Sònia Hernández-Montaño, arquitecta: "No necesitamos viviendas ‘menos malas’, necesitamos una arquitectura que cure a las personas"

Sònia Hernández-Montaño, arquitecta: "No necesitamos viviendas ‘menos malas’, necesitamos una arquitectura que cure a las personas"

En un momento en el que hablamos constantemente de sostenibilidad, eficiencia energética y certificaciones ambientales, hay una pregunta que solemos olvidar: ¿y si un edificio, además de dañar menos, pudiera cuidarnos activamente? Esa es la premisa de la arquitectura regenerativa, un enfoque que va más allá de reducir el impacto ambiental para preguntarse cómo un hogar puede mejorar nuestra salud, nuestro bienestar emocional y el entorno que nos rodea. 

Nos habla de ello Sònia Hernández-Montaño, fundadora del estudio Arquitectura Sana (arquitecturasana.com), arquitecta asesora de arquitectura saludable, docente, speaker y researcher.

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Cocina con mobiliario en madera y encimeras de piedra© Philip Liljenberg para Alvhem

Sostenible reduce daños, regenerativo suma beneficios

Arquitectura regenerativa frente a arquitectura sostenible, la diferencia se basa en el punto de partida: lo sostenible busca minimizar el daño (menos consumo, menos emisiones, menos residuos), mientras que lo regenerativo va más allá y busca que el edificio devuelva algo positivo al entorno y a sus habitantes

Sònia lo resume con un símil claro: los edificios deberían funcionar más a vela que a motor. Es decir, que sea la propia arquitectura (orientación, protección solar, ventilación natural, inercia térmica, vegetación) la que garantice el confort, y que la tecnología sea un apoyo puntual y no la base del sistema. Un edificio regenerativo debe ser capaz de funcionar incluso sin ella. 

A esto se suma el uso de biomateriales, como la madera, la tierra o la paja, que llevan miles de años empleándose en construcción y no tienen un ciclo de vida cerrado permitiendo no su reciclaje, sino la reutilización.

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Ventanas de altas prestaciones© Gealan

La tecnología no lo resolverá todo, hay que recuperar las estrategias pasivas

La idea de Sònia es que "no necesitamos viviendas 'menos malas', necesitamos una arquitectura que cure a las personas y al planeta". Se refiere a dejar atrás la idea de que basta con restar daños (gastar menos energía, contaminar menos, aislar mejor) para pasar a una lógica de sumar beneficios: una vivienda que no solo perjudique menos, sino que mejore activamente la salud de las familias que la habitan y regenere el entorno que la rodea.

Para ello, debemos abandonar la idea de que la tecnología resolverá todos los problemas y recuperar, actualizadas, muchas estrategias pasivas que ya demostraron su eficacia”, prosigue la arquitecta. 

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Bloque de pisos construido con criterios de bioconstrucción© José Hevia para Pau Vidal

Cuando la casa se convierte en aliada de la salud

La fundadora de Arquitectura Sana sostiene que la arquitectura puede entenderse como una forma de medicina preventiva. No porque exista una relación directa entre un espacio y una enfermedad concreta (los procesos de salud son complejos y dependen de muchos factores), sino porque el entorno construido, y en especial el interior de nuestras viviendas, influye de forma constante en nuestro bienestar. 

Elementos como la calidad del aire, la luz natural, el confort térmico o el nivel de ruido forman parte del día a día sin que apenas reparemos en ellos, pero tienen un efecto acumulado sobre el organismo. Cuidar estos aspectos desde el diseño no es solo una cuestión de comodidad: es una forma de acompañar y proteger la salud a largo plazo

Estamos viendo un interior del proyecto ‘La Chalmeta’, 32 viviendas cooperativas proyectadas por Pau Vidal + Vivas Arquitectos, en el barrio de la Marina del Prat Vermell (Barcelona), donde Sònia asesoró en los criterios de bioconstrucción. Los patios que rodean la pasarela de acceso garantizan asoleamiento, luz natural y ventilación cruzada en todas las viviendas, mientras la cubierta se convierte en jardín comunitario. Un ejemplo de cómo estos principios de salud ambiental se trasladan a un proyecto residencial real.

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Salón rebosante de plantas, entre ellas las que forman parte del frondoso jardín vertical© Photographee.eu / Adobe Stock

El diseño también cuida la mente

El bienestar emocional no depende solo de factores personales, sino también del espacio que habitamos. La luz natural, las vistas, la calidad acústica, la temperatura y, sobre todo, el contacto con la naturaleza, influyen en cómo nos sentimos cada día. No existe un único elemento responsable del bienestar psicológico, pero sí está claro que una vivienda bien diseñada puede reducir el estrés, favorecer el descanso, mejorar la concentración y aportar una mayor sensación de confort y seguridad.

Una forma acertada de integrar vegetación en pisos de pocos metros es mediante jardines verticales como el que vemos o, incluso, plantas colgantes cultivadas en cestas.

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Diseño de vivienda con criterios de bioconstrucción y, además, edificada con biomateriales© Cristina Luis para Cuna Arquitectura

La eficiencia energética no basta: qué más debería medir un buen edificio

Para Sònia, los factores que deberían medir el verdadero valor de un edificio van mucho más allá del consumo energético: 

  • Reducción de la demanda: que el edificio mantenga el confort gracias a su diseño, sin depender constantemente de sistemas activos. 
  • Biomateriales y bajo impacto: el uso de materiales que reduzcan la huella ambiental, junto con el análisis de ciclo de vida (ACV) del edificio. 
  • Confort térmico y calidad del aire interior: aspectos que afectan directamente al bienestar y la salud de quienes lo habitan. 
  • Resiliencia climática: la capacidad del edificio para funcionar con normalidad ante eventos extremos o cortes energéticos. 
  • Un nuevo concepto de lujo: no consumir más energía o tecnología, sino habitar espacios tan bien diseñados que apenas la necesiten.

Un ejemplo de esta visión es la casa ‘AM’ en Menorca, obra de Cuna Arquitectura. Situada en una cala del norte de la isla, la vivienda incorpora aislamiento natural y un revestimiento de mortero de cal que regula la humedad ambiental, además de carpinterías de madera y corcho natural libres de compuestos tóxicos. La orientación, los porches y la ventilación cruzada controlan el confort térmico sin depender de sistemas activos, mientras la vegetación y las vistas refuerzan la conexión con el entorno. 

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Vivienda pintada con cal, promoviendo así una calidad del aire saludable © Milena Villalba para El Fil Verd

La calidad del aire, la gran asignatura pendiente del hogar

Prestamos atención a lo visible y, sin embargo, olvidamos que pasamos alrededor del 90% de nuestro tiempo en espacios interiores, donde factores como la calidad del aire, la ventilación o los materiales empleados influyen de forma constante en nuestra salud, aunque sus efectos no sean inmediatos ni evidentes. “Nos falta comprender que la salud ambiental también se diseña, y que nuestras viviendas forman parte de ella”, afirma Sònia. 

Un buen ejemplo es la elección de las pinturas de pared, ya que suelen cubrir la mayor parte de las superficies interiores de una vivienda. Optar por acabados con un contenido mínimo de compuestos orgánicos volátiles (COVs), como las pinturas de base mineral, es una de las decisiones con mayor impacto real en la calidad del aire que respiramos en casa. Es el caso de este proyecto del estudio de arquitectura El Fil Verd, en la zona de salón y comedor, donde las paredes y las bóvedas del techo se han pintado con cal de Com-cal, un acabado que permite la transpiración y crea sugestivos efectos de luz.

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Reforma de un piso en Valencia© Milena Villalba para Piano Piano Studio

Reformar, la verdadera revolución regenerativa

Para Sònia, sin duda. “La gran revolución regenerativa viene de una manera radicalmente distinta de la rehabilitación”, afirma, que implica dejar de ver los edificios existentes como elementos llenos de residuos y empezar a entenderlos como auténticos bancos de materiales, aplicando los principios de la minería urbana. No se trata de reciclar, sino de reutilizar, recuperar y revalorizar componentes y recursos existentes

Este cambio, defiende la arquitecta, requiere ir más allá de la economía circular hacia una economía regenerativa o azul, capaz de generar impactos positivos netos en el territorio y en la sociedad, así como transformar el propio lenguaje arquitectónico: pasar de la lógica de la sustitución a la de la adaptación, la reparación y la transformación continua de nuestro entorno construido

Este es el caso de un piso en Valencia reformado por las arquitectas Maria Donnini y Maria Grifo, fundadoras de Piano Piano Studio, que partía de una distribución poco interesante y un pasillo oscuro que recorría toda la casa. La intervención sitúa en el centro una pieza octogonal que actúa como rótula, articulando los espacios a su alrededor y multiplicando los recorridos, las relaciones visuales y la ventilación cruzada. Un ejemplo de cómo repensar el wayfinding (la capacidad de orientarnos y movernos eficazmente dentro de un espacio) y la estructura interior puede dignificar por completo una vivienda sin necesidad de partir de cero.

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Jardín de lluvia con un sustrato altamente drenante© Studios / Adobe Stock

Bloques de pisos que devuelven vida a la ciudad

Las ciudades, a pesar de su arquitectura que privilegia los bloques de pisos, también pueden contribuir a devolver biodiversidad si dejamos de entender únicamente que estas construcciones tan solo deben incorporar más vegetación. “La biodiversidad requiere una visión más profunda y sistémica de los ecosistemas urbanos”, explica la arquitecta y docente.

Es fundamental incorporar un verde activo, vivo y funcional, capaz de generar hábitats para insectos, polinizadores, aves o pequeños mamíferos. No se trata solo de ajardinar fachadas y construir cubiertas verdes, sino de crear redes ecológicas que aporten refugio, alimento y conectividad. La biodiversidad también puede integrarse a través de materiales de origen natural y biomateriales, que introducen la biofilia en la propia arquitectura y fortalecen la relación entre las personas y los procesos naturales. 

A esto se suma la necesidad de recuperar el ciclo del agua dentro de los edificios y su entorno, favoreciendo la infiltración, la retención y el aprovechamiento de las aguas pluviales para reducir la presión sobre los ecosistemas urbanos. En el fondo, hacer ciudades resilientes significa diseñar edificios que no sean elementos aislados, sino piezas activas de los ecosistemas urbanos, capaces de contribuir a restaurar los equilibrios ecológicos y generar valor ambiental, social y climático.

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Dormitorio de una vivienda diseñada con criterios de bioconstrucción, una estancia que cuenta con un ventilador de techo© Arquitectura Sana y House Habitat Biopasiva

Arquitectura frente al calor extremo: las claves

Este verano ha vuelto a batir récords de temperatura en España, con varias olas de calor sucesivas. Ante este escenario, la fundadora del estudio Arquitectura Sana explica que la adaptación pasa, sobre todo, por recuperar una arquitectura capaz de ofrecer confort con menos recursos. La prioridad debe ser evitar que el calor entre en el edificio, mediante protecciones solares exteriores, vegetación y un diseño que reduzca la exposición directa al sol, ya que la relación entre el edificio y su entorno será cada vez más importante para mitigar el efecto isla de calor. 

En segundo lugar, defiende envolventes mejor diseñadas, que combinen aislamiento e inercia térmica. Aislar no es suficiente: si el calor llega a entrar, los sistemas constructivos ligeros tienden a acumularlo y alcanzan temperaturas muy elevadas, mientras que la masa térmica actúa como un amortiguador que estabiliza la temperatura interior y mejora el confort. Es el mismo principio que ya aplicaban las casas tradicionales de muros gruesos de piedra o adobe: esa masa absorbe el calor del día muy despacio y lo libera durante la noche, cuando ya ha refrescado, manteniendo el interior mucho más estable.

La tercera estrategia clave es garantizar una ventilación natural eficaz, preferiblemente cruzada, para evacuar el calor acumulado, que puede complementarse con soluciones de bajo consumo, como los ventiladores, cuando las condiciones urbanas lo dificultan. 

En la propuesta, dormitorio de una vivienda diseñada con criterios de bioconstrucción. Firma el proyecto Arquitectura Sana y House Habitat Biopasiva ha sido la empresa constructora.

“El éxito de la adaptación climática exige una corresponsabilidad entre el diseño de los edificios y las personas que los utilizan”, afirma. Porque, como recuerda a lo largo de todo el reportaje, la arquitectura no puede resolver el problema por sí sola: también debemos replantearnos nuestros hábitos, expectativas de confort y patrones de consumo.

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Edificios de viviendas en Holanda con el certificado WELL© Jan Adelaar Fotografie / WELL Certified

Certificaciones medioambientales, ¿ayuda real o ‘marketing’?

Sònia opina que las certificaciones ambientales han sido muy útiles para impulsar la sostenibilidad en el sector de la construcción, especialmente cuando promotores o técnicos no disponen de una metodología clara para integrar criterios ambientales en los proyectos. En este sentido, ayudan a ir más allá de los requisitos normativos y ofrecen una guía para mejorar el comportamiento ambiental de los edificios

Sin embargo, existe el riesgo de que estos sellos se conviertan en un arma de doble filo, advierte la arquitecta. En algunos casos, acaban utilizándose más como una herramienta de marketing o de diferenciación comercial que como un verdadero motor de transformación, llegando incluso a justificar incrementos de precio que resultan contrarios a la propia esencia de la sostenibilidad. “La verdadera sostenibilidad no debería medirse únicamente por una etiqueta, sino por la capacidad de un edificio para contribuir positivamente a su entorno ambiental y social”, afirma. 

Por eso, más que acumular sellos, defiende avanzar hacia enfoques inspirados en la ecología profunda, capaces de incorporar una comprensión más amplia y sistémica de las relaciones entre edificios, personas y ecosistemas, superando visiones parciales y apostando por certificaciones más abiertas que favorezcan una mirada regenerativa y no solo la reducción de impactos.

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El verdadero éxito de un edificio no se mide solo en su diseño, sino en la corresponsabilidad entre la arquitectura y las familias que la habitan© Prins Productions / Adobe Stock

Así deberíamos medir el éxito de un edificio en 20 años

En 2046, a Sònia le gustaría que el éxito de un edificio se midiera no solo por su capacidad de reducir emisiones y consumo de recursos, sino también por los impactos positivos que genera en las personas y en su entorno. Esto significa ampliar la manera en que analizamos el ciclo de vida de un edificio, para tener en cuenta no solo lo ambiental, sino también lo social y la salud de quienes lo habitan. 

En el interior de las viviendas, esto se traduciría en valorar los edificios capaces de ofrecer confort, buena calidad del aire y luz natural gracias a su propio diseño, sin depender constantemente de sistemas mecánicos

Pero hay algo que, según la arquitecta, solemos olvidar: los propios usuarios. Un edificio bien diseñado no garantiza por sí solo un buen resultado, ya que su funcionamiento real depende también de cómo lo usamos. Por eso, el éxito de un edificio debería entenderse como una responsabilidad compartida entre la arquitectura y las personas que la habitan.

Al final, la arquitectura regenerativa no promete más tecnología, sino menos necesidad de ella. Y quizá el reto no sea construir edificios más inteligentes, sino recuperar la sabiduría de navegar a vela.