Lapari, la playa donde puedes bañarte en el flysch negro de la Costa Vasca (sólo cuando baja la marea)

Lapari, la playa donde puedes bañarte en el flysch negro de la Costa Vasca (sólo cuando baja la marea)

Con unos aires particularmente salvajes, pocos bañistas en sus aguas y un escenario insólito, aparece a un costado del pueblo de Deba –Deva en castellano–, en Guipúzcoa, una playa diferente al resto. Se trata de Lapari, un arenal flanqueado por una de las tres zonas de flysch negro que componen el Geoparque de la Costa Vasca y en la es posible darse un baño cuando baja la marea.

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Los tesoros del norte

Zumaia, Mutriku y Deba, son los municipios que componen el Geoparque de la Costa Vasca, tres villas situadas en la costa central del País Vasco en las que, a lo largo de los 13 kilómetros de acantilados que las separan, aparece una de las formaciones geológicas más impresionantes que existen: el flysch. Con más de 60 millones de años, este paisaje kárstico que habla de la historia de la Tierra a través de sus capas de roca se ha convertido, gracias a su fotogénica belleza y su relevancia natural, en uno de los mayores atractivos de la zona. Sin embargo, cada uno de estos pueblos del Geoparque Mundial de la UNESCO, tiene unas particularidades propias. 

Playa de Itzurun, Zumaia, guipuzcoa, País Vasco© Shutterstock
Playa de Itzurun, en Zumaia.

Mientras Zumaia es conocida por contar con uno de los tramos de flysch más populares a nivel mundial, la playa de Itzurun, además de con la prueba de la extinción de los dinosaurios en la playa de Algorri; Mutriku esconde tesoros de la vida marina del Cretácico Inferior con una de las mayores concentraciones del mundo de fósiles de ammonites gigantes, o lo que es lo mismo, fósiles de moluscos cefalópodos gigantes extintos. En medio de ellos, se encuentra Deba, una villa convertida en parada oficial del Camino de Santiago del Norte, que cuenta con dos de las playas más salvajes del Geoparque, Sakoneta y Lapari (aunque el baño solo está permitido en esta última cuando baja la marea).

Casas coloridas y barcas de pescadores del puerto viejo de Mutriku, Guipúzcoa© Boris Stroujko - stock.adobe.com
Casas coloridas y barcas de pescadores del puerto viejo de Mutriku.
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Bañarse en el flysch negro

El viaje para llegar hasta Deba merece la pena en sí mismo. Ya sea viniendo desde San Sebastián como de Bilbao, su verde naturaleza, el recorrido de su ría o el azul perlado de su mar, inundan el trayecto. Pero es concretamente bajando desde Itziar hasta Deba (N-634), en una carretera serpenteante con unas impresionantes vistas hacia el Cantábrico, cuando, antes de atisbar la villa, aparece desde el acantilado un tramo de playa indómito y agreste. Se trata de la playa de Lapari.

El estuario de Deba, en la desembocadura entre la playa de Hondarbeltz, a la derecha, perteneciente a Mutriku, y la playa de Santiago de Deba, a la izquierda.© Shutterstock
El estuario de Deba, en la desembocadura entre la playa de Hondarbeltz, a la derecha, perteneciente a Mutriku, y la playa de Santiago de Deba, a la izquierda.

Desconocida por gran parte de los turistas, pues la mayoría de los bañistas que se acercan hasta Deba disfrutan de sus aguas en la playa urbana de Santiago, Lapari se encuentra algo escondida. De hecho, bañarte en sus aguas depende especialmente de cómo se encuentre la marea. Y es que, durante la bajamar, cuando el mar se aleja de la orilla dejando al descubierto una zona más amplia de arenal, las playas de Santiago y Lapari se unen para dar lugar a un extenso arenal de casi un kilómetro de largo. Ese mismo recorrido se puede realizar a pie caminando el paseo marítimo del pueblo, que cruza desde la desembocadura del río Deba hasta lo alto del acantilado bajo el que se encuentra el flysch negro.

Flysch en Zumaia, Geoparque de la Costa Vasca, Guipúzcoa© Shutterstock

Para llegar hasta Lapari y darse un baño cuando baja la marea, existen dos opciones. La primera, recorrer el arenal hasta toparse con las inmensas paredes de roca caliza negra que componen el flysch negro. La segunda, llegar hasta lo alto del acantilado en el recorrido que hace el propio malecón y bajar por unas escaleras de piedra hasta tocar la arena. Desde allí, las vistas hacia lo alto se vuelven imponentes. Los estratos de las piedras que parecen haber sido esculpidas a cincel se convierten en un telón de fondo único para el bañista que desde el agua puede admirar miles de años de historia. Así, Lapari se convierte en una de las playas más singulares de nuestro norte, un espacio costero con alto valor geológico, biológico y paisajístico en el que vale la pena zambullirse en los días de bajamar y admirar, mecido entre sus olas, un pedacito de la ruta del flysch desde dentro.

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