Rocha regresa, las dudas permanecen

Rocha regresa, las dudas permanecen

Rubén Rocha Moya regresó el viernes 21 de agosto de 2026 a la gubernatura de Sinaloa después de 112 días de licencia y lo hizo proclamando que vuelve “con la frente limpia y en alto”. Dice que la investigación realizada en México no encontró elementos mínimos para atribuirle responsabilidad penal y de ahí concluye: “no he cometido ningún delito”.

El problema es que una cosa no necesariamente conduce a la otra. Que se diga que la Fiscalía General de la República no haya encontrado “hasta ahora” elementos suficientes para proceder penalmente en México no equivale a una sentencia absolutoria, ni hace desaparecer la acusación presentada el 29 de abril por fiscales federales estadounidenses ante la Corte del Distrito Sur de Nueva York.

Y aquella acusación no fue menor.

El Departamento de Justicia de Estados Unidos imputó a Rocha Moya y a otros nueve funcionarios y exfuncionarios sinaloenses por delitos relacionados con conspiración para importar narcóticos, posesión de ametralladoras y artefactos destructivos y conspiración para poseerlos.

En el caso particular del gobernador, la fiscalía estadounidense sostiene “que integrantes de Los Chapitos habrían contribuido a la llegada de Rocha Moya al poder en 2021 mediante intimidación de adversarios y que posteriormente habrían recibido protección política”.

Las penas previstas para los cargos imputados a Rocha alcanzan prisión perpetua, con un mínimo obligatorio señalado por los fiscales estadounidenses de 40 años.

De acuerdo con la versión del Gobierno de México, la presunción de inocencia debe respetarse. Pero también debemos respetar nuestra inteligencia: presunción de inocencia no significa presunción de inexistencia de los hechos. Porque la historia no comenzó en abril de 2026.

El 25 de julio de 2024 ocurrió uno de los episodios más oscuros de la historia reciente de Sinaloa. Ismael “El Mayo” Zambada fue llevado a Estados Unidos después de lo que él sostiene fue un secuestro. En una carta difundida días después afirmó que había acudido a una reunión en la que participarían, entre otros, el propio Rocha Moya y Héctor Melesio Cuén Ojeda. Ese mismo día Cuén fue asesinado.

La Fiscalía de Sinaloa sostuvo inicialmente que Cuén había sido atacado durante un intento de robo en una gasolinera. Sin embargo, la FGR detectó inconsistencias relevantes en la investigación local, atrajo el expediente y cuestionó aquella versión.

Dos años después, el caso sigue produciendo consecuencias: esta misma semana fue detenido Fausto Corrales, testigo central de aquellos acontecimientos, acusado por la FGR de conductas relacionadas con el caso. Y después vino la guerra.

Tras la caída de Zambada se desató la confrontación entre facciones del Cártel de Sinaloa. Entre agosto de 2024 y el 24 de julio de 2025 se contabilizaron 1,731 asesinatos, frente a 504 durante el periodo comparable anterior: un aumento de aproximadamente 243%. La tragedia de las desapariciones es todavía más estremecedora.

Los registros de la Comisión Nacional de Búsqueda retomados públicamente muestran que las personas desaparecidas y no localizadas en Sinaloa pasaron de 270 en 2022 a 951 en 2025: un incremento de 252%. Desde que Rocha asumió el gobierno, en noviembre de 2021, y hasta su separación del cargo en mayo pasado, se reportaron 5,026 personas desaparecidas; 2,553 continuaban sin ser localizadas y 413 habían sido encontradas sin vida.

Es verdad también y hay que decirlo que el despliegue federal produjo posteriormente una reducción de los homicidios. El propio gobierno informó que entre junio de 2025 y enero de 2026 el promedio diario cayó 50%. Pero para conseguirlo fue necesaria una intervención extraordinaria: entre octubre de 2024 y febrero de 2026 las fuerzas federales reportaron 2,225 detenidos por delitos de alto impacto, más de 33 toneladas de droga, 4,850 armas de fuego y más de 5,500 artefactos explosivos improvisados asegurados.

Es difícil imaginar una radiografía más brutal del deterioro de un estado. Por eso resulta insuficiente que Rocha diga simplemente: “no he cometido ningún delito”. La pregunta no es solamente penal. Es política.

¿Puede un gobernador decir que regresa con la frente en alto cuando durante su administración desaparecieron miles de personas, una guerra criminal convirtió regiones enteras en campos de batalla y altos integrantes de las estructuras de seguridad y gobierno que lo rodearon terminaron señalados en una acusación internacional?

¿Quién responde por el fracaso institucional?

Y existe una pregunta adicional que México merece discutir sin caer ni en teorías conspirativas ni en ingenuidades. ¿Por qué Rocha regresa precisamente ahora?

No existe evidencia pública que permita afirmar que su retorno forme parte de algún acuerdo entre los gobiernos de México y Estados Unidos. Sostenerlo como un hecho sería irresponsable. Pero políticamente es legítimo preguntarse si, detrás del súbito enfriamiento del caso en México, existen negociaciones más amplias en materia de seguridad, extradiciones, cooperación antidrogas o manejo de la relación bilateral.

Mientras México dice no encontrar elementos suficientes, la acusación estadounidense sigue existiendo. Y mientras Rocha regresa a Palacio de Gobierno, algunos integrantes de su antiguo aparato de seguridad han enfrentado procesos ante autoridades estadounidenses.

La contradicción es demasiado grande para pedirnos simplemente que pasemos página.

Desde la oposición debemos ser igualmente claros: no corresponde condenar anticipadamente a nadie, pero tampoco corresponde que Morena convierta la presunción de inocencia en un certificado de impunidad política. Rocha puede recuperar el despacho. Puede recuperar el título.

Puede incluso recuperar el control político del gobierno de Sinaloa. Lo que no puede recuperar mediante un comunicado es la confianza perdida.

Porque 112 días de licencia no borran dos años de preguntas, miles de víctimas ni una acusación internacional que continúa abierta.

Rocha volvió al gobierno.

Las dudas nunca se fueron.

POR RICARDO RUBIO

Diputado del PAN en el Congreso de la Ciudad de México

@RICARDORUBIOT

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