Había muchas expectativas por ver el eclipse solar, pero la realidad consiguió superarlas. España vivió este miércoles uno de esos fenómenos difíciles de explicar hasta que se experimentan en primera persona: ver cómo la Luna iba devorando poco a poco el Sol, cómo la luz adquiría colores extraños, muy distintos a los de cualquier puesta de sol, sentir el descenso de la temperatura y esa ligera brisa que se levantó cuando el día comenzó a convertirse en noche fue sencillamente sobrecogedor. Hasta la piel se erizaba al ser consciente de estar ante un momento histórico, un eclipse total que la Península no contemplaba desde hacía más de un siglo. Durante apenas unos minutos, millones de miradas apuntaron al cielo y el fenómeno dejó estampas difíciles de olvidar. Hemos recopilado algunas de sus mejores fotografías y, para quienes se quedaron con ganas de más, la espera será mucho más corta: el 2 de agosto de 2027 España volverá a vivir un eclipse total de Sol y el 26 de enero de 2028, uno anular.
Las imágenes de un eclipse para la historia
Una estampa muy española
El eclipse total de Sol deja una imagen tan espectacular como simbólica: la silueta del icónico toro de Osborne, inseparable del paisaje de las carreteras españolas, recortada bajo un cielo oscurecido mientras la Luna cubre por completo el Sol y deja al descubierto el resplandor de su corona.
La Basílica de Nuestra Señora del Pilar queda prácticamente convertida en una silueta bajo la oscuridad provocada por el eclipse solar. Sobre sus características torres, el Sol aparece cubierto por la Luna en una de las imágenes más impactantes que dejó el fenómeno este miércoles 12 de agosto en Zaragoza.
El eclipse dibuja una espectacular media luna sobre el mar de Sant Antoni de Portmany, en Ibiza, donde la totalidad se alcanzó alrededor de las 20:33 horas. La silueta de un yate y los tonos rojizos del horizonte completan una de las estampas más sorprendentes de una tarde histórica.
La silueta del campanario de la iglesia de Llardecans, en Lleida, comparte protagonismo con el eclipse total de Sol en una de las fotografías más evocadoras de la jornada. La Luna oculta el disco solar y deja tras de sí un intenso resplandor que convierte el cielo catalán en una estampa difícil de repetir.
El Sol, reducido a un fino creciente luminoso, se recorta sobre la costa de Ibiza, teñida por intensos tonos anaranjados. El contraste con las imponentes formaciones rocosas y el Mediterráneo convierte el avance de la Luna en una escena casi irreal, como una postal creada por la propia naturaleza.
Varias personas contemplan el avance de la Luna sobre el Sol desde la costa de Cádiz, convertidas en siluetas ante un cielo completamente teñido de naranja. Una imagen que refleja también la expectación que despertó el fenómeno y cómo playas y espacios abiertos se transformaron en improvisados observatorios para seguirlo.
La costa de Sant Antoni de Portmany se llenó de cientos de personas dispuestas a no perderse uno de los grandes acontecimientos astronómicos del año. Gafas especiales, móviles preparados y miradas al cielo marcaron una tarde en la que residentes y turistas compartieron la expectación ante un fenómeno que llevaba más de un siglo sin contemplarse desde la Península.
Un finísimo creciente rojizo es prácticamente todo lo que queda visible del Sol mientras la Luna avanza sobre él. La fotografía, tomada desde el Parque Forestal de Valdebebas-Felipe VI, en Madrid, captura uno de los instantes previos a la totalidad, cuando el disco solar estaba a punto de desaparecer y la oscuridad comenzaba a imponerse en pleno día.
Uno de los instantes más fascinantes del eclipse: la Luna cubre prácticamente por completo el Sol mientras un último punto de luz emerge con enorme intensidad en uno de sus bordes. Es el conocido como efecto del anillo de diamantes, un fenómeno fugaz que se produce inmediatamente antes o después de la totalidad y que regaló algunas de las fotografías más impresionantes de la jornada.
Un grupo de niños sigue el eclipse desde Aras de los Olmos, en Valencia, protegido con gafas especiales incorporadas a unas originales máscaras caseras. Una divertida manera de disfrutar de un acontecimiento excepcional sin olvidar la recomendación fundamental de la jornada: nunca mirar directamente al Sol sin protección homologada.
El eclipse transforma el atardecer en Port de Sóller, Mallorca, donde el Sol parcialmente oculto por la Luna parece hundirse en el Mediterráneo convertido en una brillante media luna. Los intensos tonos rojizos del cielo completan una de las escenas más hipnóticas que dejó el fenómeno en Baleares.
Cientos de personas se concentran en una zona elevada de Madrid, prácticamente sin dejar un hueco libre, para seguir el eclipse con sus gafas de protección. La imagen resume la enorme expectación que despertó el fenómeno en la capital, donde la ocultación del Sol llegó al 99,9 % en su momento máximo.
La Luna oculta por completo el disco del Sol sobre Sant Antoni de Portmany, en Ibiza, dejando visible a su alrededor el resplandor de la corona solar, la capa más externa de su atmósfera. El paso de algunas nubes por delante añadió aún más dramatismo a uno de los instantes culminantes del eclipse.
Las luces de la ciudad comienzan a encenderse mientras el cielo todavía conserva los últimos tonos del atardecer durante el eclipse. Desde las alturas, las Cuatro Torres y el Obelisco de Calatrava protagonizan esta insólita panorámica de Madrid, donde durante unos minutos la oscuridad se adelantó a la noche.
Sentados sobre una manta en mitad del campo, una familia contempla la totalidad desde Gimileo, en La Rioja, poco antes de la puesta de sol. Una escena íntima que muestra otra cara del fenómeno: la de quienes buscaron un lugar apartado, lejos de las multitudes, para disfrutar juntos de unos minutos que difícilmente olvidarán.
El cielo se oscurece sobre Madrid mientras el efecto del anillo de diamantes brilla sobre la silueta del Pirulí. Captada desde el mirador de la Cuña Verde, la imagen muestra ese fugaz instante en el que un último destello de luz solar asoma junto al disco negro de la Luna, creando uno de los momentos más fotogénicos del eclipse.