“Messi ha sido un milagro para Argentina”

“Messi ha sido un milagro para Argentina”

El camino de Messi con Argentina, no siempre idílico y con curvas sinuosas, llega a su fin entre signos de máxima emoción y un amplio reconocimiento. Un país donde el fútbol se sitúa en un estrato superior asiste a su adiós bajo la sensación de vacío que deja y la reflexión sobre una figura que ha trascendido a la categoría de mito. “Lo que tenemos mucho los argentinos es como una especie de nostalgia por un pasado que nos parece glorioso y que en algún momento se torció. En ese sentido, el fútbol nos ofrece una suerte de redención. Primero Maradona y después Messi nos aportan esa certeza de que efectivamente estábamos destinados a la grandeza. Ese creo que es el gran significado de Leo respecto a la sociedad argentina”, sostiene el afamado escritor Eduardo Sacheri, cuya producción literaria está cargada de referencias futbolísticas (Esperándolo a Tito y otros cuentos de fútbol, La vida que pensamos, Papeles en el viento...).

“Messi es un milagro para Argentina. Piensen que entre 1977 y 1997 tuvimos el enorme privilegio de tener al mejor jugador del deporte más masivo. Maradona era, por definición, irrepetible, y resultó que pocos años después de su final se repitió. Uno era extraordinario; dos eran perfectamente increíbles”, explica Martín Caparrós, periodista y escritor, ganador de numerosos premios, entre ellos el Ortega y Gasset.

La adoración del pueblo argentino por Messi fue in crescendo y atravesó momentos de dificultad. “Normalmente, los jugadores argentinos debutan muy jóvenes en el país y se produce una simbiosis muy rápida. Eso con Messi no ocurrió. Siempre digo que se puede asemejar a cuando uno se entera que tiene un hijo con 18 o 19 años. Entonces, tiene que aprender a amar a un hijo que no sabía que lo tenía y entonces es una relación muy compleja”, expone Sergio Levinsky, periodista y sociólogo, autor del libro Messi y todo lo demás. Martín Caparrós también coincide en las barreras emocionales que tuvo que derribar: “Chocó con muchas resistencias. Era como un intruso, uno que venía a ocupar un lugar que ya estaba ocupado para siempre en nuestros corazones. Y, sin embargo, poco a poco, tuvimos que armarnos corazones para dos”.

“La trayectoria de Messi en la selección solo puede pensarse como una sucesión de adversidades desde la certeza argentina medio disparatada de que su equipo tenía que ser campeón del mundo. Digo, porque ya había sido subcampeón, había ganado otros torneos; sí, le faltaba el Mundial, algo que casi nadie tiene, y al fin lo logró”, añade Martín Caparrós. En este punto, la voz de Pablo Alabarces, uno de los pioneros de la sociología del deporte en América Latina, también ahonda en esta idea: “Fue criticado por esta cuestión de no ganar nada y de perder todas las finales que jugaba. Para colmo se contraponía al éxito deportivo con el Barcelona”.

La roja del debut, el día que emergió el “líder total”…

“Messi ha sido un milagro para Argentina”

El álbum de recuerdos de Messi con Argentina tiene pasajes inolvidables. “Yo me quedo, seguramente, con su debut, el 17 de agosto de 2005, a sus 18 años. Entró a mediados del segundo tiempo y 45 segundos después el árbitro ya lo había echado. Hay que ser un tipo más o menos especial para sobreponerse a eso, ¿no?”, responde Martín Caparrós. Levinsky elige otros dos partidos. “Hay un momento que a mí me parece muy importante, que fue el partido en Barranquilla frente a Colombia en las eliminatorias para Brasil 2014. Messi y Agüero remontan y, además, se le vio vomitando. Mostró esa fuerza interior. Otro partido que yo destacaría como fundacional, en otro sentido, es el de Brasil en Belo Horizonte, en la Copa América 2019, en el que perjudican a Argentina. Messi la descosió y al acabar fue cuando dijo lo de ‘la Conmebol es una mafia’. Ahí emerge la parte del líder total”.

“Lo que le faltaba a Messi no era un Mundial, era un triunfo contra Inglaterra”, razona entre risas Alabarces. “El último gol de Argentina contra Inglaterra, cuando da un centro con su pierna menos hábil y lo pone por encima de cuatro defensores para llegar a la cabeza de Lautaro, me parece increíble”. Aunque derrotó a Inglaterra, Messi no pudo tocar la gloria en este último Mundial al toparse con España. Sí lo logró en Qatar 2022. Sacheri se queda con ese momento: “Fue la cima de esta cadena montañosa de grandes éxitos que lo acompañó en sus últimos años en la selección”.

El paso del tiempo derrotó a los prejuicios. “No representaba al argentino medio. La sociedad argentina no tenía ídolos tan ejemplares. Su conquista fue desde la simpleza, con su deportividad y buena imagen”, asegura Levinsky. Y desarrolla su argumento: “Cuando renunció a la selección, se produjo un hecho que yo considero contracultural habiendo perdido, que es que una sociedad tan exitista como la argentina en fútbol le pidió en pasacalles, en manifestaciones, en las carreteras, en todas partes, que volviera, por favor. Es extraño ese fenómeno”.

Para Diego Tachella, psicólogo, docente e investigador, “Messi funcionó durante veinte años como un punto fijo al que volver incluso en los momentos en que la realidad del país daba pocos motivos para sostener algo. Eso no lo convierte en un salvador ni en un ejemplo moral, pero sí en un referente afectivo colectivo, que es una categoría distinta y probablemente más honesta. Una épica de luchar desde lo más bajo y llegar a la cumbre superando todos los obstáculos, nunca dejó de ser argentino a pesar de pasar la mayor parte de su carrera en Barcelona, ni su tonada rosarina perdió”.

El periodista Emiliano Nunia defiende que el legado de Messi va más allá del fútbol: “Messi no solamente nos emocionó con sus goles y títulos en la selección argentina. Traspasó generaciones. Nos conmovió con una aleccionadora manera de vivir y sentir. Nos enseñó que se puede perder, pero es obligación levantarse, porque sus sueños se negaban al desalojo, aunque la sensatez protestará. Su voracidad y mentalidad ganadora fueron el motor de cada uno de sus sueños. Marcó a toda una generación no solo como deportista, sino también como ejemplo de persona. Los títulos quedan en la historia. Sus valores y grandeza quedan para siempre y nos deja la vara alta: tanto afuera como adentro de una cancha de fútbol”.

Messi perdió, pero luego ganó. Su retirada de la selección provoca una desazón sentimental en la sociedad futbolera. “El vacío, por ahora, es enorme”, describe Martín Caparrós. “Yo creo que hay una despedida agradecida. Quedaría más vacío si Leo no hubiera logrado las consagraciones que consiguió con la selección argentina. Es un ciclo que se cierra sobre todo con agradecimiento más que con sensación de pérdida”, contrapone Sacheri. Alabarces considera que no habrá nostalgia social: “Deja un vacío de magnitud en el ámbito futbolístico, no solo para la Argentina. Socialmente no deja ninguna vacante. No hay tal ausencia social, por ejemplo. Está en todos los anuncios, en las redes…”. Una visión compartida por Levinsky: “El legado fundamental es el futbolístico, esa sensación de perder un genio. Y la otra cuestión, que me parece no menor, es que Messi deja un vacío también en cuanto al afecto del resto del mundo por la selección argentina. Consiguió algo muy difícil, que es que medio mundo fuera fanático de él”.

Argentina tendrá que aprender a vivir sin el ídolo. Para Tachella, “el anuncio funcionó casi como un quiebre: obligó a una sociedad entera a empezar, todos a la vez y de golpe, un trabajo que hasta ese momento venía posponiendo, deseando que Messi dure para siempre. Y ese trabajo, además, no arrancaba de cero: se montó sobre un duelo que ya estaba abierto por la derrota en la final de la copa del mundo ante España. No hubo margen para narrar la despedida como un cierre glorioso, coronado por una victoria; fue una despedida que tuvo que convivir con la tristeza de lo que no se consiguió”.

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“Después de casi medio siglo de injusticia, la Argentina va a tener que acostumbrarse a vivir sin tener al mejor jugador del mundo”, medita Martín Caparrós. “Pero, al mismo tiempo, nadie deja de atesorar, escondida en un recoveco del cerebro, la ilusión de que no hay dos sin tres”.

“Diego representaba cómo somos los argentinos; Leo, lo que deseamos ser”

“Messi ha sido un milagro para Argentina”

La carrera de Messi en Argentina siempre se escrutó bajo la eterna comparación con Maradona. Dos genios con más diferencias que semejanzas y un relato que se fue construyendo de una manera muy particular. “Al principio muchos veían a Messi como un intruso que quería sacarle su lugar al Más Grande. Para colmo era un chico tímido, que nunca había jugado en Argentina y ni siquiera sabía cantar el himno. Pero tuvo la suerte de que no le fuera bien en los mundiales y entonces mucha gente empezó a apiadarse de él. Ya no era un triunfador distante; era un perdedor como nosotros, uno de nosotros. Su fracaso era culpa de la Argentina: pobre muchacho, con el Barça gana todo y viene acá y no hay manera. Por eso su Mundial de Qatar fue tan festejado: era, en el mejor estilo argento, un perdedor que al fin ganaba”, esgrime Martín Caparrós. Para Alabarces, Messi nunca compitió con Maradona en el imaginario colectivo. “No puede ser Maradona. Creo que tampoco lo quiere ser. Las significaciones de Maradona excedían al fútbol”.

“La relación entre Messi y Maradona es muy rica. Cuando irrumpe Messi, Maradona era joven en la vida aún. Fue un golpe para él”, argumenta Levinsky. “Maradona tuvo un respaldo de años en el fútbol argentino antes de salir. Yo pienso que el hecho de haber nacido en Argentinos Juniors le dio un aura especial por el hecho de aparecer en un equipo pequeño. Además, uno (Maradona) era muy para afuera; el otro (Messi) muy para adentro. Esa forma de ser de Maradona yo creo que representa al argentino medio. Aun así, Messi logró conquistar a la sociedad de otra manera”, abunda en su tesis.

El contraste entre Maradona y Messi es evidente para Tachella: “Maradona, en su vida pública, sembró escándalos, controversias y dejó cientos de frases que hoy son parte del acervo cultural. De Messi, en cambio, con un perfil más reservado, no se conocen opiniones públicas por fuera del fútbol. ¿Será eso también parte de lo que hoy cuesta despedir? No solo al jugador, sino a una figura pública sobre la que casi no hubo grieta posible”.

Sacheri mira a la esencia argentina para confrontar a ambos genios: “Hay una gran diferencia entre ambos, más allá que hay un enorme amor por ambos. Creo que Diego representa más cómo nos sentimos los argentinos y Leo representa más lo que deseamos ser los argentinos. De hecho, la historia de Diego está más jalonada de paraísos e infiernos. La de Leo es una historia más armoniosa. En ese sentido, creo que la identificación con ambos es diferente, pero confluyen”.

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