La guerra que alcanzó a México

La guerra que alcanzó a México

Donald Trump le contó a Dios sus planes y este se rió. En febrero dijo que acabaría con Irán y que el Estrecho de Ormuz se llamaría el “estrecho Trump”. Pero la geografía tenía otros planes: primero lo llevó a pedirle a Zelenski que dejara de atacar las refinerías rusas y ahora amenaza con dejar a México buscando diésel por el mundo.

Porque la guerra contra Irán y los ataques ucranianos contra las refinerías rusas provocaron algo que Washington no calculó del todo: una crisis global de destilados. El problema ya no es solamente tener petróleo. Es poder convertirlo en diésel, gasolina o combustible de aviación y transportarlo hasta donde se necesita.

Ucrania entendió esta vulnerabilidad antes que muchos. Sus drones llevan meses atacando refinerías rusas para golpear simultáneamente la capacidad militar y los ingresos de Moscú.

En agosto, las exportaciones rusas de productos petrolíferos todavía estaban 50% por debajo de las del año anterior.
Pero al mismo tiempo, la guerra contra Irán golpeó otro centro de refinación mundial y alteró las rutas energéticas de Medio Oriente.

El resultado es que los inventarios estadounidenses de diésel han caído a sus niveles más bajos para un mes de septiembre desde 1982 y los analistas advierten que la escasez podría prolongarse hasta 2027.

Trump tiene elecciones intermedias en noviembre y el diésel estadounidense ya superó los seis dólares por galón.

Por eso ahora respalda la posibilidad de restringir durante 90 días las exportaciones para privilegiar su mercado interno. La industria estadounidense advierte que la medida podría terminar siendo contraproducente.

Pero para México el experimento sería mucho más peligroso.

Nuestro país importa de Estados Unidos más de 40% del diésel que consume. Tan sólo en junio recibió alrededor de 288 mil barriles diarios de destilados estadounidenses.

Y los inventarios mexicanos habrían caído de aproximadamente 11 días de consumo a finales de 2024 a menos de seis en abril de este año.

La presidenta Claudia Sheinbaum asegura que México cuenta con producción suficiente y que Dos Bocas permite garantizar el abasto.

Sin embargo, los propios datos energéticos siguen registrando importaciones estadounidenses considerables.

Y aquí aparece una consecuencia que trasciende las gasolineras: el diésel mueve los camiones que transportan mercancías, la maquinaria agrícola, la minería y buena parte de la industria mexicana.

La ironía es formidable. Trump quería utilizar la energía para reorganizar el mundo alrededor de Estados Unidos.

Pero una guerra en Irán y unos drones sobre Rusia terminaron recordándole algo que México también debería aprender: la soberanía energética no consiste en tener petróleo bajo tierra, sino en poder convertirlo en el combustible que mueve un país cuando tu vecino decide guardarse el suyo.

POR STEPHANIE HENARO CANALES

COLABORADORA

@STEPHANIEHENARO

MAAZ