Del acervo a las salas

Del acervo a las salas

Una exposición no empieza cuando una obra llega a la sala, en el Museo Nacional de San Carlos (MNSC) puede comenzar hasta dos años antes, con una pregunta que el equipo curatorial busca responder a través de las obras.

Jorge Reynoso Pohlenz, director y curador del recinto, quien ha trabado en museos como el Universitario de Arte Contemporáneo y el Carrillo Gil, explica que el primer paso no es revisar qué piezas están disponibles, es definir qué se quiere decir; después, indica, viene el problema central, que es el de encontrar las obras capaces de demostrar el discurso analizado y definido.

“Estás manejando ideas, pero como si la sala fuera un juez, tienes que mostrar evidencias”, así resume buena parte del trabajo curatorial del San Carlos. Y agrega que “un concepto puede ser atractivo, pero sólo se convierte en exposición cuando encuentra respaldo en las piezas, puede sostenerse con investigación y resulta viable desde el punto de vista de la conservación, los préstamos y los recursos disponibles”.

Foto: Fernanda Millán

Actualmente, el recinto cuenta con un acervo de dos mil 400 piezas de arte europeo y occidental, con obras que van del siglo XIV a principios del XX. La colección incluye pintura, obra gráfica, dibujo, escultura y, en algunos casos, fotografía. 

“Es un conjunto suficientemente amplio para construir múltiples historias, pero no para contar cualquier historia”, añade Reynoso Pohlenz.

Y es que para el especialista “una obra puede estar en reserva, requerir trabajos de conservación, no ser susceptible de préstamo o, simplemente, no existir en la colección. En cualquiera de esos casos, la idea inicial puede cambiar”.

Por ello, el método, explica el director, permite construir exposiciones alrededor de preguntas y no únicamente de periodos históricos. Para ejemplificarlo, plantea la posibilidad de abordar una exhibición desde la representación de lo femenino, a partir de preguntas como “¿cuántas artistas mujeres forman parte del acervo? y ¿cómo han sido representadas las mujeres a lo largo de la historia del arte? Después comienza una investigación que debe encontrar correspondencia material en las obras. El objetivo es que el visitante deje de mirar únicamente una composición ‘bonita’ y empiece a preguntarse qué información contiene”.

Foto: Fernanda Millán

Así, un bodegón, por ejemplo, puede parecer a primera vista una pintura de frutas, flores o vajillas, sin embargo, detrás de esos objetos pueden aparecer referencias al comercio, la religión, la sensualidad, la muerte o las relaciones económicas de una época. “La naturaleza muerta nunca es inocente. Además, una pintura de la Nueva España del siglo XVII puede llevar al espectador hacia las naturalezas muertas de Olga Costa o María Izquierdo, aunque las obras no necesariamente compartan la misma sala”, apunta Reynoso Pohlenz, para quien una muestra se convierte en una red de continuidades y contrastes.

Otra estrategia curatorial, comparte, consiste en sacar las obras del contexto en el que el público espera encontrarlas. “Proponemos un contexto nuevo para que no sea, digamos, la escultura en el edificio clásico, sino para que la imaginación salte quizás a otro lado. El propósito no siempre es confirmar lo que el visitante ya sabe, sino modificar la manera en que observa una obra. La apuesta implica alejarse, cuando es necesario, del recorrido predecible por siglos y estilos (gótico, renacimiento y barroco) para establecer encuentros inesperados entre obras antiguas y referencias modernas o contemporáneas”, dice.

Pero para hacer una curaduría, señala, elegir también significa excluir. “Toda exposición tiene otra historia que el visitante casi nunca ve, la de las obras que no llegaron a la sala. ¿Qué pieza ocupa el centro? ¿Cuál queda fuera? ¿Cuál necesita dialogar con otra? ¿Cuál resulta indispensable para sostener el argumento?”, comparte Reynoso Pohlenz, y en ese sentido, resalta, esas decisiones también forman parte de la curaduría.

Foto: Fernanda Millán

“La curaduría, por tanto, no consiste únicamente en seleccionar lo que se muestra. También implica establecer jerarquías, relaciones y ausencias. Mostrar es interpretar. Pero también lo es ocultar”, concluye.

La colección del Museo Nacional de San Carlos conserva obras de artistas europeos que llegaron al país para enseñar en la academia, entre ellos Eugenio Landesio, maestro de José María Velasco; Pelegrín Clavé y Manuel Vilar.

Adicionalmente, este espacio ubicado en la Av. México-Tenochtitlan 50, en la Tabacalera, es, por sí mismo, disfrutable por su amplia historia y belleza.  Es una construcción del siglo XVII del reconocido arquitecto Manuel Tolsá. Originalmente fue una residencia, pero ha tenido varios usos, se utilizó como fábrica de cigarros, oficinas de la Lotería Nacional y sede de la Preparatoria Nacional número 4 de la UNAM, hasta que en 1966 fue cedido al INBAL e inaugurado como Museo de San Carlos en 1968 y como Museo Nacional en 1994 por decreto presidencial. Y su acervo proviene de las galerías de arte de la Antigua Academia de San Carlos.

ELEMENTOS

  • El arquitecto Manuel Tolsá fue director de escultura de la Academia de San Carlos y es responsable de la edificación del inmueble.
  • El MNSC tiene una colección de 649 artistas, de los cuales 12 son artistas.
  • Cuenta con obras de Rubens, Carrucci, Tintoretto, Zurbarán, Goya, Ingres, Clavé y Sorolla, entre otros grandes maestros de la pintura europea.
  • Tiene 10 salas de exhibición.

Por Azaneth Cruz

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