Recuperan la historia del jazzista Tino Contreras
Cuando Pablo Iván Argüello, antropólogo social, investigador de la música y músico, comenzó a entrevistar a Tino Contreras en su casa de Azcapotzalco, el jazzista vivía modestamente. En archivos fílmicos encontró, en cambio, programas de Paco Malgesto que lo mostraban décadas atrás en una casa amplia, con un piano de cola y personal de servicio.
“Lo primero que me llegó a la mente fue cómo las propias industrias culturales exprimen a los artistas, en un sentido metafórico. No es que sea una persona exprimiéndolo, o un grupo de personas o empresarios, sino más bien es la idea de la industria cultural en general. Y con la misma facilidad los pueden desechar”, cuenta Argüello.
En Tino Contreras. Todos los caminos llevan al jazz, el especialista reconstruye la vida del baterista y compositor y la historia del jazz mexicano, las migraciones, las fronteras y la memoria oral. Aunque el doctor por el CIESAS, prefiere definir el volumen como una “biografía cultural”.
Cuenta también que al revisar "Sinfonía Tarahumara" encontró una discografía que, dice, era “muy ecléctica”, con un interés por fusionar el jazz con la música prehispánica, otros géneros y distintas expresiones artísticas. “Fue justamente a partir de esa obra que entendí que había un universo por explorar, obviamente primero a través de su discografía, pero después ya en su propia historia de vida”, apunta.

Contreras salió muy joven de Chihuahua, pasó por Ciudad Juárez y después llegó a la Ciudad de México. Para Argüello, esa vida tuvo peso en su manera de mirar el mundo y su país. “Se nota en esta manera de hacer alegorías o interpelar a su propia herencia como una especie de identidad que está muy fragmentada, de la cual no puede deshacerse por completo, pero a la vez también siento que sí hay un desarraigo en ciertos momentos de su vida”.
El autor conoció a Contreras cuando el músico ya estaba en sus 80 años. Organizó homenajes, ayudó a integrar su discografía y a abrirle espacios. Cuando decidió darle forma al libro, dice, sintió que necesitaba “al menos intentar ser más objetivo”.
“Es una memoria de memorias, es la conjunción de una diversidad de memorias, tanto archivísticas, documentales, pero también orales. Es un libro colectivo porque muchísima gente contribuyó para que pudiera concretarse”, cierra.
ALIDA PIÑÓN
EEZ