso ocurre, la confianza se desplaza hacia aquello que se siente más cercano. No desaparece; cambia de lugar.
El éxito ya no se mide sólo en dinero
México sigue siendo un país aspiracional. El 85% cree que cada generación debería vivir mejor que la anterior. Pero la definición de progreso está evolucionando. Sólo el 36% mide el éxito por las cosas que posee, mientras que el 84% considera más importante el equilibrio entre vida y trabajo que una carrera profesional exitosa.
La ambición sigue viva. Lo que cambia es la meta. Hoy progresar significa tener bienestar, tiempo, autonomía y una mejor calidad de vida, no únicamente acumular ingresos o posiciones.
Esto representa un reto enorme para empresas y empleadores. El talento ya no busca sólo oportunidades de crecimiento; busca lugares donde valga la pena invertir parte de su vida.
La sostenibilidad enfrenta el riesgo de la resignación
El cambio climático genera una preocupación casi generalizada. El 88% cree que nos encaminamos hacia un desastre ambiental si no cambiamos rápidamente nuestros hábitos. Pero existe otro dato igual de relevante: el 79% considera que ya está haciendo todo lo posible para proteger el medio ambiente. Ahí aparece una tensión importante.
Si las personas sienten que ya están haciendo su parte, pero el problema sigue creciendo, la preocupación puede transformarse en impotencia.
Por eso la sostenibilidad necesita dejar de ser un discurso de sacrificio permanente y convertirse en una propuesta práctica, tangible y cercana, donde las personas puedan percibir resultados concretos.
La confianza cambió de domicilio
Los datos de Global Trends 2026 no muestran un país pesimista ni cerrado al cambio. Muestran una sociedad que quiere avanzar, pero que ya no acepta las promesas automáticamente. Los mexicanos quieren tecnología, pero con beneficios claros. Quieren globalización, pero sin perder identidad. Quieren éxito, pero sin sacrificar bienestar.
Quieren progreso, pero con mayor participación en sus beneficios. La confianza sigue existiendo. La diferencia es que hoy se gana desde la cercanía, la transparencia y la capacidad de demostrar resultados. Porque México todavía quiere avanzar.
Pero ya no está dispuesto a entregar un cheque en blanco a quien asegure conocer el camino.
POR FERNANDO ÁLVAREZ KURI
Senior Group Director Ipsos en México
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