Los olvidados de la ruta más mortífera del frente del mar Negro: "Estamos desarmados y sólo intentamos ganarnos la vida"

Los olvidados de la ruta más mortífera del frente del mar Negro: "Estamos desarmados y sólo  intentamos ganarnos la vida"

El mar Negro se ha convertido en la vía marítima más peligrosa del mundo para cientos de marineros que, atrapados en los ataques con drones de Rusia y Ucrania, continúan navegando con barcos oxidados sin seguros, sin protección y, en muchos casos, sin salario. La escalada de violencia de este verano en el mar Negro ha superado incluso la crisis del Estrecho de Ormuz, con más de 50 buques mercantes atacados y al menos 23 marineros muertos en el mes de julio, la cifra más alta desde el inicio de la guerra, según datos de la plataforma de monitoreo de los trabajadores del mar, Deniz Isçileri.

El grupo está preparando su último informe, en el que denuncia la muerte de más de 40 marineros en estos dos últimos meses. A diferencia de lo ocurrido en 2022-2023, cuando Rusia impuso un bloqueo naval que paralizó las exportaciones ucranianas, la situación actual es mucho peor para las flotas mercantes en la que marineros de Turquía, Filipinas, Azerbaiyán o India, entre otros países, son blanco directo de ataques. "Esta sangrienta política, llevada a cabo tanto por Rusia como por Ucrania para obstaculizar el comercio mutuo, está atacando directamente a los marineros", denuncia a EL MUNDO Onur Özkaya, oficial de guardia en alta mar y miembro de la plataforma Deniz Isçileri. "No contamos con sistemas de defensa adicionales contra drones o misiles. Somos buques mercantes. Todos somos marineros desarmados que simplemente intentamos ganarnos la vida", añade.

La plataforma denuncia en sus redes decenas de casos: el 10 de julio, un petrolero con bandera turca fue atacado por un dron ucraniano en el puerto de Taganrog, en el mar de Azov, desatando un incendio a bordo que hirió al jefe de máquinas, Kadir Kamilçelebi, que murió en el hospital. Nueve días después, un buque operado por una empresa con sede en Turquía fue alcanzado por un ataque ruso en Odesa, hundiendo el barco y llevándose consigo a diez personas.

La red antidrones instalada en el carguero Volgo-Don 5021, cuyos trabajadores iniciaron una huelga.

La red antidrones instalada en el carguero Volgo-Don 5021, cuyos trabajadores iniciaron una huelga.E.M.

La inseguridad en el mar Negro ha golpeado también al comercio, con el 97% de la capacidad de exportación de cereales de Rusia y Ucrania paralizada, según cálculos de Reuters. El precio del trigo ha subido un 6,5% solo en agosto y ya es un 30% más caro que hace un año, lo que amenaza con desencadenar una nueva crisis alimentaria global, especialmente en países que dependen del Programa Mundial de Alimentos.

"A diferencia de hace tres años, cuando Ucrania estaba prácticamente indefensa ante los ataques marítimos rusos, ahora Kiev ha ampliado sistemáticamente su capacidad de drones y misiles y está atacando con éxito las líneas de energía y logística rusas", explica a EL MUNDO Iulia-Sabina Joja, exasesora del presidente de Rumania y actual directora del programa para el mar Negro del Middle East Institute. "Gran parte del transporte marítimo de petróleo en el mar Negro lo realiza la flota clandestina rusa, compuesta por buques antiguos sin seguro que representan un enorme riesgo ambiental y no deberían operar", añade.

Ante esta situación, muchos armadores, para minimizar pérdidas, envían el mar Negro barcos viejos, cuya pérdida no suponga una gran inversión económica. "El mar Negro es un lugar donde operan barcos en pésimas condiciones, con agujeros en sus castos y tanques de lastre, conocidos como sistemas de casco único. Son muy viejos, son chatarra", describe Özkaya. Algunas empresas han cubierto parte del barco con redes metálicas para protegerse de los drones, una medida que los propios marineros califican de inútil. "No creo que hayan podido probar aún su eficacia", sentencia Özkaya.

Esta situación también ha servido de caldo de cultivo para otro tipo de negligencias, como navegar sin seguro o sin pagar a los marineros. Es el ejemplo de Volgo-Don 5021, un carguero de más de 50 años que transportaba grano entre Turquía y Rusia y que fondeó en la ciudad turca de Samsun a finales de julio. Doce de sus tripulantes, azerbaiyanos y rusos, iniciaron una huelga a bordo a mediados de agosto, después de que la empresa propietaria, Cunda Denizcilik, les adeudara 83.000 dólares en salarios.

El estado insalubre del carguero mientras fondean en la ciudad turca de Samsun.

El estado insalubre del carguero mientras fondean en la ciudad turca de Samsun.E.M.

"Ya han pasado cuatro meses esperando: mayo, junio, julio, agosto, ¿Y qué dice el jefe, sabe por qué no nos pagan? Dice que la guerra en el mar Negro ha empezado, por eso no nos pagan", señala a EL MUNDO uno de los marineros en huelga. El trabajador, que lleva ocho años navegando por estas aguas, describe que las condiciones laborales son muy duras e insalubres, pero que han empeorado este verano. "Estamos agotados psicológicamente, muy cansados, todo el personal. Yo tengo hijos, mis compañeros también", explica.

"No hay ningún tipo de protección ni seguros extra por estar en guerra. Nos instalaron una red contra drones, que sigue ahí, rodeando el barco, no nos protege de ninguna manera", denuncia. Ante el anuncio de huelga, la empresa amenazó con rescindir los contratos y abandonar a los trabajadores a su suerte, pero gracias a la presión mediática en Turquía, Cunda Denizcilik cedió y pagó los salarios atrasados. Sin embargo, el caso deja al descubierto el abandono absoluto al que están sometidos los marineros en zona de conflicto.

Otro marinero, que prefiere no decir su nombre, señala a este periódico la dificultad de denunciar la falta de medidas de seguridad a bordo. "Llevamos años trabajando en una zona donde hay minas, se oyen misiles y drones a menudo, pero ahora es mucho peor. Si dejas el trabajo porque una empresa no te ofrece un buen seguro, luego otra no te va a contratar porque sabe que puedes causar problemas", explica.

Por su parte, el capitán Murat Kaya, también miembro de Deniz Isçileri, denunció en declaraciones al diario Birgün la pasividad de los gobiernos de origen de los tripulantes. "Turquía y los estados ribereños del mar Negro guardan silencio en sus relaciones con la OTAN y Rusia. La economía de guerra está llenando las arcas de muchos estados. Los marineros morimos a diario a causa de estas políticas nefastas", advierte. "Estos barcos no deberían ir a zona de guerra, o se deben establecer rutas seguras o que termine la guerra", concluye.