EU, sin armas y sin acuerdo
Dicen que cuando el río suena, agua lleva. Hace semanas que en Estados Unidos ronda la versión de que el Pentágono se está quedando sin municiones y misiles de precisión para sostener su ofensiva militar contra Irán, la cual escaló el pasado 28 de febrero, tras un bombardeo masivo en conjunto con Israel, que cobró la vida de altos mandos en Teherán, incluido el Ayatolá Alí Jamenei.
El Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS) documentó que, entre febrero y julio de este año, el Ejército estadounidense consumió 65% de sus interceptores Patriot fabricados por Raytheon. Advierten que las reservas del sistema de defensa antiaérea THAAD son 38% inferiores a las del inicio de las hostilidades. La capacidad industrial pesada parece no avanzar al ritmo del gasto operativo.
Teherán es un enemigo histórico de Washington, marcando su distancia insuperable desde el 4 de noviembre de 1979 con la crisis de los rehenes en la Embajada norteamericana. En aquel entonces, 52 ciudadanos estuvieron cautivos durante 444 días tras la Revolución Islámica, sellando el nacimiento de una teocracia represora.
Casi medio siglo después, la administración estadounidense buscó ajustar cuentas con un régimen que dedicó décadas a prepararse militarmente para este escenario. Sin embargo, el panorama estratégico ha dado un giro imprevisto.
Teherán ha demostrado una notable capacidad de absorción y resistencia ante la presión armamentista de la principal potencia mundial, cuyo abastecimiento empieza a mostrar fisuras logísticas preocupantes.
Esto cambió por completo la dinámica de un conflicto que en sus primeras horas prometía ser devastador y definitivo a favor de Estados Unidos.
Hoy, la Guardia Revolucionaria mantiene una posición de fuerza considerable sobre el terreno. Mientras la retórica de la Casa Blanca oscila a diario entre la promesa de un acuerdo inminente y las amenazas de devastación total, la realidad muestra un estancamiento en el que ninguna de las dos cosas se materializa.
Fuentes periodísticas señalan que la molestia presidencial por el rápido descenso de las reservas de armas de largo alcance es evidente desde los primeros meses del conflicto. En una reciente reunión del gabinete en Camp David, las tensiones salieron a la luz cuando el presidente Donald Trump cuestionó de manera directa al secretario de Defensa, Pete Hegseth, por la falta de resultados para restituir el arsenal táctico a pesar de las órdenes giradas con anterioridad.
En un intento por destrabar el cuello de botella, el Pentágono otorgó un plazo de 21 días a los principales contratistas de la industria de defensa para acelerar las entregas.
Mientras tanto, Irán mantiene inalterables sus exigencias y conserva un control operativo parcial sobre el Estrecho de Ormuz, un paso clave para el comercio global. Con el calendario político apretado para Trump y las reservas bajo presión, el margen de maniobra estratégico se reduce día con día para el inquilino de la Casa Blanca, que, por lo pronto, se ha quedado con las manos vacías.
POR ISRAEL LÓPEZ GUTIÉRREZ
COLABORADOR
@PAPADEPONCHO
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