Cumplir 15 años es la ilusión de ser protagonista
Arantza mira frente a la cámara mientras su vestido, una nube de tul rosada, se despliega sobre el mausoleo de los héroes de la Independencia. Lleva cola larga y sus amigas le ayudan a cargarla a fin de no contaminarse con la suciedad de la calle.
La imagen refleja cómo para esa jovencita la escalinata puede ser la ruta a un castillo, mientras que para el común de los chilangos es punto de celebración y protesta masiva.
Al pie del Ángel de la Independencia, bañado en la luz dorada del atardecer, la tradición se convierte en ritual y memoria. Grupos de adolescentes, enfundados en vestidos de gala y trajes de vestir, bromean y juegan, sumergidos en la emoción de la fiesta de 15 años de su amiga, su prima, su hermana.

Van “solos”: el pelotón se compone de amigos de la edad, primos, hermanos, pero ningún adulto. La autoridad de los tíos y las tías no forma parte del retrato; se enmarca a la generación que asume el encargo de acompañar a la quinceañera en los años por venir.
Es un sábado de finales de septiembre y ahí la emoción arranca al cruzar la avenida: el flujo vehicular casi nunca se detiene en Paseo de la Reforma, ya en la glorieta, inicia la pasarela de poses, risas y selfies.
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La emoción es absoluta, sería difícil que no lo fuera, hasta el momento en que un saco pasa de hombros en hombros entre los chicos que no pudieron completar un traje. “Ándale, es para la foto”.
Carla es otra quinceañera que llega a ese punto, duda unos segundos y para ella, el cumplir 15 años es la “ilusión de ser protagonista” ante su familia, sus amigos y los de su escuela. “Nos ilusiona a todas las niñas el vestido, los chambelanes, ser el centro de atención de todos ese día”.

Su testimonio refleja la expectativa que generan las fiestas de amigas y compañeras, y la ilusión de vivir una celebración propia.
Su amiga Fernanda, de 15 años, observa la sesión de fotografías mientras acomoda el ramo. Para ella, la fiesta significa algo más que una celebración.
“Es como despedirte de ser niña. Sabes que al otro día todo sigue igual, pero sientes que ya entras a otra etapa. Por eso todas queremos que ese día sea especial”, expresa la adolescente.
A unos metros, Mariana no para de reir. La emoción le brota: “Fue exactamente lo que siempre soñé”.
No esconde la sorpresa que fue hace unas horas al llegar al salón de su celebración y encontrar la iluminación coordinada con los colores rosa y dorado de su vestido.

Sentada sobre la jardinera que rodea la glorieta, Valeria espera su turno para las fotografías. Mientras sostiene el cambio de zapatos que usará para bailar en la fiesta, confiesa que desde pequeña imaginó ese momento.
“Desde que tenía ocho o nueve años veía las fiestas de mis primas y decía: ‘algún día me toca a mí’. No importa si la fiesta es grande o pequeña, lo importante es sentir que toda tu familia está ahí porque ese día es para ti”.
Para el mexicano promedio como Juan Manuel, taxista y padre de Violeta, el festejo de los 15 años de su hija representa sacrificio. Tuvo que ahorrar durante un año para la renta de un jardín y la compra de su vestido, lo demás lo cubrieron cinco padrinos.
“Es mi única hija y quiero darle algo… Quiero que este día lo recuerde siempre, más allá del sacrificio que se ha hecho para su festejo”.
Lo cierto es que al cumplirse 15 años se confronta, casi por obligación, el camino recorrido y el que está por emprenderse: una fiesta organizada con meses o años de anticipación, la curaduría de la lista de invitados, los padrinos que uno elige, o que en muchas ocasiones se le consignan a uno.

El compromiso garantiza un vestido espléndido, un pastel de cinco pisos, bebidas de la mejor calidad para los invitados, y al mismo tiempo afianza un compadrazgo para los años por venir. Esa es la idea que tiene el mexicano promedio.
No hay que olvidar que cumplir 15 años puede ser histórico también. Una década atrás, una quinceañera llegó a la conversación nacional.
“Quedan todos cordialmente invitados”, dijo el papá de Rubí en un video que se viralizó en redes sociales a finales de diciembre de 2016, invitando a la fiesta en La Joya, San Luis Potosí.
Llegaron miles de personas a un evento que incluyó una carrera de caballos y que terminó en la trágica muerte de un hombre y un lesionado. Con todo y eso, la fiesta siguió.