Los poderosos amigos millonarios de Trump

Los poderosos amigos millonarios de Trump

El verdadero arte de la política presidencial de Estados Unidos no siempre se gesta en los despachos del Departamento de Estado, sino en las mesas de gala donde se sientan los millonarios donantes de las campañas. Como seguramente sucederá en la próxima visita del Presidente de China.

Tras la victoria que devolvió a Donald Trump a la Casa Blanca, sus aliados financieros más cercanos han visto recompensada su apuesta electoral con inmejorables frutos económicos y de poder político determinante.

La rentabilidad de haber financiado el retorno republicano no sólo se mide en beneficios fiscales o certidumbre bursátil, sino en el acceso privilegiado a la geopolítica de alto nivel, donde se toman las decisiones sobre el rumbo del mundo.

La próxima visita del presidente chino, Xi Jinping, a la Casa Blanca el 24 de septiembre, –la primera desde 2015– se perfila como el escenario perfecto donde el poder político y los grandes capitales privados convergentes volverán a cruzarse.

La cumbre bilateral abordará expedientes complejos: el tráfico de fentanilo, las sanciones comerciales y la creciente influencia de Beijing en América Latina. Sin embargo, para el círculo íntimo del mandatario estadounidense, la cita representa una oportunidad estratégica para blindar y expandir sus imperios económicos.

Elon Musk encabeza la lista de magnates con intereses directos en Asia. Para el dueño de Tesla y X, la estabilidad regulatoria de China y la fluidez de sus cadenas de suministro son vitales para sostener la gigafábrica de Shanghái.

A pesar de competir con Beijing en el terreno de la Inteligencia Artificial, Musk mantiene un tono pragmático y conciliador hacia el gobierno chino.

Por su parte, Miriam Adelson, principal accionista de Las Vegas Sands, depende vitalmente de la buena voluntad del gigante asiático. La mayor parte de la fortuna de su imperio no proviene de Nevada, sino de los casinos de Macao, por lo que la renovación y continuidad de sus licencias operativas exige mantener puentes diplomáticos sólidos.

En el caso del secretario de Comercio de Estados Unidos, Howard Lutnick, uno de los principales donantes y copresidente del equipo de transición de Trump, sus empresas de servicios financieros se han beneficiado de sus vínculos con China: desde BGC Group, que tiene una empresa conjunta en Beijing con la empresa estatal China Credit Trust, hasta Cantor Fitzgerald, que ha ayudado a firmas chinas en la bolsa en Estados Unidos.

El mapa de influencias lo completan figuras como Steve Witkoff y Timothy Mellon. El primero, magnate inmobiliario y amigo personal de Trump, aporta la visión diplomática informal en el diseño de aranceles recíprocos.

El segundo, por el contrario, representa el ala del nacionalismo económico que busca frenar la hegemonía china desde una perspectiva ideológica.

A pesar de los discursos proteccionistas y las amenazas arancelarias, el intercambio comercial entre ambas potencias superó los 494 mil millones de dólares al cierre de 2025. China sigue siendo un socio imprescindible y un rival formidable.

Mientras Trump intenta equilibrar la presión diplomática con la necesidad de mantener a flote la economía global, sus acaudalados aliados recuerdan que, en la alta política de Washington, los negocios siempre se sientan a la mesa.

POR ISRAEL LÓPEZ GUTIÉRREZ

COLABORADOR

@PAPADEPONCHO

ISRAEL.LOPEZ@ELHERALDODEMEXICO.COM

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