Camila Bichler transformó el axé en una herramienta de bienestar y salud mental
Muchos escuchamos axé y nuestro cerebro rebusca 20 años atrás: fiestas con hora loca, los primeros días de YouTube repitiendo al cansancio los videos de Ta Dominado y aprenderse las coreografías.
Más recientemente, el axé es el centro de videos nostálgicos en redes sociales; puede que no recuerde cómo factorizar el trinomio cuadrado perfecto, pero esos pasos de Danza da maozinha están tatuados en nuestra memoria muscular.
Para la artista brasileña Camila Bichler, la única mujer de dicho grupo y una de las figuras centrales de la euforia del axé en Ecuador, ese ritmo ahora es una herramienta de bienestar. Su relación con el baile trasciende el escenario y transforma su vida. La bailarina de 43 años cruzó un periodo de depresión, que duró alrededor de siete meses, tras su divorcio. Dice que se miraba al espejo y no se reconocía: “Me veía apagada, la autoestima baja”.
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El miedo a enfrentar sola la responsabilidad de sus dos hijos la paralizó. En medio de ese proceso, encontró nuevamente en el baile una vía para reencontrarse y reconstruirse. “Dios me dijo: ‘Vuelve a bailar’”, revela. “Aunque no tenía ganas, me puse mis tenis, ropa cómoda, en la sala de mi casa arrastré el sofá y empecé con el baile de nuevo. No tomé ningún remedio, fue puro baile”.
Esos días cambiaron su concepto del autocuidado. “Tenemos que ponernos en primer lugar. Si yo no estoy bien, no soy una buena madre, no trabajo bien. Mi bienestar está en primer lugar”, expone.
Esa experiencia personal se convirtió en parte de su misión actual: bailoterapias, muchas de ellas dirigidas a mujeres, y mantiene actividades virtuales de lunes a viernes. Sus clases, explica, buscan acompañar a quienes enfrentan ansiedad, baja autoestima o depresión. También trabaja con distintas edades, añade, incluidas alumnas de 60 y 70 años.
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Ecuador no olvida el axé, gracias a Ta’ Dominado
Camila Bichler hoy está en el país, en el que guarda un especial significado: aquí construyó parte de su carrera. En ese sentido, recibe mensajes de fanáticos que le cuentan que continúan bailando esas canciones en reuniones familiares. “Realmente quedó clavado en la mente de todos”, señala. Incluso las canciones de aquel entonces, que considera “los nuevos clásicos”, siguen provocando una reacción inmediata.
Al recordar su trayectoria, destaca especialmente el cariño que aún le entrega el público. Asegura que algunos se acercan a decirle que incluso les han puesto su nombre a sus hijas. “Eso me llena el alma. Yo digo que es el resultado de un trabajo hecho con amor”, manifiesta.
En esta ocasión, vino con un nuevo rol: jueza en la búsqueda de nuevos talentos en Ecuavisa. Más allá de la técnica, quiere encontrar “la entrega en el baile, la simpatía, el carisma” y, sobre todo, comprobar que existe una verdadera pasión. Por eso su consejo para las nuevas generaciones parte precisamente de sus vivencias. “Hacer lo que amo es lo que nos llena el alma”, afirma. Y añade: “Busca algo que te guste hacer”.
Salud mental, la nueva misión de Camila Bichler
Su trabajo relacionado con el bienestar no se limita al movimiento. Bichler también se ha convertido en escritora y trabaja en su segundo libro. El primero, 21 días de afirmaciones positivas y gratitud, aborda el poder de las palabras, la mente, y el amor propio.
En su segundo proyecto, Bichler profundiza en su propia historia: la maternidad, el cáncer que atravesó su hija Luna, la muerte de su padre y los episodios de ansiedad que experimentó durante esa etapa.
A partir de esos días, creó el concepto del “método de frecuencia positiva”, basado en el cuidado de la espiritualidad, el cuerpo y la mente y que incorpora herramientas como el baile, la fe, la autoestima y el amor propio.
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La salud mental ocupa así un lugar central en su mensaje. Bichler considera que la ansiedad y la depresión son fenómenos que se han extendido más allá de Brasil y que se hicieron especialmente visibles después de la pandemia. “Estamos en una era de la humanidad viviendo esta situación”, sostiene, destacando la necesidad de hablar abiertamente sobre el cuidado de la mente, tal como ella lo hace.
La maternidad es otro de los ejes de su historia. Sus hijos tienen personalidades diferentes frente al baile: mientras David, el más chiquito, suele acompañarla en sus transmisiones, Luna (la mayor) es más tranquila y no comparte la misma pasión por bailar. Bichler, además, reivindica la posibilidad de criar a sus hijos como madre soltera pese a las dificultades: “Ser madre soltera es posible, aquí estamos”.
Al mirar a la joven Camila que llegó a Ecuador hace dos décadas, con sueños y desafíos, no siente arrepentimiento, sino gratitud. “Le agradezco, la abrazo”, dice. Para ella, aquella joven fue una mujer “guerrera” que trabajó con amor y perseveró para cumplir sus objetivos: “Plantamos y seguimos cosechando”. (E)




