Otras jóvenes princesas europeas ya llevan pamelas, tocados y hasta rejilla: por qué Leonor y Sofía todavía no se atreven con este accesorio
Hay un gesto que marca muchas veces el paso de una princesa joven a una royal con responsabilidades institucionales: ponerse una tiara, un tocado o un sombrero que transforme por completo la manera de presentarse en público. La princesa Leonor y la infanta Sofía todavía no han dado ese paso. Ninguna de las dos ha incorporado de manera habitual las pamelas, los casquetes o los fascinators a sus looks y tampoco las hemos visto lucir una tiara, una de las joyas con mayor carga simbólica dentro de cualquier monarquía. Frente a ellas, otras jóvenes princesas europeas ya experimentan con este lenguaje: Amalia, Alexia y Ariane de Países Bajos, Elisabeth de Bélgica, Ingrid Alexandra de Noruega y Alexandra de Hannover han llevado en diferentes ocasiones desde discretas diademas hasta grandes pamelas, sombreros, casquetes y velos de rejilla.
La diferencia no significa necesariamente que unas tengan más interés por la moda que otras. Puede tener que ver con algo bastante más profundo: el momento de la vida institucional en el que se encuentra cada princesa, el protocolo de su país y la imagen que cada Casa Real quiere construir alrededor de sus herederas.
¿Por qué Leonor y Sofía todavía no los llevan?
En el caso español, la ausencia resulta especialmente llamativa porque Leonor y Sofía ya han alcanzado edades y responsabilidades que permitirían introducir progresivamente accesorios más ceremoniales. Sin embargo, sus agendas siguen siendo diferentes de las de otras herederas europeas. Leonor todavía no ha asistido como adulta a una gran cena de Estado en el Palacio Real ni ha aparecido en una gala de noche con el tipo de joyería y vestuario que tradicionalmente abre la puerta a las tiaras. Y Sofía tiene todavía un papel institucional mucho más reducido.
También hay una cuestión de imagen. Su vestuario suele moverse dentro de códigos bastante contenidos: prendas de líneas sencillas, colores reconocibles, firmas españolas y accesorios discretos. No es una moda que busque protagonismo por sí misma.
“Un tocado cambia inmediatamente la lectura de un estilismo. No solo añade volumen o altura: introduce una idea de ceremonia, de rango y también de personalidad”, explica la experta en moda y protocolo María G. Gómez. “Por eso es posible que la Casa Real española prefiera que Leonor y Sofía construyan primero una imagen propia desde la sencillez antes de introducir elementos que tienen una carga estética e institucional mucho más evidente”.
También existe un factor generacional. Una gran pamela escultórica o un tocado con rejilla puede hacer que una joven parezca inmediatamente más adulta. Y quizá precisamente eso sea lo que se quiere evitar por ahora. “No llevar tocado también comunica. Puede transmitir naturalidad, cercanía y una cierta voluntad de no sobreactuar el papel de princesa”, añade esta profesional.
Una tradición que empezó mucho antes de las royals
Los tocados no nacieron como un simple capricho de moda. Las mujeres han adornado la cabeza desde la Antigüedad con velos, coronas, joyas, flores, plumas y otros elementos. En Europa, con el desarrollo de las cortes durante el Renacimiento, estos accesorios empezaron a adquirir una dimensión cada vez más relacionada con el estatus y la moda.
Durante el periodo Tudor, los tocados femeninos podían incorporar perlas, encajes, plumas, hilos de oro y piedras, convirtiéndose en auténticos indicadores de posición social. Los sombrereros —los milliners— llegaron a desarrollar técnicas artesanales específicas para construir piezas que podían ser auténticas esculturas textiles.
En los siglos XVII y XVIII, la moda cortesana llevó esta tendencia al extremo. Las mujeres decoraban sus peinados con flores, cintas, plumas y joyas, mientras que figuras como María Antonieta convirtieron el adorno de la cabeza en una declaración de poder y extravagancia. Con el tiempo, los códigos se simplificaron, pero la idea permaneció: cuando una royal se coloca algo sobre la cabeza, rara vez es un detalle completamente neutro.
Las tres hermanas de Países Bajos: una auténtica escuela de sombrerería
Si existe actualmente una familia real especialmente interesante para observar la evolución de las jóvenes royals frente a los tocados es la neerlandesa. Amalia, Alexia y Ariane han ido incorporándolos de forma progresiva y, sobre todo, cada una parece hacerlo a su manera.
El último Prinsjesdag, celebrado el 15 de septiembre de 2026, fue especialmente revelador. Las tres hermanas demostraron que el accesorio de cabeza puede tener tres lecturas completamente diferentes. Amalia optó por una diadema dorada con su vestido verde oliva de Rachel Gilbert; Alexia sorprendió con una fedora de Maison Michel y Ariane llevó una pieza transformada a partir de un sombrero que pertenecía a su madre, Máxima.
Lo más interesante es que ninguna de las tres elecciones parece responder ya a la idea de “ponerse un sombrero porque toca”. En el caso de Alexia, la fedora aportó incluso un punto inesperado a un look sofisticado de inspiración ecuestre. La pieza pertenecía al armario de Máxima, y la elección se convirtió en uno de los detalles más comentados de su look.
Ariane, por su parte, llevó una solución mucho más sutil. Su pieza parecía inicialmente una diadema ancha, pero era en realidad la mitad de un sombrero de Máxima que había sido modificado para ella. El resultado demuestra hasta qué punto las nuevas generaciones están reinterpretando el protocolo en lugar de abandonarlo.
Amalia: de un pequeño sombrero prestado a la rejilla negra
La princesa heredera Amalia comenzó a experimentar con estos códigos muy pronto. En su primer Prinsjesdag, en 2022, llevó un pequeño sombrero rosa de Fabienne Delvigne procedente del armario de Máxima, decorado con dos broches de diamantes que su madre había utilizado anteriormente.
La pieza volvió a adquirir protagonismo años después, pero en un contexto completamente diferente: el funeral del rey Harald V de Noruega, celebrado el pasado septiembre. Amalia apareció vestida de negro con el mismo tipo de accesorio, convertido ahora en una pieza sobria de luto.
Alexia: la más atrevida se atreve también con el sombrero
Alexia es probablemente la hermana que más ha utilizado la moda como terreno de experimentación. Durante años ha preferido prescindir de grandes accesorios de cabeza en Prinsjesdag, pero en 2026 dio un giro con la fedora de Maison Michel.
El sombrero burdeos, tomado del armario de Máxima, aportó una estética casi ecuestre al vestido verde oscuro de Reiss. No era el tradicional sombrero de ala que podríamos esperar en una jornada como esta, y precisamente por eso funcionaba como declaración de estilo.
Ariane: cuando el sombrero se convierte en diadema
Ariane ha demostrado una evolución similar. En 2025 ya había sorprendido en Prinsjesdag con un sombrero de Philip Treacy perteneciente a Máxima, combinado con un vestido azul de Victoria Beckham y joyas de zafiros y diamantes.
En 2026, en cambio, ha llevado una versión mucho más ligera del accesorio. Su sombrero de Máxima fue modificado para convertirlo visualmente en una especie de diadema ancha, una solución mucho más acorde con una princesa joven y con un vestido que ya tenía bastante presencia.
Elisabeth de Bélgica: la gran pamela como signo de madurez
La princesa Elisabeth representa otra fase. Como heredera de Bélgica, sus compromisos institucionales han ido aumentando y con ellos también la sofisticación de su imagen.
En el Día Nacional de Bélgica de 2026, la princesa apostó por un conjunto blanco acompañado de una gran pamela clásica, realizada por Maison Fabienne Delvigne, la casa de sombrerería estrechamente vinculada a la familia real belga. La firma trabaja habitualmente para la Casa Real y ha creado piezas específicas para sus grandes acontecimientos.
El resultado fue muy diferente al de las neerlandesas: menos experimental y mucho más institucional. La pamela blanca, el vestido floral, los pendientes con motivos florales, el clutch y los guantes construían una imagen de heredera adulta preparada para ocupar progresivamente un lugar central dentro de la Corona.
Elisabeth también ha utilizado tocados en contextos sociales. En julio de 2026, durante la boda en Viena de la archiduquesa Isabel de Habsburgo-Lorena con Carlos de Palacio Gaytán de Ayala, volvió a apostar por un estilismo sofisticado, demostrando que este tipo de accesorios también tienen un papel importante en las grandes bodas aristocráticas europeas.
Ingrid Alexandra: el tocado también puede hablar de respeto
En Noruega el lenguaje es distinto. Ingrid Alexandra, que acaba de asumir un papel institucional todavía mayor tras el fallecimiento de su abuelo Harald V, ha utilizado accesorios de cabeza especialmente en momentos solemnes.
En el funeral de Harald, el 9 de septiembre, las mujeres de la familia real noruega recurrieron a distintas formas de cubrir o enmarcar el rostro. Ingrid Alexandra llevó una pieza negra muy discreta, con una pequeña rejilla, integrada en un conjunto de luto. La elección estaba lejos del efecto decorativo de una pamela: aquí el accesorio funcionaba como símbolo de solemnidad y respeto.
Alexandra de Hannover y el regreso del ‘pillbox’ de Grace Kelly
Alexandra de Hannover representa la versión más fashionista y retro del fenómeno. En el Día Nacional de Mónaco de noviembre de 2025 apareció con un vestido negro de Prada acompañado de un pillbox de Maison Krasnova, el pequeño casquete sin ala popularizado internacionalmente por Jackie Kennedy y asociado también a la estética de Grace Kelly.
La elección tenía además un significado familiar particularmente atractivo. Alexandra es nieta de Grace Kelly y el pillbox reforzaba esa conexión estética con la generación de los años sesenta, cuando este tipo de sombrero se convirtió en uno de los accesorios más reconocibles de las mujeres de la alta sociedad.
En su caso, el tocado no parece buscar tanto solemnidad como crear una imagen deliberadamente vintage.
¿Será el siguiente paso de Leonor y Sofía?
Quizá la cuestión más interesante no sea por qué Leonor y Sofía no llevan todavía pamelas o tocados, sino cuándo tendría sentido que empezaran a hacerlo.
Leonor se encuentra en una etapa de progresiva asunción de responsabilidades y su estilo ha empezado a ganar personalidad, pero todavía mantiene una imagen deliberadamente sencilla y reconocible. Sofía, con un papel institucional menor, tiene todavía más margen antes de necesitar los códigos de una royal adulta.
Además, España no posee una cultura de sombrerería institucional tan arraigada como Reino Unido, Bélgica o Países Bajos. En Inglaterra, por ejemplo, los grandes acontecimientos sociales han convertido históricamente el sombrero en una parte esencial del uniforme femenino, desde Ascot hasta las bodas reales. Kate Middleton lo ha utilizado en numerosas ocasiones precisamente para elevar un vestido de día sin convertirlo en un look de noche.
Por eso, cuando Leonor estrene finalmente su primer gran tocado —o, mucho más simbólicamente, su primera tiara— probablemente no será un accesorio elegido al azar. Será la consecuencia de un cambio de escenario: una boda real, una ceremonia de Estado, una gran recepción o una ocasión en la que su posición requiera un lenguaje más ceremonial.









