Viaje a la ciudad que inventó a Lula y ya vota a la derecha: "Un día descubrí que mi esposo era bolsonarista"
De un momento para otro, a Raquel Rodrigues Silva se le esfuman la sonrisa y la locuacidad: "Tengo miedo". ¿Miedo de qué? De que, tras medio siglo, todo haya llegado a su fin. De que, efectivamente, se haya apagado la estrella de Luiz Inácio Lula da Silva en el mismo sitio en el que comenzó a brillar hace medio siglo. Muchos brasileños creen que Lula puede obrar el milagro de revertir el resultado de la primera vuelta y ganar este domingo las elecciones presidenciales. Pero, más allá del empate 50-50 de la reciente encuesta de Datafolha, la historia marca que lo más probable es que la era Lula se haya terminado y que el próximo presidente sea Flávio Bolsonaro. Nunca en la democracia brasileña recuperada en 1985 un candidato que perdió la primera vuelta ganó la segunda.
Rodrigues Silva, fisioterapeuta de 52 años, está al frente de Gijos Restaurante, emblema gastronómico de Sao Bernardo do Campo, una ciudad de 800.000 habitantes en la periferia de Sao Paulo en la que Lula nació a la vida pública como dirigente sindical y, luego, como el político que llegó tres veces a la Presidencia de la República. Es la hija de uno de los mejores amigos de Lula, obrero metalúrgico como él, y lo conoce desde niña, al igual que a uno de sus hijos, Fabio Luiz, Lulinha, con el que cursó parte de la educación primaria.
En las horas finales rumbo a la segunda vuelta que definirá quién gobierna la novena economía del mundo a partir del 5 de enero de 2027, ni ella, sonriente y optimista habitualmente, puede negar que Sao Bernardo cambió. Hace tiempo que no gobierna el Partido de los Trabajadores (PT), y el alcalde de la ciudad es de derechas, aunque su partido se llame Podemos. El PT no gana allí las municipales desde 2012.
En todo caso, eso no es lo más duro que le sucedió, dice Raquel a EL MUNDO. "Conocí a Marcio, mi marido, en la universidad. Los dos éramos petistas, apoyábamos a Lula. Nos separamos durante 17 años y volvimos a estar juntos. Un día me di cuenta de que se había hecho bolsonarista. ¿Cómo? El día que Lula entró a la cárcel y lo escuché gritar, celebrar".
Esa transformación de Marcio, de la izquierda sindical a la derecha dura, no es una rareza. Hace cuatro años, días antes de la elección que midió a Lula con Jair Bolsonaro, ganada por apenas el 1,8% de los votos por el actual presidente, Raquel fue a la casa de una amiga a compartir un asado con una docena de amigos más. La discusión política escaló y entonces se dio cuenta de que, salvo ella y una amiga, el resto de la mesa votaba a Bolsonaro: "Mi amiga abrió la puerta de calle y me mostró la salida. Me echó. Durante mucho tiempo tuve ataques de pánico recordando aquello".
¿Cómo lidia con el hecho de que su pareja piense políticamente lo opuesto que ella? "Bueno, con mucha terapia", dice Raquel recuperando la sonrisa. "Nuestra casa es grande, en un extremo él escucha los informativos de Jovem Pan (una señal televisiva de derechas) y yo los míos. Y el primer debate presidencial no lo vimos, nos sentamos en el sofá y miramos una película".
Es, en todo caso, una victoria del amor sobre la política, tal como da a entender Juno Rodrigues Silva, más conocido como Gijo, padre de Raquel, dueño del restaurante y amigo de toda la vida de Lula, con el que compartió años en las fábricas y cervezas a las horas más inverosímiles.
"Marcio es una excelente persona, y yo respeto que piense distinto", nos dice el jovial ex obrero de 84 años.
¿Se acabó Lula? Gijo sonríe: "No hay reemplazo para Lula. Es Lula o Lula. Y si gana, van a ver que va a buscar otro mandato. Se lo van a pedir, y la cosa va a ir creciendo tanto que tendrá que aceptar".
Lula da Silva, en Sao Bernardo do Campo, en 1989.Getty
Con los Bolsonaro muy cerca de regresar al Palacio del Planalto, un Lula gobernando de los 85 a los 89 años se aproxima al terreno de la ciencia ficción y lo emparentaría con el dominicano Joaquín Balaguer, que gobernó en su última Presidencia de los 80 a los 90 años, ya prácticamente ciego, entre 1986 y 1996.
Pero Gijo insiste: "Lula es más grande que el PT, tiene más votos".
¿Y por qué tiene entonces cada vez menos votos en el ABC Paulista, que es como se conoce a la zona de fábricas y siderurgia en el extrarradio de la mayor ciudad de Occidente?
"Esto sucede por el desgaste de la imagen del partido, con el impeachment a Dilma Rousseff, y la prisión posterior de Lula", admite Gijo, que al igual que el resto de los entrevistados en São Bernardo do Campo no parece tener excesiva devoción por Janja, la esposa del presidente. Allí, donde todo empezó, siguen venerando a Marisa Leticia, la segunda esposa de Lula, de la que enviudó en 2017.
"Marisa tenía más significado que Janja, ella era del pueblo. A Janja le falta cintura política", dice Gijo.
"No, no tenemos fotos de Janja aquí, nosotros somos de la vieja guardia, de Marisa", añade Katia, otra de sus hijas.
São Bernardo do Campo tampoco parece del gusto de Janja, donde raramente se la ha visto. La revista Piaui, afín a la izquierda, lo explicó recientemente: "Un hito en el distanciamiento de Lula respecto a sus orígenes políticos tuvo lugar en diciembre de 2021, cuando dejó el ático en el que vivía en el barrio de Nova Petrópolis, en São Bernardo do Campo. Pasó a vivir en una casa adosada rodeada de altos muros, de 700 metros cuadrados, en Alto de Pinheiros", un área de clase media alta de São Paulo.
El piso en Sao Bernardo es utilizado ahora por Moisés Selerges, dirigente sindical y amigo de Lula, al que el presidente le insistió en que utilizara su casa tras ver las precarias condiciones en las que vivía.
Muchos responsabilizan a Janja, 21 años menor que Lula, del distanciamiento del presidente de ese ABC paulista en el que hace 46 años fundó el PT, aunque este domingo estará allí votando temprano en la mañana.
Claudionor Vieira, secretario general del sindicato de metalúrgicos, es consciente de que el PT no tiene la fuerza de antaño en Sao Paulo, el Estado que lo vio nacer.
"Hoy el PT gobierna cuatro alcaldías y un millón de personas. En las seis ciudades del ABC Paulista, los alcaldes son de derecha", dice a este diario en la sede del sindicato, repleta de fotos y referencias a Lula, y decorado en la entrada con gigantografías del Ché Guevara, Rosa Luxemburgo, Gandhi, Chico Mendes, Frida Kahlo y otros referentes históricos de la izquierda.
"Si gana Flávio, podemos perder la democracia. Ellos no son demócratas", asegura Vieira, que recuerda la "enorme emoción" que significó para los sindicalistas y los operarios en las fábricas ver a Lula, uno de los suyos, asumiendo como presidente en 2003.
"Y sea cual sea el resultado, el pueblo tiene que mantenerse en las calles, porque tenemos un congreso de extrema derecha", advierte.
¿Significa eso que una victoria de Lula tampoco tranquilizará a la izquierda? "Lula presidente es una contención del mal mayor".
¿Y si gana Flávio? "Creo que Flávio es peor que Jair. Los sindicatos nacieron para desafiar a los gobiernos; también, llegado el caso, al del presidente Lula".
Las urnas dirán este domingo si lo que se inició hace medio siglo en Sao Bernardo llega a su fin, pero hay símbolos y síntomas. Mientras la oficina que ocupaba Lula como presidente del sindicato permanece intocada desde hace 41 años ("bienvenidos a 1985", dice una empleada del sindicato al franquear el paso a EL MUNDO), el PT pierde en favelas de Río de Janeiro, pero gana en los barrios acomodados de Ipanema y Leblon. En Sao Paulo, la izquierda colma la Avenida Paulista en cada elección, pero luego el Estado es ganado con casi un 70% de los votos por el gobernador Tarcisio de Freitas, aliado de los Bolsonaro. La derecha se impulsa desde las redes sociales y la izquierda se entretiene con el gostoso da Paulista (algo así como el guaperas de la Paulista), un joven que se apareció con un pasamontaña rojo mostrando un físico escultural para enloquecer a mujeres, hombres y las redes sociales mientras manifestaba su apoyo a Lula. Todo tan lejos de aquellos orígenes en las fábricas y tan cerca de bajarle la persiana a uno de los grandes ciclos históricos de Brasil.
