Quito registra el aumento de robos con “escopolamina” en un 36 %: estas son las drogas que usan para someter a las víctimas

Quito registra el aumento de robos con “escopolamina” en un 36 %: estas son las drogas que usan para someter a las víctimas

Un hombre conoció a una chica a través de aplicaciones de citas, se vieron en un bar, ella acudió con una amiga y antes de que termine la noche lo convencieron de seguir la fiesta en su departamento.

Al despertar, las jóvenes se habían ido, sus pertenencias ya no estaban y calcula un perjuicio de $ 8.000. Este caso de robo, con uso de sustancias de aturdimiento, es uno de los que más ha llamado la atención en Quito, semanas atrás, y da luces de que este tipo de delito va en aumento.

Así lo confirma el jefe de la Brigada Anticriminal, Eduardo Serrano Guanín, con cifras. En lo que va del 2026 (hasta septiembre) se reporta un estimado de 4.000 robos a personas; de esa cantidad, 593 casos fueron bajo la modalidad de aturdir a las víctimas con el uso de drogas.

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Mientras que en todo el 2025 se registraron 435 casos, es decir, que incluso antes de terminar el periodo ya se evidencia un aumento del 36 %.

Pero para llegar a esa conclusión ni siquiera fueron necesarios los datos. Entre hombres y mujeres de cualquier edad, adultos mayores, jóvenes en buena condición y hasta adolescentes se ha vuelto común decir la frase “me escopolaminaron”. Ese es el caso de Camila (nombre protegido), quien atravesó por la terrible experiencia en dos ocasiones, una en carne propia y otra a través de su padre.

Aunque ya había sido víctima de robos antes, nunca bajo el efecto de la llamada “escopolamina”. Ocurrió el 31 de octubre del 2025, en el sector de La Mariscal. Aunque no es una zona de su preferencia, por la inseguridad que ahora la contamina, accedió por pedido de una amiga por una ocasión especial. Pero cuando estaba a punto de dejar la discoteca antes de la medianoche, tras un escaso consumo de licor, perdió la conciencia.

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La joven de 33 años despertó desorientada, calcula que eran entre las 06:00 y 07:00 del día siguiente, no tenía ni su celular ni su billetera. Estaba en el interior de un vehículo en movimiento, dos sujetos desconocidos para ella se encontraban como conductor y copiloto, pero, junto a ella, también estaba uno de los chicos con los que compartió la noche anterior, igual de confundido.

Al notar que ambos despertaron, los bajaron abruptamente. Era vía a Lloa, suroccidente de Quito, una patrulla pasó por el lugar y lograron pedir ayuda, pero los agentes consideraron que estaban bajo efectos del alcohol y los llevaron a sus casas.

Alrededor de tres días le tomó recuperarse del hecho. Entre la somnolencia y el miedo logró poner una denuncia que no prosperó: no pudo comprobar que la drogaron porque le dijeron que en el hospital del IESS al que acudió no contaban con lo necesario para las pruebas toxicológicas.

Para Serrano, ese uno de los principales inconvenientes que impide contabilizar plenamente los robos de este tipo, la falta de pruebas médicas, únicas con las que se comprueba el hecho; por ello, durante este año, solo en 128 casos se ha comprobado el uso de sustancias químicas.

Y aquí viene el otro dato de peso: la escopolamina está en desuso, a lo que ahora recurren los delincuentes es a medicamentos psiquiátricos y fármacos controlados por el MSP. Específicamente las benzodiacepinas, como clonazepam, diazepam, alprazolam y midazolam, que no se usan solos sino en un coctel, que mezclados con alcohol actúan más rápido, más fuerte y pueden llegar a ser mortales.

“La escopolamina es una sustancia natural que se usaba antiguamente (...) sí es tóxica, pero en cantidades elevadas”, aun así no se ha podido comprobar que se siga aplicando en delitos, explicó el jefe de la Brigada Anticriminal.

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Por costumbre y desconocimiento la ciudadanía aún utiliza esta referencia cuando se trata de robos bajo aturdimiento. Así lo volvió a contar Camila cuando en mayo de este 2026 su papá también fue víctima de esta modalidad, en su propio departamento al sur de Quito. En esa ocasión, la joven logró llegar a tiempo, cuando dos mujeres aún estaban en el sitio, a punto de robar dispositivos y electrodomésticos. Junto a los vecinos llamaron a los policías de la zona, quienes realizaron la detención en flagrancia.

De la misma forma, su padre se encontraba en mal estado, acudió a emergencias del IESS, pero nuevamente no pudieron realizarle las pruebas. Aun así, Serrano resalta que es parte del protocolo: al encontrar a una persona somnolienta o inconsciente es necesario llevarlo a un hospital, aplicarle exámenes de sangre o de orina, muestras que se manejan bajo cadena de custodia, con el fin de corroborar el uso de sustancias, lo que servirá como agravante del delito de robo.

De acuerdo con el COIP, por su gravedad, las penas privativas de libertad pueden ir de 5 a 7 años, si produjeron lesiones graves en la persona, la pena aumenta entre 7 y 10 años; pero si se produjo la muerte, la pena máxima es de 22 a 26 años.

En el caso del papá de Camila, la única imputada logró evadir la prisión, pero deberá cumplir con la reparación integral al afectado. La explicación es que, al detener el asalto, no alcanzó a concluir su cometido, la familia habría tenido que dejar las pertenencias como prueba y no se integró el agravante de uso de sustancias.

Aun así, no está en duda el incremento de este modus operandi. Serrano reconoce que aún no hay evidencia de que los delincuentes dominen a sus víctimas mediante químicos tópicos o inhalables, pero tampoco se descarta. Lo que sí recomienda es no perder de vista los alimentos y bebidas en bares, discotecas y restaurantes, la forma más común de los antisociales para atacar.

De acuerdo con la Policía, existen bandas dedicadas solo al cometimiento de este ilícito, pero por las alertas ciudadanas estas migran a otras zonas o ciudades del país. Habitan en Quito, pero empiezan a delinquir fuera de la capital. El 18 de septiembre se detuvo a tres mujeres y tres hombres en Ambato, por “escopolaminar” a un joven que se encuentra en estado crítico. Los fármacos que usan son bajo prescripción médica, pero se entiende que los consiguen de foma ilegal.

Por la situación, el oficial sugiere ciertos cuidados, como preservar detalles de la vida personal, como claves, información sobre bienes, dirección del domicilio y otros datos similares. Incluso advierte sobre las redes sociales de citas, en las que se pacta encuentros con personas desconocidas. Y finalmente, se pide prudencia a la hora de consumir bebidas alcohólicas, ya que a veces sus efectos se confunden con la exposición a drogas, pero ante la sospecha siempre se recomienda acudir a una casa de salud.

Datos por tener en cuenta:

  • El 81 % de las víctimas son hombres.
  • Los distritos con mayor concentración del delito son Eugenio Espejo, Quitumbe, Eloy Alfaro y Manuela Sáenz.
  • Días de mayor ocurrencia: viernes, sábados y días de feriado.
  • Horarios de mayor frecuencia: en las noches, específicamente a partir de las 20:00 hasta las 02:00 o 03:00.

(I)