Lidia Molina, arquitecta: "No creo que una casa perfectamente ordenada sea la receta para sentirnos mejor. Sería demasiado sencillo"

Lidia Molina, arquitecta: "No creo que una casa perfectamente ordenada sea la receta para sentirnos mejor. Sería demasiado sencillo"

Cuando mezclamos en la misma frase minimalismo y orden en casa, es fácil imaginar espacios blancos, casi vacíos y con muy pocos objetos. Pero para la arquitecta e interiorista Lidia Molina, el minimalismo tiene poco que ver con vivir con lo mínimo y mucho más con elegir qué queremos que forme parte de nuestra vida y cómo queremos vivirla. Y sí, también puede ayudarnos a tener una casa más organizada y fácil de limpiar.

Desde su experiencia como fundadora del estudio Lidia Molina Arquitectura e Interiorismo, ha comprobado que decisiones que parecen puramente estéticas —una buena distribución, un almacenamiento bien planteado o la elección de los materiales— tienen en realidad mucho que ver con nuestra forma de vivir. No hace falta reformar la casa entera ni deshacerse de todo lo que tienes para notar la diferencia: basta con mirar cada rincón con otros ojos. Estas son las nueve claves que explican esa relación entre el orden, la limpieza y lo que la experta llama minimalismo clásico.

Salón con baldas de madera con libros y adornos, sofá beige, lámpara de pie negra, cojines en el sofá© María Mira

El minimalismo no significa tener una casa vacía

Antes de hablar de trucos o de fórmulas, Lidia Molina ataja la cuestión de raíz: "Parece una idea demasiado sencilla, pero a veces intentamos solucionar el desorden sin preguntarnos primero cuánto tenemos. Cuando una casa está llena de cosas, cada una necesita un espacio. Y cuantos más objetos acumulamos, más difícil resulta guardarlos, encontrarlos y volver a colocarlos. Esto no significa que tengamos que vivir con cuatro cosas. Es decir, una vivienda puede estar llena de libros, juguetes, fotografías o recuerdos. La cuestión es encontrar lo que tiene sentido para nosotros. El minimalismo no consiste en contar cuántas cosas tenemos, sino en decidir cuáles merecen ocupar espacio en nuestra casa", explica la arquitecta.

Es, quizás, el primer cambio de mentalidad: dejar de perseguir un hogar vacío y empezar a preguntarse, objeto a objeto, si de verdad tiene un sitio en tu vida. En este proyecto de Lidia Molina Arquitectura e Interiorismo, cada accesorio y elemento lo tiene. 

Dormitorio en suite con armarios blancos hasta el techo © María Mira

Ningún armario soluciona el exceso

El segundo error habitual, según la experta, no está en el armario—como este, diseñado por su estudio— sino en lo que entra por la puerta: "Tenemos una capacidad casi infinita para comprar y, sin embargo, nuestras casas tienen un espacio limitado. La respuesta automática ante el caos suele ser comprar más cajas o añadir estanterías, cuando la pregunta adecuada es otra: ¿de verdad necesitamos todo esto?".

La fundadora del estudio Lidia Molina Arquitectura e Interiorismo lo tiene claro: "El primer paso para ordenar la casa empieza antes de entrar por la puerta. El minimalismo también tiene que ver con consumir de otra manera. Pensar antes de comprar, elegir mejor y aprender a desprendernos de aquello que ya no necesitamos. Porque ningún armario puede solucionar indefinidamente un problema de exceso". 

Salón con grandes ventanales con cuarterones, sofá gris oscuro, butaca de fibras vegetales, alfombra © Bloomingville

Reduce el ruido visual para ganar calma

La tercera clave tiene menos que ver con el orden en sí y más con lo que sentimos al mirar nuestras estancias, como este salón de Bloomingville: "Nuestra casa puede convertirse en otro lugar lleno de objetos casi sin darnos cuenta o, por el contrario, en un espacio donde bajar el ritmo. No creo que una casa perfectamente ordenada sea la receta para sentirnos mejor. Sería demasiado sencillo. Pero sí creo que tiene sentido preguntarnos qué nos transmite el espacio al que volvemos cada día", señala Molina. 

Aparador de madera abierto con vajilla y cristalería en su interior, jarrón y velas en el sobre © Tikamoon

El orden no es el objetivo sino la consecuencia

"Una de las cosas que más cambian la vida cotidiana es muy sencilla: saber dónde va cada cosa. Las mochilas al llegar del colegio. Las chaquetas. Los zapatos. Las llaves. El aspirador. Los juguetes. Los productos de limpieza. Cuando esos espacios están pensados de antemano, recoger deja de ser una sucesión de pequeñas decisiones. Y aquí la arquitectura y el diseño tienen mucho que decir. No me interesa diseñar una casa que solo funcione cuando está perfectamente ordenada. Me interesa que sea fácil volver al orden después de vivirla. La diferencia parece pequeña, pero en el día a día se nota un montón", afirma la interiorista.

Dicho de otro modo: no se trata de recoger más rápido, sino de que la casa esté diseñada para que apenas haga falta recoger. Este aparador de Tikamoon es clave para mantener el orden en el comedor. 

 

Dormitorio en suite con espejo redondo, cestos en el suelo, mueble de lavabo suspendido © María Mira

Adapta la vivienda a tus costumbres, no al revés

El método de trabajo de la arquitecta empieza, precisamente, por observar cómo vive cada familia y crear una vivienda con una decoración personal, como en este proyecto de su estudio: "Antes de diseñar, me interesa conocer qué ocurre realmente dentro de ella. ¿Dónde dejan las cosas cuando llegan? ¿Qué necesitan tener a mano? ¿Qué utilizan todos los días? ¿Qué espacio se queda pequeño? ¿Qué suele acabar siempre encima de la mesa? Con todas estas preguntas podemos llegar a diseñar una casa que realmente esté personalizada y adaptada a las personas que la van a habitar. De este modo, todo el diseño girará en torno a sus necesidades con el único fin de facilitar el día a día", explica Lidia Molina. 

Te recomendamos Seguir leyendo
Salón con sofá blanco, aparador bajo de madera, cuadro en la pared, lámpara de sobremesa blanca, alfombra blanca© Kenay Home

Pocos objetos, pero mejor seleccionados

Aquí es donde el estilo minimalista se aleja más del tópico de la casa vacía, e insiste la arquitecta en que no tiene que ver con comprar menos por comprar menos, sino con hacerlo con más criterio, como muestra esta propuesta de Kenay Home. 

"El minimalismo también puede ayudarnos a recuperar algo que a veces perdemos entre tendencias y compras impulsivas: la capacidad de elegir. No se trata de comprar menos simplemente por comprar menos. Se trata de comprar mejor. Un mueble que realmente nos gusta. Una lámpara que podamos seguir disfrutando dentro de diez años. Una madera que envejezca bien. Un material que tenga sentido en la vivienda. Una pieza que nos acompañe durante mucho tiempo. Aquí es donde entra una de las ideas que para mí son fundamentales en el minimalismo clásico: la atemporalidad", apunta la arquitecta e interiorista.

Cocina blanca y de madera con tira led bajo los armarios superiores, encimera blanca, frutero de bambú © María Mira

Menos cosas es igual a menos mantenimiento

Para Molina, el orden y la limpieza de la casa están mucho más conectados de lo que solemos pensar: "Una superficie despejada se limpia rápidamente. Una superficie llena de objetos necesita primero ser recogida. Y un armario que está completamente saturado dificulta incluso encontrar lo que buscamos. A veces no necesitamos dedicar más tiempo a limpiar. Necesitamos tener menos cosas que limpiar, mover y recolocar. Por eso, el minimalismo no tiene que ver con una obsesión por la casa perfecta. Tiene que ver con reducir pequeñas acciones que se repiten todos los días para facilitarnos el mantenimiento diario de nuestro hogar".

Una idea que debemos usar a modo mantra: menos cosas no es solo una cuestión de estética, también significa menos tiempo dedicado a mantenerlas. Como ocurre en este proyecto de su estudio Lidia Molina Arquitectura e Interiorismo. 

Salón con pared de piedra, sofá con funda gris, lámpara de techo escultura, mesa de centro de mármol© Tine K Home

'Limpia' visualmente, pero también personal y cálida

Quizá sea esta la idea que más le interesa reivindicar a la arquitecta: "Una casa minimalista no tiene por qué ser fría ni impersonal, como la mayoría se imagina. Puede tener libros, fotografías, juguetes, recuerdos de viajes, cuadros, objetos heredados o una colección que nos apasiona. De hecho, creo que una casa debería hablar de las personas que viven en ella. El problema no es tener objetos. El problema aparece cuando hay tantos que todo compite por nuestra atención". 

Ante esto, la experta propone lo siguiente: "Debemos hacer espacio para aquello que sí queremos ver, utilizar y conservar. Y aquí entra mi manera de entender el minimalismo clásico: no se trata de dejar una casa vacía, sino de trabajar con la luz, los materiales, la proporción, la atemporalidad y los objetos adecuados para construir un conjunto armónico y personal". Esta propuesta de Tine K Home derrocha estilo y personalidad.

Office con banco de madera, estantería de madera, mesa de madera, sillas negras, lámpara de techo de fibras vegetales© María Pujol

Una casa 'imperfecta', pero fácil de vivir

La última clave es, para Lidia Molina, la que resume todas las demás: "No creo que una casa tenga que estar ordenada todo el tiempo. Una casa es para vivirla. Lo importante es que, cuando queramos volver al orden, no necesitemos convertirlo en una misión. Ese es, para mí, uno de los grandes valores de diseñar bien una vivienda: ahorrarnos esfuerzo en las pequeñas cosas que hacemos todos los días. Porque al final, la arquitectura y el interiorismo no deberían servir únicamente para crear espacios bonitos. También deberían ayudarnos a vivir mejor en ellos. Y quizá eso sea el verdadero sentido de lo que yo entiendo como diseño: no tener menos por tener menos, sino quedarnos con lo que realmente importa y crear alrededor de ello una casa en la que podamos vivir con calma", concluye la arquitecta.

Estas nueve claves demuestran que el minimalismo no consiste en tener menos por tener menos, sino en decidir con criterio qué merece ocupar un espacio en tu vida, como demuestra este proyecto de Strada Interiors. No hace falta aplicarlas todas a la vez, basta con elegir una y observar, en las semanas siguientes, cuánto cambia la sensación al volver a casa.