Andrea Dorantes, en la cima de las siete cumbres
Andrea Dorantes no soñaba con recorrer las partes más frías e inhóspitas del mundo cuando era pequeña, al contrario, podía apostar que su futuro estaría en el futbol, deporte que practicó durante su infancia. Sin embargo, con 30 años fue de la Antártida al Polo Sur en 55 días esquiando, convirtiéndose en la primera latinoamericana y en la primera mexicana en lograr esta hazaña.
Sin embargo, la pandemia la llevó a explorar nuevas rutas y travesías, y a partir de ahí se ha convertido en una de las mexicanas más extraordinarias y jóvenes en el deporte extremo. Sabe que ha conseguido lo que pocas a nivel global, y a pesar de que no hay muchas referentes mujeres para el país en este ámbito, está consciente de que su ejemplo puede inspirar a futuras generaciones de mujeres intrépidas.

“Para mí, es una fortuna estar en esta posición donde a lo mejor en un futuro yo le puedo abrir ese camino a más mujeres mexicanas, porque por ejemplo, en la Antártida me tocó ser la primera en hacerlo, pero no creo que vaya a ser la última. Y si yo, de lo que ya he aprendido a través de estos años, puedo ayudar, inspirar, ser parte de algún proyecto, es todo un regalo”, afirmó la que prefiere llamarse a sí misma exploradora por los lugares que le ha tocado conocer.
La incertidumbre del encierro llevó a Andy a querer conocer lugares abiertos, a reconectar con la naturaleza en un contexto en el que estar al aire libre era una de las experiencias más liberadoras con el contraste que ofrecía la inactividad en las calles de la ciudad. Su adaptación fue extremadamente rápida y al poco tiempo ya había subido el Pico de Orizaba, el volcán más alto de México. Quería ir cada vez más arriba, dos años después, a sus veintiséis, estaba llegando a la cumbre del Monte Everest, la más imponente y con mayor altura en la tierra. De repente, ya había estado en siete continentes caminando la montaña más alta de cada uno.

Entre la resistencia de su cuerpo a estar a miles y miles de metros sobre el nivel del mar y hacer la preparación de manera genuina, sus logros la estaban poniendo en el radar, por lo que la siguiente misión era clara: esquiar, en solitario, desde la Antártida hasta el Polo Sur, una travesía de mil 130 kilómetros a recorrer con una duración de 55 días, llegando a la meta el 17 de enero de este mismo año.
“En esta expedición no podía haber margen de error, te equivocas y te puede costar la vida. Tuve que asegurar las mejores herramientas para la ruta y prepararme con los mejores mentores. Todo un reto físico, mental, emocional, porque estás en un lugar donde absolutamente todo es blanco. O sea, no hay una piedrita, no hay una montaña, nada.
A menos 38 grados, a menos 40 y después la sensación térmica cambia porque todo el tiempo hay viento, ráfagas de viento de 137 kilómetros por hora golpeando, muy duro. Reconecté mucho con mi cuerpo porque se tiene que cuidar cada detalle, no podía permitir que una parte del cuerpo se expusiera porque se puede congelar en 60 segundos. Me tenía que alimentar con seis mil calorías diarias, aunque ya no me entrara la comida, pero tenía que hacerlo porque el desgaste es tan fuerte que perdía miles y miles de calorías esquiando entre 10 y 12 horas diarias”.

“Cuando regresé, la vida ya no era la misma. Fueron 55 días de autoconocimiento, de estar totalmente aislada y no ver a más personas, y la mayor reflexión es cómo los problemas que tenemos en el día a día se vuelven insignificantes comparado a lo que enfrenté allá, donde lo único que me importaba era mantenerme con vida. Encontré la paz y tranquilidad que otorga la naturaleza, pero también esa capacidad de adaptación que necesitamos los exploradores para afrontar la aventura, pues siempre suceden cosas que no planeamos y tenemos que seguir hacia adelante”, detalló la alpinista y atleta de alto rendimiento.
Con todo y que Andy sabía desde un principio que el mundo del senderismo, las montañas y las exploraciones es casi en su totalidad de hombres, no dudó en probar sus capacidades y tampoco cargó con el pesó de la expectativa, sus amistades y familiares son el apoyo más importante e incondicional con el que cuenta en cada una de sus aventuras, y también dos referentes que conoció cuando apenas era el inicio, pues aunque no fueran muchas, para ella fueron las más importantes: Karla Wheelock, la primera mexicana y latinoamericana en escalar las Siete Cumbres y Viridiana Álvarez, la primera mexicana y latina en alcanzar la cima de las catorce montañas de más de ocho mil metros. Junto a ellas, el nombre de Andrea Dorantes ya quedó escrito en la historia.

“Mi próxima aventura es llegar a la mayor cantidad de niños, niñas y jóvenes como conferencista”
La cumbre hacia la grandeza
- Andrea es la mujer no. 17 en el mundo en hacer una travesía de la Antártida al Polo Sur en solitario y sin asistencia, la primera de LATAM
- Es la mujer más jóven en subir las Siete Cumbres
- Es la primera mexicana en cruzar Groenlandia de costa a costa (600 km)
- A los 24 comenzó con el deporte y a los 26 subió el Monte Everest
- Es originaria de León, Guanajuato
- Recorrió el continente europeo desde el norte (Noruega) hasta el sur (Portugal) en bicicleta
PAL