Julián: cronología del perdón
A la Araña la vida comienza a sonarle como cantaban The Turtles en su Happy Together (felices juntos). Julián Alvarez se ha reencontrado con el gol, dos en una semana. Ante Stuttgart para sacar un empate y contra el Deportivo para ganar un partido espeso. Y nada alegra más a un delantero que sus goles. Pero para llegar a esa sonrisa, mucho ha cambiado en los cuatro últimos meses. Sobre todo en el césped. De aquel Julián apático que entró contra el Villarreal con el mercado abierto y sin apenas moverse, errático, serio, triste, al Julián que desarboló a la defensa del Depor con su constante ida y vuelta en la mediapunta.
Que, tras ser MVP y lograr el gol del triunfo con una fantástica asistencia de Grimaldo, quiso salir a disculparse por aquellas palabras del 22 de junio. “Antes que nada quería pedir disculpas a nuestra gente por las palabras en el Mundial. Fueron una equivocación de mi parte por las formas y el momento. Entiendo el enojo, yo como hincha me hubiese enojado y más por como me habían bancado siempre. Estas últimas semanas también han sido muy generosos. Me tengo que centrar en mejorar, me han apoyado todo este tiempo y me toca trabajar porque tenemos cosas muy importantes por delante. Me voy sintiendo bien, agradezco a todos mis compañeros que me han apoyado, me han bancado mucho en todo este tiempo y estoy trabajando para mejorar. En estos partidos me he encontrado mejor físicamente y con la pelota”, expresaba en Movistar.
Un Atlético a ritmo de pelear por el título si el Barcelona afloja el pleno. Son 25 puntos de 30. Solo tres años mejoró la cifra, los tres últimos títulos. Ya gana partidos en los minutos agónicos y no se le escapan triunfos cuando el rival aprieta. Esa última ocasión de Kevin es de las que caen cara cuando estás de suerte. El Atlético gana, crece y tiene margen de mejora en sus delanteros. Especialmente en ese Julián que debe ser la estrella. Que perdió el brillo por el camino. Un 22 de junio. “Lo mejor para todos es una transferencia. Quiero cumplir mi sueño”, decía en pleno Mundial con la intención y el consejo de su agente para facilitar su fichaje por el Barcelona. Pero el Atlético no estaba dispuesto a dar su brazo a torcer y menos ante la forma de negociar blaugrana. Algo que ya se venía barruntando de antes, “puede ser que sí, puede ser que no”, decía Julián sobre su continuidad tras derrotar al Tottenham por 5-2 en los octavos de Champions (10 de marzo).
Luego llegaron los tuits del Atlético ante el interés blaugrana, la oferta del Real Madrid de 150 millones anunciada públicamente y rechazada con sorna. Hasta llegar al 20 de junio, día que Miguel Ángel Gil Marín, consejero delegado del Atlético, puso de plazo al futbolista y su agente para presentar una oferta de 150 millones para poder irse. No pasó y dos días después todo estalló por los aires. Denuncia rojiblanca al Barcelona, inicio de la pretemporada (11 de agosto) y un final de mercado donde su única vía estaba en Londres, en el Arsenal. El no al Barça era rotundo. Pero quedaba una vía. Trabajar para volver a ganarse a la afición. Con gestos y hechos, como avanzar en un cambio de agente. Después de la indisposición que le dejó fuera del partido en Sevilla. Ir, partido a partido, volviendo a ser Julián. Dejando señales, destellos. Rondando el gol en el derbi, con el balón al palo en Mendizorroza, como titular ante el United y con la asistencia a Baena para tumbar al Espanyol. Hasta destapar el kétchup. Con el gol al Stuttgart y el tanto del triunfo ante el Deportivo. Siguiendo la doctrina Griezmann. Para pedir perdón, primero tenía que ganárselo. Con goles y sumando por el bien del equipo. Lo ha logrado. Los pitos se han cambiado por aplausos.
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