Lorena Madrid, madre después de superar un cáncer de mama: "El tratamiento podía dañar la función reproductora y existía la posibilidad de no volver a ser madre"

Lorena Madrid, madre después de superar un cáncer de mama: "El tratamiento podía dañar la función reproductora y existía la posibilidad de no volver a ser madre"

A sus 33 años, con un hijo de dos y la ilusión de seguir ampliando la familia, a Lorena Madrid Rubio la vida se le paró en seco con el diagnóstico de un cáncer de mama hormonal. Fueron momentos duros, de incertidumbre y de abrazar una renuncia dolorosa: tras iniciar un tratamiento de larga duración contra la enfermedad y ante el riesgo de infertilidad, dio por cerrado su sueño de volver a ser madre. 

Sin embargo, su participación en 2020 en el Reto Pelayo Vida —donde completó la Vuelta a España a Vela— no solo le demostró que era capaz de todo, sino que reactivó ese deseo interno tras conocer a una compañera que había sido madre después de haber superado la enfermedad. Tras siete años de medicación y tras consensuarlo con su equipo médico, Lorena pausó el tratamiento. Y aunque el camino tuvo altibajos y la sombra del miedo, hoy la vida le sonríe con el alta médica definitiva y los brazos llenos gracias a la llegada de Carmen, su hija, que tiene ahora tres años.

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Historias como la de Lorena nos recuerdan que detrás de cada superación no solo hay valentía, sino el avance imparable de la ciencia. Con motivo del Día Mundial del Cáncer de Mama, que se celebra cada 19 de octubre, su testimonio cobra una dimensión especial para visibilizar que hay futuro, esperanza y vida después del diagnóstico. Una realidad que solo es posible gracias al impulso de la investigación médica y al trabajo incansable de entidades como la Fundación CRIS contra el Cáncer, dedicadas a financiar proyectos de investigación para lograr tratamientos más precisos, preservar la calidad de vida de las pacientes y convertir esta enfermedad en un desafío cada vez más superable. Lorena, con quien hemos tenido la ocasión de hablar, es el mejor ejemplo.

Lorena, para entender la dimensión de la felicidad de hoy, tenemos que viajar en el tiempo. Tenías solo 33 años cuando te diagnosticaron cáncer de mama. ¿Cómo se encaja un impacto así a una edad en la que estás construyendo tus proyectos de vida?

Es difícil de encajar. La vida se para en seco y no eres capaz de pensar en nada más que no sea la enfermedad. Queríamos tener una familia numerosa, habíamos comprado un coche grande, ¡teníamos la vida perfecta! Es como si todo se volviera mustio y gris, como si la televisión se pusiera en negro.

 ¿Cómo descubriste que algo no iba bien? ¿Fue en una revisión rutinaria o notaste tú misma alguna señal en tu cuerpo?

Llevaba un tiempo notando un “bultito” en el pecho, pero no le había dado importancia. Tengo las mamas densas desde siempre y no me dolía absolutamente nada, me encontraba perfectamente. Hacía casi dos años del nacimiento de mi hijo, y como había sido una cesárea difícil de cerrar porque mi cuerpo no cicatriza bien, la ginecóloga me había recomendado esperar 2 años para el siguiente embarazo. Pedí cita para una revisión “pre embarazo” y ahí empezó todo…. Primero me hicieron una mamografía, en la que unas manchitas blancas prácticamente seguro eran calcificaciones de haber dado de mamar a mi hijo, pero había que descartar con una punción con la que ya todo cambió.

Cada vez que me encontraba con alguien y me decía “todo va a salir bien”, me enfadaba más. ¿Cómo sabían que iba a salir bien?

Lorena Madrid Rubio

Cuando un médico te pronuncia las palabras "cáncer de mama" con solo 33 años, el mundo se detiene. ¿Qué fue lo primero que se te pasó por la cabeza en esa consulta? 

Es durísimo el golpe. Para mí lo primero fue “me voy a morir y voy a dejar a mi hijo solito”. Era un pensamiento imposible de apartar de la cabeza.

En esos primeros días tras el diagnóstico, entre pruebas, médicos y resultados, hay un torbellino de información muy difícil de digerir. ¿Recuerdas cómo fueron esas primeras semanas de asimilar la noticia?

Ahora, casi 12 años después, casi todo lo “malo” lo he olvidado. Es increíble como la mente en estos momentos juega a nuestro favor. Uno de los momentos más difíciles fue cómo decírselo a mis padres. Ese verano de 2014 mi padre había sido diagnosticado e intervenido de un cáncer de laringe y no sabía cómo darles una noticia tan mala, siendo yo madre también y sin poder imaginar cómo sería que fuera mi hijo el enfermo en lugar de yo. Recuerdo perfectamente el momento de entrar en casa de mis padres para darles la noticia, tengo la imagen desde la puerta, con mis padres sentados en su salón, pero todo lo que vino detrás, no soy capaz de recordarlo. 

Al principio también fue difícil para mí dar esa noticia. No tenía ganas de hablar con nadie y de hecho, pedí a mis amigos que no me llamaran. Cada vez que me encontraba con alguien y me decía “todo va a salir bien”, me enfadaba más. ¿Cómo sabían que iba a salir bien? Me servía mucho más los que empatizaban conmigo, los que sentían rabia, los que se enfadaban tanto como yo.

Enseguida pedí ayuda. Acudí durante 2 años a terapia, pero sobre todo al principio me enseñaron a compartir mis sentimientos y a aceptar y aprender a vivir con la incertidumbre y el dolor.

Lorena Madrid Rubio, paciente que sobrevivió al cáncer de mama© Cris Contra el Cáncer
Lorena Madrid Rubio, paciente que sobrevivió al cáncer de mama

En ese momento, cuando te hablan de tratamientos y medicación para salvarte la vida, ¿surgió en algún momento la conversación o la inquietud sobre tu maternidad  futura, o en ese instante solo se piensa en curarse?

Imagínate…. Si yo buscaba una segunda maternidad cuando llegó el cáncer a mi vida... La ginecóloga me explicó que un tratamiento como el que yo iba a recibir podía dañar la función reproductora y que existía la posibilidad de no volver a ser madre. Me dio la opción de congelar óvulos y me explicó el proceso. Todo aquello suponía retrasar el inicio del tratamiento 1 mes y medio. Lo hablamos mi marido y yo, y sólo podíamos pensar en que retrasar el tratamiento podría empeorar la situación, por lo que, como ya éramos padres, no congelaríamos óvulos. La prioridad era curarme.

Llevabas ya siete años de tratamiento y medicación. ¿En qué momento sentiste que era la hora de dar un paso al frente y decir: "Quiero intentar ser madre"?

Mi diagnóstico fue en noviembre de 2014. Durante casi 6 años pasé un “duelo” sabiendo que no iba a ser madre. Me había convencido a mí misma de que al haber tenido un cáncer hormonal, la revolución que suponía un embarazo no merecía la pena. Además tenía pautado un tratamiento con tamoxifeno para 10 años, por lo que era una idea totalmente desechada.
Pero llegó a mi vida el Reto Pelayo Vida. El reto me hizo superarme y conseguir cosas hasta entonces impensables. Desde hacer la Ruta de las Fortalezas (una carrera de montaña de 54 kilómetros y 7 cimas) hasta aprender a navegar y ser una de las expedicionarias en la 6ª edición del reto, la Vuelta a España a Vela. Ese camino me recordó algo que había aprendido con el cáncer, que todos somos más fuertes de lo que pensamos, y en él conocí a mujeres increíbles como Fátima, una de mis compañeras de travesía, que había sido madre, contra todo pronóstico, después de 2 cáncer distintos. Unos meses después del reto mi corazón sintió ese… ¿y por qué no? O mejor dicho, ¿y si sí?

La ginecóloga cuando me vio me dijo que estaba todo perfecto, que no me creyera mayor por tener 40 años y además, que iba a cerrar una etapa si todo salía bien

Lorena Madrid Rubio

Parar la medicación para buscar un embarazo da vértigo. ¿Cómo fue esa conversación con tu equipo médico en la que les planteas pausar el tratamiento para cumplir tu sueño?

Para ser sincera, fui preparada para que me dijeran que no. Ya tenía 40 años y era consciente de la revolución hormonal que suponía un embarazo y además, la incertidumbre de si podía ser posible de manera natural… Mi cabeza estaba intentando prepararse para todo. El oncólogo, con todas las pruebas anuales me dijo que sí, que por él no había problema. Ya llevaba 7 años tomando tamoxifeno y el límite de seguridad eran 5. Pero que primero me vieran en la Unidad de mama de ginecología y si ellos decían que sí, adelante. La ginecóloga cuando me vio me dijo que estaba todo perfecto, que no me creyera mayor por tener 40 años y además, que iba a cerrar una etapa si todo salía bien. ¡Un mundo nuevo se abrió delante de mí!

 Y de repente, todo sucede rapidísimo. Te quedas embarazada casi de inmediato. ¿Qué sentiste en el momento en que viste ese test de embarazo positivo?

Efectivamente, el embarazo llegó en 4-5 meses. ¡Fue alucinante! Entre miedo y sorpresa. Mi cabeza seguía preparándose para que el embarazo nunca llegara… ¡y llegó! Al mes tuve un aborto y eso fue un golpe muy duro… Pero lo duro había sido el cáncer, no ha podido ser… Y a los dos meses… ¡otro embarazo! Aún hoy sigo pensando que el cuerpo es muy sabio. El primer embarazo fue de prueba, para ver que el cuerpo funcionaba y que todo estaba bien. El bueno era este, el que me trajo a Carmen, mi hija, al mundo. 

Nueve meses de embarazo tras un cáncer de mama tienen que vivirse con una mezcla muy intensa de emociones. ¿Cómo fue ese proceso para ti y para tu entorno?

Fue un proceso muy disfrutado, pero con prudencia y miedo. Creo que toda mi familia pasó miedo esos 9 meses. Y seguramente muchos pensaron… ¡qué necesidad! Me cuidé y me cuidaron muchísimo, haciendo mi vida normal. Me daba mucha tranquilidad que mi embarazo no se considerara de riesgo, ni por la edad, ni por ser paciente de cáncer.

El embarazo fue un proceso muy disfrutado, pero con prudencia y miedo. Creo que toda mi familia pasó miedo esos 9 meses. Y seguramente muchos pensaron… ¡qué necesidad!

Lorena Madrid Rubio

Tu hija tiene ya 3 años. ¿Recuerdas el momento en que te la pusieron en los brazos por primera vez? ¿Qué se te vino a la cabeza en ese primer contacto?

Ese momento es indescriptible. Mi hija es un auténtico regalo. Todo lo pasado anteriormente había merecido la pena. 

A día de hoy, ya tienes el alta médica.  ¿Qué significa la palabra "alta" para ti a día de hoy?

El alta sí que es el cierre de una etapa. Es cierto que sigo tranquila porque aunque ya no me ve el oncólogo, el médico de cabecera me sigue haciendo anualmente las pruebas correspondientes, y en caso de que se vea algo raro, directamente vas a oncología, pero no es lo mismo. Ya no estás en la rueda… Ahora se acerca la fecha de la revisión y es mucho más tranquila, el miedo ya no está presente. 

En 2020 fuiste una de las cinco valientes que completó el Reto Pelayo Vida. Tras haber superado la enfermedad, ¿qué significó para ti poner tu cuerpo al límite en una expedición así y qué sintió esa Lorena al verse capaz de todo?

Para mí fue un RETO, en mayúsculas. Hasta después del cáncer nunca había hecho deporte. Fue a raíz de las operaciones cuando conocí un deporte llamado Dragon Boat. El Dragon Boat es una modalidad de piragüismo, en un barco de 10 o 20 palistas, con cabeza y cola de dragón, en el que el movimiento del brazo previene y mejora el linfedema. Soñar con el reto me llevó a hacer la Ruta de las fortalezas y, ser elegida para el reto, aprender a navegar y ponerme más en forma que en toda mi vida.

Ese reto fue la aventura de mi vida. Son muchísimos los aprendizajes, pero sobre todo, ahora sé que soy capaz de todo lo que me proponga. Que con esfuerzo y coraje se puede conseguir. Después de ese reto supe dos cosas: que quería volver a ser madre y que, en lo laboral, tenía que hacer algo que mereciera la pena. Me abrió la mente a nuevas oportunidades y cambios profesionales.

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Has experimentado de primera mano cómo un tratamiento adecuado te salva la vida y te permite formar una familia. ¿Piensas que la investigación sigue siendo un pilar fundamental en la lucha contra el cáncer?

No sólo lo pienso, sino que lo es. Yo estoy viva gracias a la investigación. Entidades como la Fundación CRIS Contra el Cáncer, que dedican todos sus esfuerzos a la investigación de esta enfermedad, desgraciadamente son imprescindibles porque los gobiernos no son capaces de invertir todo lo necesario en ello. Sólo apoyando la investigación del cáncer dejaremos de identificarlo a muerte y lo convertiremos en una enfermedad crónica. Es necesaria más investigación para más vida.

En el marco del Día Mundial del Cáncer de Mama, seguro que hay muchas mujeres jóvenes diagnosticadas que sueñan con ser madres que van a leer tus palabras. Si pudieras mirar a los ojos a la Lorena de 33 años o a cualquiera de estas mujeres, ¿qué les dirías?

A la Lorena de hace 12 años le diría que lo ha hecho bien. Confió en lo médicos, buscó ayuda y sacó todo lo bueno que puede sacarse de una enfermedad como el cáncer. Que fue valiente y que cada obstáculo la hizo más fuerte. Que nunca olvide quién es y de qué es capaz.

A todas las personas que se encuentran en esta situación les diría que no lo pasen solas, que busquen ayuda. Que nos se exijan nada y que se respeten en sus tiempos. Y que no se comparen con nadie, cada persona y cada cáncer es diferente. Hablar del cáncer suelta lastre, regodearse en el cáncer, aumenta el peso. Que hagan algo que siempre quisieron hacer y que disfruten de cada momento. Que salgan de casa, que hagan deporte y que disfruten. Todo pasa, pero que no pase la VIDA sin haberla vivido.