Mucho antes del logo de Apple, en Arabia ya surgían "marcas" hace 3.200 años
Mucho antes de que existieran los eslóganes, las campañas publicitarias o símbolos tan reconocibles como la manzana de Apple, hubo una cerámica tan distintiva y apreciada que se atesoraba dentro de casa, pero también fuera. Algunas de sus piezas acabaron a cientos de kilómetros del oasis donde se fabricaban.
Así lo sostiene un equipo internacional liderado por Marta Luciani, de la Universidad de Viena, que acaba de publicar en la revista PLOS One un estudio que identifica lo que los investigadores consideran un temprano ejemplo de "marca", hace unos 3.200 años.
La cerámica de Qurayyah, un oasis con firma propia
El escenario es Qurayyah, un oasis amurallado en el noroeste de Arabia Saudí que estuvo habitado de forma casi ininterrumpida desde finales del cuarto milenio antes de Cristo hasta el primer milenio después de Cristo.
Allí, generaciones de alfareros produjeron una cerámica pintada en negro y rojo y decorada con animales estilizados, como leones, cabras montesas, avestruces y toros, además de escenas rituales protagonizadas por hombres armados y mujeres danzantes.
Durante décadas se la conoció como "cerámica madianita", en alusión al pueblo bíblico de Madián. Sin embargo, las referencias a los madianitas son posteriores a la época en que se produjo esta cerámica, y los nuevos análisis sitúan su origen en Qurayyah. El equipo de Luciani, que excava en el oasis desde 2014, prefiere por ello denominarla "cerámica pintada de Qurayyah" (QPW, por sus siglas en inglés).
Reconstruir ese origen permitió, además, seguir su evolución. Doralice Klainscek, doctoranda en la Universidad de Viena y coautora del trabajo, explica en un comunicado que los primeros conjuntos se fabricaron hace unos 3.600 años. Cuatro siglos después, hacia hace 3.200 años, había cristalizado el repertorio decorativo de animales y escenas rituales que acabaría circulando a cientos de kilómetros de distancia.
Y ahí está la parte más llamativa del hallazgo. Para los investigadores, aquellas vasijas no eran simplemente un estilo de cerámica reconocible, sino que reunían características comparables a las de una marca mucho antes de que existiera el concepto tal y como lo entendemos hoy.
¿Qué permite considerarla una "marca" hace 3.200 años?
En lugar de buscar sellos o inscripciones, el equipo definió ocho criterios para evaluar si el propio producto podía considerarse una marca. Entre ellos figuraban una identidad visual reconocible, materiales consistentes, continuidad tecnológica, producción centralizada, circulación fuera de su lugar de origen, imitaciones locales, intención comercial y una reputación cultural asociada.
Para comprobar hasta qué punto la cerámica de Qurayyah cumplía esos criterios, los investigadores combinaron el estudio de las capas arqueológicas con el análisis de las técnicas de fabricación. También examinaron al microscopio secciones delgadas del material y rastrearon su composición química mediante análisis de activación neutrónica.
Una huella química que permite seguir su recorrido
Según recoge Earth.com, el punto de partida fue un único horno de dos cámaras excavado en la llamada "Área A" del yacimiento y utilizado a lo largo de tres fases constructivas. El área de desecho del horno conservaba varios miles de fragmentos. Entre ellos, 3.209 reunían características suficientes para poder fecharlos. De ese vertedero se tomaron 36 fragmentos para los análisis, a los que se añadieron otros cuatro procedentes de niveles anteriores y posteriores.
Los análisis revelaron que una parte de las piezas compartía un mismo perfil químico, al que los investigadores asignaron la denominación V032. Al buscar esa misma huella fuera de Qurayyah, el equipo encontró piezas con el mismo perfil químico en Tell el-Kheleifeh, un yacimiento situado a unos 130 kilómetros al noroeste del oasis. De los nueve fragmentos que pudieron analizarse allí, tres compartían ese perfil químico; otros dos procedentes del santuario dedicado a la diosa egipcia Hathor, en Timna, también coincidieron.
La comparación con Pella, en Jordania, ofreció un contraste. Aunque las piezas halladas allí, a unos 400 kilómetros del oasis, eran muy similares a simple vista, los análisis apuntaron a una producción distinta. Esto sugiere que aquellas vasijas no compartían el mismo origen pese a su parecido.
Esa diferencia ayuda a entender por qué los investigadores conceden tanta importancia a la combinación entre apariencia y procedencia. Para encajar en los criterios propuestos por el estudio, no bastaba con que las vasijas se parecieran entre sí: también debía observarse una identidad consistente y pruebas de que algunas habían circulado más allá del oasis.
Las escenas pintadas pudieron contribuir a esa capacidad de reconocimiento. Además de animales, aparecen figuras humanas vinculadas a actos rituales. Consultada sobre qué podían significar esas imágenes para sus compradores, Luciani reconoció que es difícil saberlo con certeza, aunque considera posible que remitieran a prácticas de culto compartidas, a menudo relacionadas con contextos funerarios.
Los límites del hallazgo y lo que queda por confirmar
Con todo, los propios autores ponen límites a sus conclusiones. Solo cinco de los fragmentos analizados fuera de Qurayyah coincidieron con el perfil químico identificado en el oasis, una evidencia todavía insuficiente para reconstruir por sí sola una ruta comercial. Por eso, todavía no puede afirmarse que toda la cerámica de aspecto similar hallada fuera de Qurayyah procediera del mismo centro de producción.
Los investigadores quieren extender este tipo de análisis a nuevos yacimientos, incluido Tayma, con el objetivo de precisar mejor su distribución. Aun así, la historia de esta cerámica no se mide solo por la distancia que alcanzó. También destaca por la larga continuidad de la tradición que la produjo.
La fase más característica de la QPW acabó desapareciendo, pero la producción de cerámica pintada continuó en el oasis durante aproximadamente otro milenio.
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