La nueva generación de 'royals' monegascas se inspira en sus madres: de Pauline Ducruet recuperando un vestido de Estefanía de hace 23 años a Carlota Casiraghi con un 'vintage' de 1996
Miembro de la realeza o no, rebuscar en el armario de una madre parece ser una experiencia universal. Pauline Ducruet lo ha demostrado en la segunda edición de la Global Gift Gala de Mónaco, celebrada el 9 de octubre de 2026 en el Hôtel de Paris Monte-Carlo, donde apareció con un diseño negro que su madre, la princesa Estefanía, había lucido en el Baile de la Rosa de 2003. Más de dos décadas después, la prenda vuelve a ocupar el centro de una noche especial, esta vez sobre la hija de quien la estrenó. La cita reunió a Estefanía con sus hijos, Pauline, Camille y Louis Ducruet, y con Marie Ducruet, además de Eva Longoria y Alexandra Malena Leclerc. Pero, más allá de la alfombra roja y de su dimensión solidaria, el look de Pauline conecta con una tradición muy arraigada entre las mujeres de la familia Grimaldi: recuperar prendas del armario materno y darles una nueva vida. Carlota Casiraghi y Alexandra de Hannover ya lo habían hecho con diseños de Carolina de Mónaco, demostrando que la herencia de estilo también puede transmitirse a través de la ropa.
Pauline Ducruet: un vestido negro con cristales que vuelve 23 años después
Para la gala, Pauline eligió un vestido largo negro, sin mangas y con tirantes, cuya silueta depurada contrasta con los paneles transparentes adornados con cristales plateados. El brillo dibuja una espiral que recorre la prenda y rompe la continuidad del negro, aportando luz sin necesidad de recurrir a una profusión de joyas o a una ornamentación excesiva. Un chal negro completaba el conjunto, manteniendo la sobriedad de una propuesta de noche que encaja con el estilo personal de Pauline, diseñadora y fundadora de su propia firma, Alter Designs.
El vestido, identificado como un diseño de Jiki Monte-Carlo, no era nuevo en la familia: su madre lo había llevado en el Baile de la Rosa de 2003. La elección convierte la aparición de Pauline en algo más que un acierto de alfombra roja. En lugar de buscar una pieza inédita, ha recuperado un vestido con historia familiar y lo ha llevado a una gala en la que compartía protagonismo con Estefanía.
Estefanía de Mónaco y el Baile de la Rosa de 2003
El vestido pertenecía al armario de la princesa Estefanía, una de las figuras más singulares de la familia Grimaldi en materia de estilo. En 2003 lo llevó al Baile de la Rosa, una de las grandes citas del calendario social monegasco, que cada año reúne a la familia principesca y a invitados del mundo de la cultura, la sociedad y la moda.
La prenda conserva una estética muy vinculada a la noche de comienzos de los años 2000: el negro como base, la transparencia como recurso sensual y el cristal como elemento decorativo que capta la luz. Su silueta larga y sin mangas mantiene una elegancia sencilla, mientras que los detalles brillantes concentran la atención en el recorrido del vestido.
Carlota Casiraghi recuperó un vestido de Carolina en el Baile de la Rosa
La relación entre las mujeres de la familia Grimaldi y los vestidos de archivo tiene otro ejemplo especialmente memorable en Carlota Casiraghi. En el Baile de la Rosa de 2017, la hija de Carolina de Mónaco apareció con un vestido de alta costura de la colección de otoño-invierno de 1996 de Chanel, que su madre había llevado en diciembre de 2000.
El diseño, confeccionado en terciopelo negro y con detalles de encaje y transparencias, combinaba un escote pronunciado con una falda larga de aire dramático. Carlota lo acompañó con ondas al agua, labial rojo y joyas discretas, un look de inspiración clásica que evocaba el glamour de otra época sin parecer una reproducción literal del look de Carolina. La prenda había sido concebida por Karl Lagerfeld para Chanel, una casa estrechamente ligada a la historia de estilo de la familia.
Alexandra de Hannover y el vestido de Carolina que tenía 34 años
Alexandra de Hannover, la hija menor de Carolina de Mónaco, también ha recurrido al armario de su madre. En enero de 2024 acudió al desfile de alta costura de Chanel en París con un vestido negro y blanco que Carolina había estrenado en 1990 y vuelto a llevar en 1993. El diseño, procedente de la colección de alta costura primavera-verano de 1990, destaca por el cuello blanco, los detalles claros en los bolsillos y las mangas, y las dos hileras de botones que recorren la parte delantera. Frente al look más teatral que su madre había elegido en su primera aparición, con sombrero y guantes, Alexandra lo adaptó a su propio tiempo con medias negras, zapatos de tacón y un bolso acolchado de cadena. La elección fue un homenaje evidente a la historia de la prenda y a la relación de Carolina con la casa francesa, pero también una forma de demostrar que un diseño de archivo puede integrarse en un armario contemporáneo sin perder su identidad. Cuando Alexandra lo llevó, habían pasado 34 años desde la primera aparición pública de Carolina con el vestido.
Una herencia de estilo que va más allá de la ropa
La historia de estos tres vestidos habla de algo más que de la recuperación de piezas vintage. En una familia cuya imagen pública está inevitablemente ligada a la moda, las prendas también funcionan como recuerdos compartidos y referencias entre generaciones. Pauline ha elegido un vestido de Estefanía para una gala solidaria en la que ambas estaban presentes; Carlota y Alexandra, por su parte, han encontrado en el armario de Carolina diseños que conservan su vigencia décadas después de su estreno. A esa herencia se suma la figura de Grace Kelly, cuya elegancia sigue siendo un referente para sus nietas y para la imagen de la familia principesca. No se trata necesariamente de reproducir los looks de sus madres, sino de apropiarse de una parte de su historia y llevarla a un contexto nuevo. A veces, la forma más personal de estrenar un vestido consiste, precisamente, en volver a ponerlo en circulación.







