El apoyo de los moradores de Pomasqui fue clave para controlar el incendio en el cerro Casitagua

El apoyo de los moradores de Pomasqui fue clave para controlar el incendio en el cerro Casitagua

El incendio forestal en el cerro Casitagua continúa activo y este lunes, 21 de septiembre, se cumplen cinco días de haberse iniciado. Este se ubica en el sector de Pomasqui, en el noroccidente de Quito, y en sus faldas se asientan varios barrios con miles de habitantes, quienes durante estos días temieron que las llamas consumieran su techo.

La mañana de este lunes, el capitán Gabriel Rodríguez, del Cuerpo de Bomberos de Quito, confirmó que el evento ya se encuentra controlado, pero no ha sido liquidado todavía. Hay focos calientes, puntos desde los cuales aún se desprenden pequeñas columnas de humo; el temor ahora es que estos puedan reactivar el fuego.

“Nos encontramos en fase de monitoreo y liquidación; lo hacemos con nuestras aeronaves no tripuladas, que tienen una cámara térmica para poder determinar puntos calientes (…). Después del incendio quedan unas brasas, especialmente en las pencas, en esta vegetación baja, las cuales con presencia del viento pueden reactivarse”, explicó Rodríguez desde el Puesto de Mando Operativo, ubicado en el mirador Rosa Mística.

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Por medio de drones, los bomberos continúan monitoreando el cerro Casitagua. Foto: Carlos Granja Medranda

Por día, 150 bomberos han estado activos en territorio para contener las llamas, pero no lo han hecho solos; los vecinos de los barrios aledaños no dudaron en brindar una mano. Aunque al inicio hubo una negativa de las autoridades, como la Secretaría de Seguridad y Gestión de Riesgos, lograron organizarse, cuenta Alexandra Guachamín, de 38 años, presidenta del Comité Barrial de San José de Pomasqui.

“Como directiva teníamos el compromiso de informar a la comunidad que tenga cuidado, que no se acerque al incendio. Pero veíamos que seguía bajando y era bastante preocupante, porque aquí tenemos casas que están muy arriba y el incendio estaba bajando muy rápido”, comentó Guachamín, quien además resalta el apoyo y la rápida acción de la gente.

Solo el sábado, uno de los días más fuertes de la emergencia, un centenar de personas acudió con picos, palas, baldes de agua y otros implementos para sofocar las brasas. El domingo por la tarde, esa cifra llegó a 180, cuando se reactivó y hubo llamaradas de hasta ocho metros, según cuenta la dirigente barrial.

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Vecinos llenaban botellones con agua desde sus casas, mientras que otros ofrecían sus vehículos para transportar el agua. Asimismo, prepararon comida para ellos y los bomberos. Una vez arriba, la comunidad se organizó haciendo hileras o filas humanas para transportarse y pasarse el agua, además de ayudar a jalar las mangueras.

Así lo confirma Mariana Landázuri (59 años), moradora del mismo barrio, quien estuvo en primera línea, junto con Guachamín, en las tareas de sofocación. A Landázuri le indigna que haya gente capaz de provocar estos desastres y recuerda el evento de enero de 2020: “Fue casi parecido, pero ahí sí pudieron controlarlo, aunque igual duró tres días, y seis años después se vuelve a repetir”.

Las dificultades en el terreno y las ráfagas de viento son los factores a los que el Cuerpo de Bomberos atribuye la reactivación del incendio, por ende, según cuentan ambas moradoras, fue clave la participación de la comunidad.

Los vecinos que habitan en la parte alta de la montaña la conocen “al revés y al derecho”, por lo que sabían con precisión por dónde entrar, dónde había caminos y por dónde salir; así guiaron a los efectivos.

Quito ha registrado incendios en los últimos días. Foto: Carlos Granja Medranda

La Merced, San José de Pomasqui y Cuba son los barrios que están al pie de la zona afectada. Al menos en el segundo sector, Guachamín justifica que el control del hecho se logró gracias a su barrio organizado, al menos en esa área. Allí se asientan al menos 2.000 personas, de acuerdo con la directiva barrial.

El reporte del Cuerpo de Bomberos y del Municipio de Quito indica que al momento no existen personas afectadas directamente por el fuego, ni por la humareda ni por las cenizas. Hasta este lunes, la Secretaría Metropolitana de Ambiente insistía en que la calidad del aire se mantiene en condiciones “aceptables”. Los vecinos también aseguran que ninguna persona tuvo complicaciones, pero sí recibieron atención médica preventiva.

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Hasta ahora, las pérdidas se miden en vegetación quemada que, según el alcalde de la capital, Pabel Muñoz, bordea las 300 hectáreas. Sin embargo, de acuerdo con el capitán Rodríguez, aún debe realizarse la evaluación final cuando el incendio se considere liquidado al cien por ciento. Precisamente, en su balance de la noche del domingo, Muñoz reconoció el trabajo de 600 vecinos de Pomasqui que se sumaron a las tareas de apoyo, junto con los equipos de emergencia. (I)