La ciencia quiere cambiar el significado del concepto "muerte"
Lo que falta en materia de longevidad, sostiene Vita-More, son las ideas visionarias que permitan imaginar lo que podría ser posible. “Cualquier avance en ciencia o tecnología surge primero de las ideas”, argumenta. “Las ideas preceden a la ciencia y la tecnología que pueden hacerlas realidad, y esas ideas se nutren de una cultura que permite a las personas pensar libremente, cuestionar la norma y que apoya a los innovadores y visionarios para que tomen lo imposible y lo hagan posible”.
Los defensores de la longevidad radical sostienen que no hay razón para dar por sentado que los límites biológicos de la vida humana sean fijos. Y aunque Vita-More cree que el transhumanismo no implica que la tecnología vaya a producir inevitablemente superhumanos, la inmortalidad o una utopía tecnológica, sí cuestiona la suposición de que el cuerpo humano deba permanecer dentro de los parámetros biológicos que han definido a nuestra especie hasta ahora.
“Habrá tecnología para intervenir, para hacer frente a las enfermedades y al envejecimiento, y para prolongar y mejorar la vida. Eso es un hecho. Eso es lo que hace la tecnología”, vislumbra. “Tendremos nuevos microscopios y microscopios atómicos, así como diferentes formas de comprender lo que ocurre en el nivel molecular más detallado de la comunicación celular dentro de nuestros cuerpos. Eso es un hecho. Ocurrirá”.
A Vita-More le intriga el concepto de los nanobots (1,000 veces más pequeños que un microrrobot) que, con la ayuda de la IA, se programarán para dirigirse a una zona específica del cuerpo y actuar sobre el funcionamiento más íntimo de una célula. El objetivo es reparar, regenerar y renovar el cuerpo. “Nuestro sistema biológico ya hace esto, pero no lo hace muy bien, porque estamos envejeciendo y padecemos enfermedades que nos matan”. Ella imagina un futuro en el que los nanobots se conviertan en parte de nuestros cuerpos, al igual que las mitocondrias.
Para otros, llegará un momento en el que los avances médicos alargarán nuestra esperanza de vida restante más rápido de lo que envejecemos. Esto se conoce como la “velocidad de escape de la longevidad” (LEV), una teoría acuñada por primera vez por el futurista David Gobel. La LEV describe un punto hipotético en el futuro en el que los avances médicos mantendrían efectivamente a una persona por delante del proceso de envejecimiento, lo que podría permitir que tratamientos sucesivos prolongaran la vida indefinidamente.
A Justice no le gusta verse envuelto en debates sobre la prolongación radical de la vida por el mero hecho de hacerlo, ya que cree que tales debates distraen de la verdadera labor de enriquecer las largas vidas que las personas ya tienen. Sin embargo, un reciente artículo de modelización publicado en la revista npj Aging sugería que, si pudiéramos contrarrestar la acumulación de daños, mejorar los procesos de reparación y abordar con éxito los rasgos biológicos característicos del envejecimiento en los seres humanos, podría alcanzarse una esperanza de vida máxima de entre 150 y 200 años.
“Pero ese trabajo no lo trata como algo trivial; requeriría avances tecnológicos sustanciales y una coincidencia casi perfecta de circunstancias que la mayoría de la gente no tendrá”, afirma. “Así que, en principio, no es imposible. Pero la brecha entre identificar y modular parcialmente algunos mecanismos del envejecimiento en la actualidad, y retrasar de forma fiable mecanismos que ni siquiera hemos caracterizado por completo, es enorme. Y esa brecha tiende a subestimarse en el debate público, porque las ganancias modestas y acumulativas en años de vida saludable dan lugar a titulares mucho menos llamativos que los que hablan de ‘siglos’”.
Humanos vs. Máquinas
Mientras que los defensores de la longevidad y los gerontólogos buscan prolongar la vida, potencialmente hasta alcanzar los cientos de años, otros se centran en la integración entre humanos y máquinas como una forma alternativa de superar las limitaciones del cuerpo biológico. Empresas como Psyonic y Cognixion están utilizando la tecnología para restaurar y potenciar funciones que el cuerpo ha perdido o que ya no puede realizar. Ambas ofrecen un atisbo de un futuro en el que los seres humanos y la tecnología se fusionan cada vez más, lo que podría cambiar nuestra forma de vivir y lo que significa ser humano.
Pedro Lopes, profesor asociado de informática en la Universidad de Chicago, donde dirige el Laboratorio de Integración Humano-Informática, señala que la tecnología es cada vez más capaz de intervenir directamente en funciones que antes realizaba íntegramente el cuerpo. Le interesan especialmente las tecnologías que interactúan con el cuerpo utilizando los propios canales de este. En lugar de mostrar una instrucción que te indique cómo moverte, por ejemplo, un dispositivo puede estimular los músculos y producir o facilitar físicamente ese movimiento.