Enfrentar el pánico escénico, con música
La música acompaña a la tarde, algunos transeúntes detienen su andar, miran, escuchan, sobre todo. Dejan unas monedas en el estuche del violín. Y Yoseph murmura: “gracias”.
Ella padece pánico escénico, sin embargo, de su violín sale “take on me” de A-ah, “bad guy” de Billie Eilish, el “vals número 2” de Dimitri Shostakovich o “La Foule” de Edith Piaf y que siete décadas después popularizara La Sonora de Margarita bajo el título “Que nadie sepa mi sufrir”.
Son tres horas diarias en las que Yoseph lucha contra el pánico escénico en la calle 16 de septiembre, en el centro de la Ciudad de México, ante miles de personas que a diario pasan por esa calle. Nadie se imagina lo que pasa por la cabeza de esta chica de 31 años, cabello corto, rojizo.
A Yoseph Molina la gusta la música desde los 7 años, empezó siendo autodidacta con la flauta. Aprendía las canciones de oída para luego repetirlas. El cambio ocurrió a los 14 años, cuando conoció el violín y se enamoró de ese instrumento.
Empezó a ahorrar con lo que su familia le daba para la escuela y compró su primer violín acústico.
Todo iba bien, hasta que a los 19 años las voces comenzaron a hablarle y el miedo a la gente se apoderó de ella.
Cuenta su historia, salpicada siempre con la frase “mi padecimiento”, como si el solo hecho de nombrarlo pudiera invocarlo. También cuenta de la persona que más la apoyó para entrar a escuelas de música, a ella pareciera sí querer invocarla: su abuelita Carmela, fallecida en 2021.
-Hay muchos tabús, la gente tiene una mala idea de esta enfermedad. Alguien se imagina a un loquito que habla solo, pero no, con tratamiento se puede llevar una vida relativamente normal, con sus altibajos -dice.
A Yoseph le diagnosticaron esquizofrenia indiferenciada.
Según Wikipedia, los principales síntomas son alucinaciones, como ver, oír o sentir cosas que no existen; lenguaje desorganizado, que es hablar de forma confusa o incoherente y comportamiento catatónico, es decir, movimientos extraños o falta de reacción.
Yoseph habla coherentemente, retrocede en el tiempo para recordar, sonríe, aunque con timidez, da las gracias cuando echan monedas en el estuche y tiene movimientos armónicos cuando su mano derecha sujeta el arco y lo desliza sobre las cuerdas.
-¿La música te ayuda?
-A veces llego con mucha ansiedad y la música me relaja, otras veces, la interacción con la gente me causa principios de ataques de ansiedad.
Hay melodías que toca en honor a su abuelita: “La llorona”, “Amor eterno” y una que se aprendió específicamente para ella, porque dice, le gustaba mucho:
“Suavemente”, de los años 80, de Crystal. Y por supuesto, toca el Soundtrack de la película “Interstellar”, su favorita.
-No sé por qué me recuerda mucho a mi abuelita.
La tarde cae blanda en el centro histórico de la Cdmx. Yoseph acomoda su violín, recoge los billetes y monedas del estuche. No los cuenta. Dice “adiós”.
POR OLIVIER PAVÓN
COLABORADOR
@OLIPAVON13
MAAZ