Microbiota intestinal: qué alimentos la favorecen, cuáles pueden alterarla y cómo cuidarla
Cada elección alimentaria deja una huella en nuestro organismo, y cuando se convierte en hábito, puede influir en el equilibrio de ese universo de microorganismos que habita en el intestino: la microbiota.
Conocida antes como flora intestinal, la microbiota intestinal (término científico correcto) participa en la digestión y aprovechamiento de nutrientes, produce sustancias beneficiosas como ácidos grasos de cadena corta, contribuye a mantener la barrera intestinal y tiene una relación muy estrecha con el desarrollo y la regulación del sistema inmunológico, explica Nagely Mosquera, nutricionista de Chivería.
Ella estará en el foro denominado “Microbiota: la salud que se construye desde la infancia”, que organiza Diario EL UNIVERSO y que se desarrollará el próximo martes 25 de agosto, a partir de las 09:30, en el auditorio de Alhambra Shopping, en Samborondón. Entrada gratuita.
En este encuentro se hablará, entre otros temas, de cómo la alimentación y los hábitos saludables influyen en la microbiota y en nuestra salud.
Cómo cuidar la microbiota intestinal de los niños durante los primeros años de vida
El fin es aprender más para procurar que nuestra microbiota sea diversa, estable y funcional. Esto es importante desde la infancia, porque durante los primeros años la microbiota está en una etapa de desarrollo muy dinámica y la alimentación tiene un papel importante en su maduración, destaca la nutricionista.
“La alimentación es uno de los factores modificables que más influyen en nuestra microbiota. Una dieta variada, rica en frutas, vegetales, legumbres, cereales integrales, frutos secos y semillas aporta diferentes tipos de fibra que sirven de sustrato para los microorganismos intestinales”, explica Mosquera.
Ella recomienda incorporar alimentos fermentados con cultivos vivos, como yogur y kéfir, dentro de una alimentación equilibrada.
“Lo que conviene limitar es una alimentación en la que predominen los ultraprocesados, sobre todo cuando estos desplazan alimentos frescos y fuentes naturales de fibra. No se trata de prohibir un alimento ocasional, sino de observar qué patrón de alimentación repetimos todos los días”, indica.
Pero la microbiota no depende solo de la alimentación. El sueño, la actividad física, el estrés y otros factores forman parte de este sistema e influyen en él.
Alimentos ultraprocesados: el costo que podría pagar la salud a largo plazo
En cuanto a las señales, debemos prestar atención a cambios digestivos persistentes como estreñimiento o diarrea recurrente, distensión abdominal frecuente, dolor abdominal o cambios sostenidos en el hábito intestinal, menciona la nutricionista.
“Sin embargo, no debemos atribuir automáticamente estos síntomas a la microbiota: cuando son persistentes o aparecen señales de alarma, es importante consultar a un profesional de salud”, dice.
¿Hay que “desintoxicar” la microbiota?
No necesitamos “limpiar” o “desintoxicar” la microbiota. Hay que cuidar y mantenerla funcional mediante una alimentación variada, con suficiente fibra, alimentos fermentados, actividad física y buen descanso, evitando el uso innecesario de medicamentos.
Errores más frecuentes
Aumentar la fibra de manera brusca y sin la hidratación adecuada es uno de los errores más frecuentes que comenten las personas cuando se intenta mejorar la salud intestinal.
Otro error, menciona Mosquera, es pensar que existe un alimento, suplemento o probiótico que por sí solo soluciona los problemas digestivos.
También es frecuente pensar que mientras más probióticos o más cepas tenga un producto, necesariamente será mejor.
“La evidencia científica nos dice que los efectos son específicos de cada cepa, dosis y condición de salud; por eso debemos hablar de probióticos con evidencia y no simplemente de ‘más bacterias’”, señala la nutricionista.
La salud intestinal no se construye en pocos días; se construye con los hábitos que se repiten durante toda la vida. Por eso, otro error es buscar resultados inmediatos mediante restricciones extremas.
Así, el desafío no es encontrar el alimento perfecto, sino construir una dieta diversa y sostenible, que esté acompañada de ejercicio, de un descanso adecuado y hábitos que logren mantenerse en el tiempo. (I)

