Cambio total en Brasil: siete certezas y enseñanzas que dejan las urnas

Cambio total en Brasil: siete certezas y enseñanzas que dejan las urnas

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Cuatro años pueden ser muchísimo tiempo, casi una vida. Lo dejaron claro este domingo las elecciones presidenciales en Brasil. Estas son las certezas, las enseñanzas y las incógnitas que aún quedan por despejar:

Lo que Lula nunca vio

Flávio Bolsonaro acaricia la presidencia por méritos propios —una campaña que apostó por mirar al futuro y atender al día a día de la gente—, pero también por los deméritos de Lula. El presidente pareció no entender que estaba en 2026: hizo una campaña centrada en el culto a su personalidad, espoleado por su esposa, Janja, y que podría acabar siendo una gira de despedida. «Lula se arrepentirá toda la vida de esta campaña. Su vanidad cavó la sepultura de su propio legado», escribió el especialista en campañas políticas Roberto Reis. De las diez elecciones presidenciales de la actual etapa democrática, Lula se presentó a siete, y habrían sido ocho si no hubiera estado en prisión en 2018. En otras dos compitió Dilma Rousseff, de su estrechísima confianza. La segunda vuelta será el 25 de octubre y el 27 Lula cumplirá 81 años. Asegura que piensa vivir hasta los 120, pero le esperan días amargos ante lo que parece el final de una notable carrera política.

¿Puede perder Bolsonaro?

Es muy improbable. Flávio Bolsonaro superó a Lula por un 47% frente a un 45%. Parece poco, pero es mucho. El candidato de la derecha tiene de dónde sacar los tres puntos que le faltan para la mayoría. Al presidente, en cambio, no le salen las cuentas, porque el 8% que no votó a ninguno de los dos es esencialmente de derechas o contrario al Partido de los Trabajadores (PT). Lula retrocedió 3,5 puntos respecto a la primera vuelta de hace cuatro años, y Flávio mejoró en 3,9 el resultado de su padre en 2022. El hijo del ex presidente le arrebató a Lula 716 municipios que este había ganado en la elección anterior, y Lula no le quitó ninguno a su rival. Minas Gerais, el estado que desde 1989 marca invariablemente quién gana la presidencia, dio la victoria a Bolsonaro por un 48,2% frente a un 43,3%. Hace cuatro años Lula pudo con el padre (48,3 a 38,6), pero esta vez no ha podido con el hijo. En 2022 Lula logró que incluso votantes de derecha apostaran por él, espantados por el excéntrico gobierno de Bolsonaro. Esta vez esos votantes estaban hartos de su omnipresencia y le retiraron el apoyo.

Jair fue más astuto que Lula

Entre ingresos hospitalarios, problemas respiratorios, operaciones, ataques de hipo y una condena de 27 años de prisión por liderar un intento fallido de golpe de Estado, Jair Bolsonaro encontró tiempo para ser más astuto que Lula. El presidente ni siquiera insinuó la posibilidad de una sucesión en el PT: «Mi misión es cuidar a los brasileños. A los 80 me siento física y mentalmente mejor que a los 56». Bolsonaro, en cambio, abrió el juego a varios nombres: sus hijos Flávio y Carlos, su esposa, Michelle, el gobernador de Sao Paulo, Tarcísio de Freitas, e incluso el joven diputado Nikolas Ferreira. A todos les fue bien en la primera vuelta y todos tienen cargos y plataformas desde los que construir un futuro político. Sergio Moro, el juez que envió a Lula a prisión hace ocho años, será el nuevo gobernador de Paraná. En el PT, si Lula se retira, no hay nadie con peso propio, y mucho menos alguien joven. Flávio Bolsonaro, por su parte, promete gobernar cuatro años y no buscar la reelección.

¿Qué hará Lula?

Algunos le sugieren que pida una licencia como presidente para dedicarse de lleno a la campaña. Es previsible que los dos candidatos se midan en al menos un debate, algo que no ocurrió antes de la primera vuelta. Ahí ve un leve resquicio de esperanza para Lula Eduardo Grin, profesor de la Fundación Getulio Vargas (FGV): «Los debates pueden jugar un papel, y el Gobierno pondrá en marcha su maquinaria». Renato Meirelles, columnista de O Globo, cree que Lula debe cambiar radicalmente su guion de campaña. Le propone, por ejemplo, poner el acento en su proyecto de ley para acabar con la semana laboral de seis días, que Flávio Bolsonaro rechaza. La idea de una «bomba» que destruya la campaña y la imagen de Bolsonaro es, por ahora, una ilusión de los más lulistas.

¿Qué hará Bolsonaro?

Seguirá sonriendo y prometiendo futuro y oportunidades mientras Lula advierte del apocalipsis. Surfeará una ola de popularidad creciente mientras otros en su espacio político difunden los mensajes más duros y cuestionables, sobre todo en las redes sociales. Probará si, como presidente inminente, puede mover al Parlamento para complicarle aún más la vida a Lula. Y empezará a perfilarse en el exterior. Si asume la presidencia el 5 de enero, todo indica que será el anfitrión de una cumbre de las derechas mundiales, de la dura a la extrema. Buscará formar un tándem regional con el argentino Javier Milei y proyectarse más allá, seguramente lejos de los BRICS. ¿Estará Donald Trump en Brasilia? Sería inusual, porque los presidentes estadounidenses no suelen asistir a los cambios de mando. Antes, eso sí, el inquilino de la Casa Blanca tendrá que corregir algunos datos. En su primera reacción, la noche del domingo, elogió el funcionamiento del voto electrónico en la primera vuelta de las presidenciales... de la India. Falló por apenas 14.000 kilómetros.

El «ejército» joven bolsonarista, sin límites

Eduarda Campopiano, de 23 años, fue elegida diputada con más votos que nadie en la historia de Sao Paulo. Lo celebró con dos afirmaciones: que los indígenas son «caníbales» y que la diputada Erika Hilton, una mujer trans, es «un hombre biológico». Campopiano encaja con el espíritu del «ejército» joven bolsonarista, formado por menores de 30 años, que lidera el diputado Nikolas Ferreira y del que forma parte Lucas Pavanato. Ferreira y Pavanato suman 28 millones de seguidores en Instagram y obtuvieron tres millones de votos cada uno. Son los que, enterrado lo políticamente correcto, dicen las peores cosas de Lula y de la izquierda en general, y los llamados a acabar con el «wokismo».

El bolsonarismo, con más poder que nunca

Si gana, Flávio Bolsonaro tendrá la mayor base de apoyo político de un presidente en más de un cuarto de siglo. Tiene al alcance de la mano el juicio político a los magistrados del Supremo Tribunal Federal (STF): cuenta con 49 senadores seguros y solo necesita cinco más para la mayoría de dos tercios. Esos 49 le bastan ya para aprobar enmiendas constitucionales que recorten el poder del tribunal. En el punto de mira está el polémico juez Alexandre de Moraes, el hombre que envió a su padre a prisión, y será Bolsonaro quien decida qué hacer con él. A lo largo de su mandato podrá además designar a cinco nuevos magistrados del STF. Flávio ha prometido amnistiar a Jair y al resto de condenados por la trama golpista de 2022 y 2023. Según Daniel Rittner, comentarista de CNN Brasil, el objetivo del más que probable próximo presidente es «subir la rampa del Palacio del Planalto el 5 de enero junto a su padre». ¿Habrá una negociación previa? Algo así como «no me tumbes la amnistía y yo me olvido de los juicios políticos». Renan Santos, el empresario, músico e influencer que quedó cuarto con el 2,24 % de los votos, advirtió de que «Flávio ya ganó» y de que Brasil será gobernado «por el más corrupto de la familia Bolsonaro». El país, añadió, camina hacia una «monarquía bolsonarista».