Casitagua arde y Quito respira humo: más de 100 barrios sienten sus efectos

Casitagua arde y Quito respira humo: más de 100 barrios sienten sus efectos

El incendio del cerro Casitagua ya se siente más allá de sus laderas. El humo ha alcanzado al menos 100 barrios a la redonda y se mantiene bajo vigilancia la calidad del aire en el norte de Quito.

Este viernes, 18 de septiembre, la Secretaría de Ambiente reportó un índice de 62 puntos, considerado aceptable, aunque la presencia de humo y ceniza mantiene a los moradores con mascarillas y bajo la recomendación de evitar actividades al aire libre.

En las calles, el olor a quemado permanece y una fina capa de ceniza se posa sobre viviendas, vehículos y el cabello de quienes viven cerca del cerro. Esto pertenece a esos 38 puntos de aire contaminado, aún constante en la ciudad.

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“Recomendamos a la ciudadanía el uso de la mascarilla para que pueda protegerse del humo. Igualmente, puedan tener toallas húmedas en sus puertas, en sus ventanas y que cuiden a sus seres queridos, al grupo prioritario”, mencionó Jorge Luis Obando, especialista de bosques de la Secretaría del Ambiente.

Mientras Quito respira con cautela por partículas de humo que vuelan en el aire, Casitagua todavía arde. Más de 25 horas después de que se inició el incendio, los bomberos mantienen dos focos activos: uno en el lado norte y otro hacia el sur, en las cercanías de Catzuquí de Velasco.

Durante toda la madrugada de jueves a viernes, los uniformados continuaron trabajando para contener las llamas. La vegetación y las pendientes han convertido cada avance en una tarea difícil.

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Con maquinaria pesada han tenido que abrir campos y caminos para llegar hasta los puntos en los que el fuego todavía amenaza con reaparecer mientras cámaras térmicas permiten localizar focos de calor que no siempre son visibles desde la superficie.

Incendio forestal en el cerro Casitagua, en el sector de Pusuquí, norte de Quito. Foto: Alfredo Cárdenas.

Más de 25 horas de combate contra el fuego

“Hay zonas en las cuales es muy complicado atacar por tierra. Y si las condiciones meteorológicas lo permiten, hacemos combate aéreo. Una vez que la radiación baja, combatimos directamente con el personal”, sostuvo Pablo Andino, comandante del Cuerpo de Bomberos.

Capitán Pablo Andino, comandante de Incendios del Cuerpo de Bomberos de Quito, en el puesto de mando instalado para combatir el incendio forestal en el cerro Casitagua, en el sector de Pusuquí, en el norte de la capital. Foto: Alfredo Cárdenas.

El operativo reúne a unos 100 efectivos del Cuerpo de Bomberos, 33 vehículos y catorce tanqueros. Desde el aire también se ha combatido el incendio. Cuatro aeronaves del Cuerpo de Bomberos y otras de la Policía Nacional, la Fuerza Aérea Ecuatoriana y la Aviación del Ejército han realizado 51 descargas de agua desde que comenzó la emergencia. El cerro permanece bajo monitoreo permanente porque, aunque las llamas han sido controladas en varios sectores, todavía existen puntos que podrían reactivarse.

“Estamos llegando a las 25 o 26 horas de trabajo continuo. No se ha parado para nada. En las noches es cuando más se aprovechó para hacer el ataque, porque la radiación bajó y la velocidad del viento también”, señaló el efectivo bomberil.

Pero basta mirar Casitagua para entender la dimensión de lo ocurrido. Más de 100 hectáreas han quedado quemadas. El verde y el café que acostumbraban cubrir sus laderas desaparecieron bajo una extensa mancha gris. Las gramíneas, los matorrales y especies nativas, como el molle, algarrobo, guarango, cholán, agave y cabuya, quedaron convertidos en ramas negras, tierra quemada y ceniza.

Un helicóptero de la Fuerza Aérea del Ejército forma parte del contingente que combate el incendio forestal en el cerro Casitagua, en el sector de Pusuquí, en el norte de Quito. Foto: Alfredo Cárdenas.

Donde antes se escuchaban las aves, ahora domina un silencio extraño. Solo se perciben el viento entre la vegetación carbonizada, el crujido de alguna hoja que todavía termina de quemarse y el olor invasivo del humo. La ceniza se levanta con cada ráfaga y vuelve a caer sobre las comunidades cercanas.

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El humo también afecta a los animales

La emergencia también alcanzó a los animales. Hasta este jueves, 17 de septiembre, 35 animales de compañía y ganado han sido atendidos por afectaciones relacionadas con el humo, mientras se coordina con la Policía Ambiental la atención de la fauna silvestre que pueda haber quedado atrapada o afectada por el incendio.

“Hemos desplegado un equipo de médicos veterinarios a diferentes puntos para que den recomendaciones y se atienda a los mismos. Pueden tener afectaciones pulmonares; ellos no pueden ponerse mascarillas, pero hay recomendaciones exactas”, indicó José Paredes, director de la Unidad de Bienestar Animal (UBA).

No sacarlos de casa, mantenerlos humectados, limpiarles las fosas nasales y cubrirlos ante las ráfagas de viento son algunos parámetros que la entidad municipal ha socializado con los moradores para evitar pérdidas en los animales de compañía.

Asimismo, brigadas de salud del Municipio de Quito y del Gobierno nacional se mantienen subiendo a las comunidades que residen en el sector para controlar que las personas no tengan ninguna complicación respiratoria o heridas causadas por la emergencia.

Incendio forestal en el cerro Casitagua, en el sector de Pusuquí, en el norte de Quito. Foto: Alfredo Cárdenas.

Casitagua permanece bajo vigilancia. Los bomberos siguen en sus laderas, las cámaras térmicas buscan nuevos puntos calientes y las aeronaves continúan apoyando desde el aire. El fuego todavía no termina, pero sus primeras consecuencias ya están a la vista: un cerro que perdió su color, barrios cubiertos por humo y ceniza y un paisaje donde la vida que antes se escuchaba entre los matorrales ahora quedó escondida bajo el gris.

Actualmente, según el alcalde Pabel Muñoz, siete denuncias están procesadas y bajo investigación, mientras que cuatro personas han sido detenidas por incendios forestales. Una está procesada con seis meses de prisión, dos en prisión preventiva y una con presentaciones periódicas en la Fiscalía. (I)