Anne Igartiburu, sobre cómo apoyar a los hijos: "No podemos vivir sus vidas por ellos, pero sí podemos hacerles sentir que nunca tendrán que vivirlas solos"

Anne Igartiburu, sobre cómo apoyar a los hijos: "No podemos vivir sus vidas por ellos, pero sí podemos hacerles sentir que nunca tendrán que vivirlas solos"

La reflexión de Anne Igartiburu acerca de la educación de los hijos remueve a cualquier padre o madre. "Acompañar no siempre significa decidir por ellos. Ni evitarles cada tropiezo. Ni asegurarles que todo saldrá como esperan. Acompañar es estar cerca mientras aprenden a elegir su propio camino", dice en un post muy significativo la presentadora, que es madre de tres hijos: Noah (de 26 años), Carmen (de 15) y Nicolás (de 10). La cuestión es que no es fácil hacerlo; no es sencillo dejar que tomen sus propias decisiones cuando se prevé con claridad el obstáculo que les hará tropezarse. ¿Cómo acompañar, entonces, de manera adecuada? Se lo hemos preguntado a Andrés Montero, psicólogo sanitario y director de Ethos Psicólogos, quien parte de la premisa de que es normal que los padres intenten evitarles cualquier tropiezo, puesto que cuesta ver sufrir a los hijos. 

"Sin embargo, si resolvemos constantemente sus problemas, podemos transmitirles, sin querer, que no confiamos en su capacidad para afrontarlos". Y eso tiene consecuencias: podemos generar en el futuro personas temerosas, con poca confianza en sí mismas y a las que les cueste tomar decisiones por esa falta de seguridad, según nos explica Montero. Pero advierte de que eso no significa que haya que desentenderse de ellos ni decirles frases como 'es tu vida, tú sabrás' o, cuando fallen, el típico 'ya te lo dije' o 'no llores, que así es la vida'. El resultado de esto es que posiblemente se acaben convirtiendo igualmente en personas que temen tomar riesgos porque saben que no pueden permitirse fallar.

Anne Igartiburu ayuda a su hija Carmen a lanzar correctamente la bola en una bolera© anneigartiburu
Anne Igartiburu ayuda a su hija Carmen a lanzar correctamente la bola en una bolera

Cómo enseñar a los hijos a tomar las decisiones adecuadas

Anne Igartiburu continúa su reflexión poniendo de manifiesto que, "como madres, padres, educadores y, en definitiva, como sociedad, tenemos una responsabilidad preciosa: darles confianza y herramientas para que puedan tomar sus propias decisiones, incluso cuando sabemos que pueden equivocarse".

La cuestión es cómo darles esas herramientas cuando, en muchas ocasiones, ni siquiera el adulto sabe manejarlas de manera adecuada. Lo que Andrés Montero nos recomienda al respecto es partir de la base, pues lo primero que todo padre o madre debe hacer con sus hijos a tal fin es enseñarles a conocerse a sí mismos: qué quieren, qué necesitan, qué les preocupa y cuáles son sus límites. "Para tomar una buena decisión no basta con pensar en lo que apetece en ese momento; también hay que aprender a valorar las opciones, anticipar las consecuencias y asumir la responsabilidad de lo elegido".

Nuestros hijos aprenden mucho más observando cómo tomamos decisiones, reconocemos un error o cambiamos de opinión que escuchando cualquier discurso

Andrés Montero, psicólogo sanitario y director de Ethos Psicólogos

"Lo segundo es saber acompañar", nos dice. "Acompañar es estar disponibles, escuchar sin juzgar, orientar cuando lo necesiten y sostener emocionalmente las consecuencias de sus decisiones". En la línea de lo que la propia Anne Igartiburu expresa en su post, el psicólogo explica que, si bien podemos advertirles de los riesgos, no podemos garantizarles que todo saldrá bien. "La idea que debemos transmitirles es: 'No puedo vivir tu vida por ti, pero tampoco vas a tener que enfrentarte solo a lo que ocurra. Si algo malo ocurre, aquí estaré para ayudarte a levantarte'".

El tercer paso que recomienda Andrés Montero es el ejemplo. "Nuestros hijos aprenden mucho más observando cómo tomamos decisiones, reconocemos un error o cambiamos de opinión que escuchando cualquier discurso", asegura. "Decirle a un niño o adolescente que no fume porque provoca cáncer de pulmón mientras nos encendemos un cigarrillo, y esperar que dé más importancia a lo que decimos que a lo que hacemos, es casi tan probable como que llueva en las pirámides. Ocurre, sí, pero pocas veces".

Anne Igartiburu tiene tres hijos, Noa, Carmen y Nicolás© anneigartiburu
Anne Igartiburu tiene tres hijos, Noa, Carmen y Nicolás

El valor del camino frente a la meta

Igartiburu habla también de la importancia de "enseñarles que un resultado que no llega a la primera no es un fracaso, que volver a intentarlo también forma parte del camino y que su valor nunca depende de acertar siempre". Una reflexión que al psicólogo le parece muy acertada porque separa el resultado de la identidad. "No conseguir algo a la primera o a la segunda significa que algo no ha salido como esperábamos, no que seamos incapaces ni que valgamos menos".

Andrés Montero recalca algo que hay que desmontar también ese mito de las películas en las que el bueno gana en casi cualquier cosa que se propone a la primera. "Los maestros nacen de la constancia y de saber recuperarse de los fallos". El director de Ethos Psicólogos nos indica que enseñarles esto ayuda a los hijos a tolerar mejor la frustración, revisar qué ha fallado y volver a intentarlo sin vivir cada error como una derrota personal. Y es, además, la base para construir una autoestima menos dependiente de las notas, los premios o la aprobación de los demás.

"Ojo, hay que tener cuidado porque volver a intentarlo no significa repetir siempre lo mismo ni insistir indefinidamente. Si hacemos lo mismo y nada cambia, obtendremos lo mismo", puntualiza. "A veces hay que cambiar de estrategia, pedir ayuda o incluso elegir otro camino. El aprendizaje no está únicamente en conseguir el objetivo, sino también en descubrir qué hacemos cuando las cosas no salen como queríamos".

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La clave es que tengan presente que ese camino no lo harán solos, aunque sus padres ya no les den la mano ni les indiquen qué hacer ni por dónde caminar para llegar al destino buscado. Igartiburu lo explica a la perfección:

“A veces estaremos delante, abriendo camino.

Otras, caminaremos a su lado.

Y llegará un momento en el que tendremos que aprender a quedarnos un poquito detrás… lo suficientemente cerca para que sepan que seguimos ahí.

Porque una de las formas más bonitas de querer a nuestros hijos es esa: confiar en ellos incluso antes de que ellos mismos descubran cuánto pueden confiar en sí mismos.

Darles raíces, darles alas y, sobre todo, ofrecerles ese lugar seguro al que puedan volver cuando lo necesiten.

Con cariño. Con paciencia. Con firmeza. Sin juzgar.

Pase lo que pase. Incondicionales. Y también cuando sea el momento, mostrando nuestra propia vulnerabilidad y dudas.

No podemos vivir sus vidas por ellos, pero sí podemos hacerles sentir que nunca tendrán que vivirlas solos”. 

Acompañar es estar disponibles, escuchar sin juzgar, orientar cuando lo necesiten y sostener emocionalmente las consecuencias de sus decisiones

Andrés Montero, psicólogo sanitario y director de Ethos Psicólogos

En este sentido, el psicólogo Andrés Montero recalca que nuestro papel como padres es escucharles, ayudarles a valorar las distintas opciones y advertirles de las posibles consecuencias, pero, siempre que no exista un peligro importante, también debemos dejar que se equivoquen. "Hay aprendizajes que, por desgracia, no se adquieren en cabeza ajena, sino que solo se consiguen viviendo la experiencia y experimentando sus consecuencias".