Morena CDMX ya tiene dirigente... le falta todo lo demás
Tal como anticipamos en este espacio, el diputado Paulo Emilio García fue designado nuevo dirigente de Morena en la Ciudad de México.
Con su nombramiento arranca, de inmediato, el proceso de selección de aspirantes a las 16 alcaldías y 66 diputaciones locales que estarán en juego en 2027.
No será una tarea fácil. El diagnóstico es claro y nadie puede ocultarlo: Héctor Díaz-Polanco dejó el partido en piloto automático. Desatendió el trabajo de campo, abandonó la estructura y no construyó puentes con aliados ni militantes.
Paulo hereda ese desorden y debe resolverlo con el proceso electoral encima. Los focos rojos ya están identificados: Azcapotzalco, Iztacalco, Tlalpan y Xochimilco, demarcaciones donde la gestión de los alcaldes en turno no ha convencido ni a los propios morenistas.
La reelección no será automática. Quienes quieran repetir tendrán que pasar por los filtros de la nueva dirigencia. Y en un partido donde los grupos de poder pelean cada posición como si fuera la última, esto generará fricciones que Paulo tendrá que administrar desde el primer día.
Además, falta definir cuántos alcaldes y legisladores buscarán la reelección y cuántos intentarán saltar a otro cargo. En teoría, esta decisión se tomará con base en criterios y encuestas, pero en la práctica se negociará en pasillos y despachos, y cada acuerdo tendrá su propio costo político.
Para agravar el panorama, el dirigente local del PVEM, Jesús Sesma, advirtió que podrían ir solos si Morena sigue ignorándolos. El reclamo es claro: abandono y desdén. Si los Verdes cumplen, el daño podría ser mayor en plazas que ya están en riesgo.
El antecedente histórico no ayuda. En las intermedias de 2021, Morena perdió la mitad de la ciudad, lo que mostró que esos procesos no son su fuerte. En 2027 podrían repetir ese patrón si la nueva dirigencia no logra ordenar la casa antes de que arranque la campaña.
El reto es mayúsculo. Pero más allá de ganar o perder alcaldías, lo que verdaderamente está en juego es la plataforma para 2030: el relevo en el gobierno de la CDMX y la base territorial que Morena necesita para competir por la Presidencia de la República.
Quien entienda eso -y actúe en consecuencia- tendrá la llave. Quien no, le regalará la capital a la oposición sin que esta tenga que hacer gran cosa.
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EN LA CDMX, la oposición no canta mal las rancheras. El PAN, como la segunda fuerza política, enfrenta un patrón que debería incomodar a su dirigencia: tiene alcaldes que quieren heredar el cargo a sus esposas y, por otro lado, enfrenta la disyuntiva de aliarse o no con el PRI.
En Coyoacán, Giovani Gutiérrez impulsa a su esposa, Rosalva “Rosy” Romero, como su sucesora. Mientras que en Miguel Hidalgo, Mauricio Tabe plantea lo mismo con la diputada Laura Álvarez Soto.
Dos casos, el mismo guión. Si el PAN critica el nepotismo en Morena -y lo hace con frecuencia- tendrá que explicar por qué podría tolerar algo como eso.
En la alcaldía Cuauhtémoc es distinto pero no menos revelador. Ahí se evalúa una alianza PAN-PRI para buscar la reelección con Alessandra Rojo de la Vega. Y que el partido azul necesite al tricolor dice algo sobre su fuerza real en la demarcación, aunque los acuerdos todavía no están cerrados.
Las dirigencias de Luisa Gutiérrez y de Jorge Romero tienen todo esto bajo la lupa. Y con razón: de la capacidad que tenga el PAN para meter orden en sus bastiones dependerá si puede capitalizar la crisis de Morena en la ciudad. Porque la oportunidad existe. El guinda tiene focos rojos en varias alcaldías, un partido recién reestructurado y aliados que no ocultan su molestia.
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Y como dice el filósofo… Nomeacuerdo: “Cuando el que gobierna mal y el que quiere gobernar están igualmente desorganizados, el único que pierde es el ciudadano”.
POR ALFREDO GONZÁLEZ CASTRO
COLABORADOR
ALFREDO@HERALDODEMEXICO.COM.MX
@ALFREDOLEZ
MAAZ